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lunes, 18 de febrero de 2013

NECROPOLIS



Hace poco estuve leyendo un artículo sobre la ciudad fantasma de Pripyat y las secuelas del accidente de la central nuclear de Chernobil. Las fotos eran realmente estremecedoras: edificios abandonados donde la naturaleza y los escombros campan a sus anchas, norias oxidadas en parques de atracciones vacíos, escuelas donde los libros todavía permanecen abiertos sobre las mesas... Un paisaje apocalíptico de ruinas, hierro y desolación que el ser humano no podrá volver a pisar hasta dentro de más de 20.000 años debido a los altísimos niveles de radiación. Estas imágenes y sensaciones me acompañaron durante unos días, y curiosamente durante este tiempo sentí la necesidad de volver a escuchar “Necrosphere”, el único disco que los rusos Necropolis grabaron allá por el año 2003 y que con el paso del tiempo se ha convertido en una auténtica joya en el panorama del ambient más oscuro y siniestro. Necropolis era un proyecto originario de Siberia, un lugar cuyo clima y naturaleza tan extrema es propenso a la aparición de proyectos tan interesantes en la escena dark ambient como este (y como otros de los que ya hablamos en un artículo anterior: http://famzine.blogspot.com.es/2011/09/ad-lux-tenebrae.html). “Necrosphere” capta a la perfección esa atmósfera apocalíptica y desolada a la que hacía referencia anteriormente: esas andanadas glaciales de teclados, ese frío viento siberiano, los drones sostenidos oscilando entre olas de electricidad estática, los ecos y reverberaciones de fábricas abandonadas, el sonido de trenes sobre raíles avanzando por paisajes inertes, emisiones no identificadas que provienen de satélites lejanos... Las dos piezas que componen este disco fueron grabadas en diversos silos abandonados donde se guardaban misiles durante la época de la guerra fría y después manipulados y regrabados en el estudio, así que el sonido es rico en ambientes ultra-profundos y densos y en sonidos de naturaleza post-industrial, así como en sugerentes y misteriosos field recordings que aumentan la sensación onírica y visual de los temas. La atmósfera es melancólica y desolada, transmitiendo una bellísima sensación de abandono y soledad, como un paseo nocturno por las calles de Pripyat, donde sus muertos continuan hablándonos a través de esta música. Escuchar este “Necropolis” es sin duda una experiencia fascinante y un viaje por los rincones más oscuros de la sociedad post-industrial.  

lunes, 17 de septiembre de 2012

EL CIELO NÚMERO 20



El Cielo Número 20 son un dúo de Castellón formado por Sergio Ibáñez y Javi Sanz, ex-miembros del seminal grupo Ebria Danza, mártires del romanticismo más exaltado de principios de los 90. Bajo el nombre de El Cielo Número 20 se han auto-editado un par de cd's, “Nada sueña” en 2008 y “Amanece sin ángeles” en 2010, moviéndose en las coordenadas del ambient-noise-experimental onírico y psicodélico, navegando en el mar de ruido y esbozando paisajes sonoros de chatarra y hierro oxidado. Recientemente nos reunimos con ellos en su trastero-local de ensayo para charlar sobre la belleza, el ruido, las psicofonías, el caos, el arte carnal, el amor, el miedo y la nada. He aquí un resumen de la conversación.

¿Cómo ha evolucionado vuestro sonido desde los tiempos de Ebria Danza hasta hoy en día?
Fundamentalmente El Cielo Número 20 es más electrónico (aunque Ebria Danza ya lo era en cierta forma ya que utilizábamos caja de ritmos y programaciones). Nuestro sonido actual también es más lineal, bordea el ambient en ocasiones, incluso el Power Electronics de alguna manera (aunque las guitarras y bajos siguen estando ahí). Nuestro enfoque es ahora también mucho más consciente que con Ebria Danza. Intentamos buscar modos de no hacer lo habitual en el rock y buscamos ser personales, algo que siempre hemos pretendido.

¿Sentís algún tipo de afinidad estilística con algún grupo del presente o el pasado?
Siempre nos ha fascinado la música electrónica de los 70, con ese ambiente que creaban y esa sonoridad de los sonidos cósmicos y espaciales, los sintetizadores extremos, así como su estética en general. En ese sentido hay grupos como Cluster que nos gustan mucho, así como la escena krautrock: Can, Neu! y toda esa caterva de grupos que nos parecen maravillosos. Últimamente también nos interesa mucho el Power Electronics y grupos como Throbbing Gristle o Whitehouse. Y además, lo de siempre: la Velvet, Sonic Youth, Suicide e incluso el post-rock de grupos como Tortoise o Mogwai.

En vuestros discos y en vuestra página web se aprecia una fascinación por la basura, la chatarra, la suciedad, los polígonos industriales, parajes abandonados, etc. ¿A qué se debe esto?
En todo residuo, en toda basura, en todo destrozo humano está detrás la gente, sus ideas, sueños, ilusiones, todo eso está ahí, es un extraño ejercicio recordatