lunes, 21 de diciembre de 2009

AKAUZAZTE DANOK



El centro neurálgico de actividad de Akauzazte Danok se encuentra en el antiguo matadero de Azkoitia (Gipuzkoa), donde el grupo tiene su local de ensayo así como el estudio de grabación del que han salido sus discos. Desde 1992, siempre trabajando en la oscuridad de las entrañas del matadero, Akauzazte Danok han ido dando forma a sus visiones y pesadillas en forma de música y liberando sus obsesiones más profundas.

“Akauzazte Danok” fue grabado entre 2002 y 2008, años en los que el trío ha estado afilando sus armas en silencio, grabando, re-grabando, elaborando y transformando las piezas de este disco, un trabajo en permanente progreso y metamorfosis que nos ofrece una cara de las muchas que podía haber ofrecido.

Akauzazte Danok continúan avanzando en la propuesta planteada en sus anteriores discos, una música que combina lo primitivo y lo vanguardista, sonoridades industriales, elementos propios del folklore euskaldún así como de las músicas tradicionales asiáticas y africanas, distorsión ensordecedora, inquietantes pasajes acústicos, loops obsesivos y técnicas de manipulación electrónica.

A lo largo de los 59 minutos de duración de “Akauzazte Danok” las distintas capas de guitarras eléctricas y acústicas, los múltiples loops y las diversas estructuras melódicas van evolucionando poco a poco, pero intensamente, y tejen una densa tela de araña que nos atrapa sigilosamente y nos asfixia a cámara lenta. Las texturas que crea el grupo son abrasivas, ásperas, rasposas y duras. Los bloques de sonido se repiten con insistencia y provocan un efecto hipnótico mientras la percusión, de carácter tribal, apuntala el armazón con ritmos contundentes y fuerza salvaje. Un espectáculo de deslumbrante belleza y al mismo tiempo de gran brutalidad; unas composiciones herméticas y difíciles pero al mismo tiempo liberadoras y catárticas.

“Hau beste batek abesteko egiña izan zen” abre el disco con los sonidos de la txalaparta, pájaros y campanas: es la calma antes de la tormenta, un remanso de paz que nos prepara para lo que vendrá después... Poco a poco la canción va progresando y acumulando tensión a través de murallas sónicas y laberintos de ruido mientras las voces recitan el texto, una fórmula para convertirse en brujo o bruja. En el corazón de todas estas composiciones hallamos una enorme fuerza y energía contenida, como un volcán a punto de entrar en erupción, que a veces estallan en explosiones de ruidismo incendiario y pulso primigenio, es el caso de “Gure etxean gaude” o “Bat (2)”. En otras ocasiones, como en“Ezari emanak” o “Badaude”, las atmósferas inhóspitas y misteriosas se desarrollan con paciencia, creando un mantra sónico de melodías disonantes y electricidad estática así como una tensión sostenida que nos sume en el trance más profundo. “Armagedon” concluye el disco en un tono atmosférico-ambiental impregnado de belleza mórbida y amenaza sutil, supurando texturas electrónicas anestesiadas e insondables, dando paso al sonido de la txalaparta una vez más, cerrando así el círculo que se abrió al inicio del álbum.

“Akauzazte Danok”, el renacer de Akauzazte en 2009, nos muestra a un grupo en constante tránsito hacia nuevos y desconocidos caminos, incesantemente creando y destruyendo. Una obra que nos sacude con una vibración monolítica, pura, magnética, hermosa, con unas canciones enraizadas en la tierra de la que absorben su energía, conectadas a los ritmos ocultos de la naturaleza y en sintonía con las fuerzas telúricas que alumbran y exterminan al mismo tiempo.

lunes, 14 de diciembre de 2009

John Lee Hooker: "That's my story" (1960)




La ventana está cerrada y a través del cristal el crepúsculo da lugar a la noche. Las estrellas brillan, pero no sólo en el cielo. Esta es mi historia.
La madera cruje ligeramente con cada uno de mis pasos, la escasa iluminación de la vela de aceite llena la habitación de sombras alargadas y claros que hacen brillar estrellas en el metal de mi guitarra.
La recojo con mis manos y mis dedos tocan sus cuerdas como si de una teoría del universo se tratara. La práctica ya la sé, lo he hecho tantas noches, cantar soledad y tocar blues.


lunes, 30 de noviembre de 2009

Black Flag: "My War"




Cuando un grupo encuentra una fórmula con la que se siente cómodo y la gente responde, la mayoría deciden seguir esa misma onda, intentando sacar el máximo provecho al asunto. Básicamente estos grupos se acomodan, volviéndose mediocres y cobardes al cabo de poco tiempo. No hay problema, es una opción respetable. En cambio, hay grupos valientes que deciden tomar nuevos caminos, a pesar de que saben que su público antiguo seguramente les acusará de vendidos y traidores y de que tendrán que pasarse mucho tiempo justificando su decisión y aguantando críticas negativas. El caso de Black Flag es uno de esos ejemplos de un grupo que decide no adherirse a ninguna norma y darle un giro estilístico radical a su obra, algo que causó una tremenda polémica e hizo que muchos de sus fans le diesen la espalda el grupo, unos por no entender su propuesta y otros porque consideraban que habían traicionado la base de su sonido al abandonar las raíces del hardcore más auténtico.

Tal polémica se inició en 1984, cuando Black Flag editaron su segundo álbum, “My war”. En aquella época eran uno de los puntales del hardcore americano, un grupo admirado y respetado, con una creciente base de seguidores. La mayoría de ellos esperaban la continuación de su clásico debut, “Damaged”, pero la sorpresa que se llevaron fue tremenda. En vez de seguir las coordenadas de su primer disco, Black Flag optaron por darle un giro considerable a su música, ya que pensaban que se estaban volviendo predecibles y no querían acomodarse en su éxito.
“My war” es un disco que combina la violencia y mala hostia de “Damaged” pero le añade ecos de Black Sabbath y los Stooges, mezclando el hardcore con el punk y el metal (algo inaudito en aquellos años) con predominio de frecuencias graves, rimos lentos y letras muy cargadas emocionalmente, girando alrededor de conceptos como odio, frustración, ansiedad, paranoia, alienación, fracaso, rechazo y relaciones personales nocivas. En una época en la que la mayoría de grupos hardcore querían tocar canciones rápidas con letras comprometidas a nivel socio-político, Black Flag optaron por componer temas lentos y escribir letras mucho más crudas y personales, canalizando toda la rabia y depresión post-adolescente a través de un sonido feroz y salvaje.

El disco se abre con el tema que le da título: “My war”, mi guerra, una guerra del “yo” contra el mundo, un “yo” que ha sido herido, traicionado y humillado y que ahora hace su camino en solitario como el águila Nietzscheana, sin confiar en nadie y rechazando cualquier ayuda. La interpretación vocal de Henry Rollins ya impone sus condiciones desde el primer minuto: rabia, violencia, frustración, una voz desgarradora, gritos inhumanos, un hombre vaciándose, sacándolo todo, consciente de que ha tocado fondo en su vida, rugiendo con una voz que le viene del estómago, una auténtica fuerza de la naturaleza, sólo hay que ver videos de aquella época para darse cuenta. Una interpretación cercana al psico-drama que lo emparenta con lo que por aquellos años también estaban haciendo gente como Michael Gira con los Swans o Nick Cave con The Birthday Party.

La cara A del disco ofrece una serie de temas que todavía recogen el eco de “Damaged”, medios tiempos brutales, de esos que echan chispas, con un grupo perfectamente engrasado y en forma, pero con un sonido más grave, sucio y espeso que en su debut. Pero es en la cara B donde el grupo se suelta y ofrece tres temas de seis minutos (duración impensable para el oyente hardcore medio de aquella época), con un sonido gravísimo, pantanoso, lento y extremadamente tenso, adelantándose en años al doom y al sludge, e influyendo seriamente en grupos como los Melvins, Saint Vitus e incluso Unsane y Nirvana. Es aquí donde el grupo ofrece su versión más radical y extrema, algo curioso porque muchos de sus fans les acusaron de haberse vuelto comerciales, cuando lo que ocurrió fue justo lo contrario. “Nothing left inside”, “Three nights” y “Scream” son un auténtico infierno sonoro de temas lentos y arrastrados, guitarras graves y disonantes cortesía de Greg Ginn, y la desgarradora voz de Rollins. Su particular descenso al infierno nos va sumiendo en profundidades de depresión y colapso nervioso, delimitando un paisaje de alienación y desolación emocional a través de unas torturadas, opresivas y durísimas letras que Rollins vomita con una virulencia pocas veces vista en la historia del rock and roll. Un ejercicio catártico que realmente intimida: es el espectáculo de un hombre abriendo su corazón y sus entrañas, en carne viva, sin efectos especiales y sin esconderse tras ninguna parafernalia estética, caminando hacia un abismo existencial, exponiendo sus miedos, neurosis y frustraciones. Sonido deprimente pero terapéutico y liberador. Mejor quedarse en casa escuchando esto que salir a la calle a pegar tiros y a ajustar cuentas.

“My war”: una auténtica biblia de la misantropía, un disco para esos “días especiales”, una experiencia sonora peligrosa, difícil y agotadora, pero necesaria para purificar nuestra mente y nuestro cuerpo. Entre la lucidez y la locura, caminar por la cuerda floja de estas canciones sigue siendo un ejercicio fascinante.

A continuación hagan el favor de darse el gustazo con esta interpretación absolutamente gloriosa de “Three nights”.

martes, 17 de noviembre de 2009

Miles Davis "In a silent way" (1969)


Reseña por Blackdecker

Si hay una capilla sixtina de esto del jazz, "In a silent way" puede significar algo muy cercano. Como siempre vampírico, Davis se lleva consigo a lo mejor de la nueva escena, desde John McLaughing a Wayne Shorter (para hacer las funciones de Coltrane) pasando por Corea, Hancock, Tony Williams, Joe Zawinul y Dave Holland. Como siempre rompedor, Davis electrifica y rompe con lo acústico en su particular viaje astral a otros mundos que le eviten la agonía. La lectura sigue siendo la misma, diálogos entre instrumentos e interpretes, una base que camina hacia terrenos desconocidos, sólo el jefe de la tribu tiene el mapa, o conoce el sendero. El resto del personal, tras sus pasos, confiados de llegar a buen término. No es un territorio tangible, es una nube la que atraviesan con sus sustancias y temores envolviéndolos. Belleza, intriga, incertidumbre. A lo lejos se oyen las sirenas, llamándolos. En el mascarón de de esa nave, el capitán hace sonar su cuerno, apartando telas invisibles a su paso. Como un emperador regresando a casa. Con corona de laurel y cetro. Al centro del universo, de una historia que es ya para toda la vida.


martes, 3 de noviembre de 2009

Jackie-O Motherfucker: "Valley of fire" (2007)


Unos verdaderos maestros que saben que en la música sugerir puede valer más que enseñar y evocar que ver. Estimulan la imaginación del oyente en el periodo de gestación del “Sing Your Own Song”, y van tomando forma humana en las siguientes “Valley of Fire” y “The Tree”. El resultado es tremendamente orgánico y cálido, como radiado desde el útero materno. Finalizamos con We Are / Chanel Zero, donde el cambio a un nuevo medio desconocido resulta tan desconcertante y doloroso como el del neonato en un parto.

miércoles, 21 de octubre de 2009

AGHAST “Hexerei im zwielicht der finsternis”

“Hexerei im zwielicht der finsternis” fue el único disco que en 1995 grabaron el dúo compuesto por Andrea "Nebelhexë" Haugen y Tanja "Nachthexe" Stene, dos hembras noruegas relacionadas con círculos de brujería y ocultismo en su país natal y que nos ofrecieron una enigmática y misteriosa obra en la que sonidos oscuros y fríos se combinan con saberes arcanos y rituales olvidados.
Oscuridad, soledad, aislamiento, brumas, niebla, lluvia, frío, viento, densos e inhóspitos bosques, la violencia de la naturaleza, ritos ocultos, aquelarres degenerados, danzas paganas en la profundidad de la noche, estas son las imágenes que el dúo conjura a través de su música, una música que, en sus propias palabras, “trata de la cara oculta de la naturaleza, de los deseos y fantasías más macabras, temas que el público medio rechaza debido al temor o a la ignorancia”. El arte de Aghast invoca sombrías e insondables imágenes en nuestro subconsciente más profundo, removiendo los cimientos de nuestra arquitectura mental para sacar a la luz sensaciones y visiones aletargadas por el vacío en el que nos vamos hundiendo generación tras generación.
En este disco no hay “canciones”: lo que encontramos son composiciones de carácter ambiental y atmosférico cercanas al dark ambient más tenebroso y espectral pero también ecos de la música ritual y cantos relacionados con plegarias e invocaciones paganas.
Los temas son de carácter claramente minimalista: las sencillas estructuras se repiten insistentemente, con paciencia y sabiduría, acolchadas a base de teclados glaciales, neblinosos y difuminados, sonidos envolventes que flotan en atmósferas narcóticas de eco y delay, fantasmagóricas apariciones de un violín disonante y alguna incursión en las percusiones de carácter ritual.
El sonido es absolutamente lo-fi, sucio, granítico y cavernícola, dando así un aire arcáico y primitivo que aumenta la autenticidad del disco.
Nebelhexe y Nachthexe usan diversos tipos de registros vocales en cada composición: susurros inquietantes, gritos desgarradores, plegarias inductoras al trance, rezos histéricos, de acuerdo con lo que cada canción exige, ya que todas ellas son distintas y su atmósfera peculiar requiere una interpretación vocal apropiada para así lograr el máximo efecto. Esta es una de las particularidades de este disco: cada pieza es diferente a las otras, crea una atmósfera única y responde a necesidades emocionales específicas, siempre dentro de la oscuridad que las caracteriza. A pesar de esta heterogeneidad, el disco suena como un todo perfectamente integrado, un viaje de macabra y perturbadora belleza, una pesadilla obsesiva y terminal.
Lo último que se oye en el disco es un amenazante aviso: “This is just the beginning”, esto es sólo el comienzo... El aviso quedó ahí, ya que hasta ahora el dúo no ha vuelto a sacar discos, pero esperaremos con impaciencia hasta que su amenaza se vuelva una realidad y su maldición vuelva a extenderse por el mundo.

martes, 13 de octubre de 2009

ZU - Carboniferous (2009)



Reseña por Blackdecker.

En las catacumbas está pasando algo. Algo desagradable a tenor del rugido infernal que escapa de sus tuberías. Mala leche, sed de venganza, quebranto de huesos y empujones. El submundo se dispone a ocupar su sitio, a volver a la superficie y desplazar a todos esos llorones que chillan como ratas cuando se ensucian con porquería. Pues se van a enterar esos que visten de blanco. Las catacumbas han tomado una decisión de la que no van a poder volverse atrás. Nos incumbe a todos, a los que estén con ellos y a los que no. Pronto oiremos el crujir de sus motosierras partiendo cuerpos, sus lanzas térmicas fundiendo resistencias, los goterones de cera manchando paredes. El demonio y su vocoder nos irá durmiendo con una nana terrorífica, hasta despertar en el infierno. Desde las catacumbas nos avisan y avisan, que estemos preparados. Ni por esas; nos pillaran con los pantalones bajados, sollozando por nuestros ángeles guardianes. No les busquen, hasta éstos se habrán cambiado de bando.

Zu ,Soulolympics.




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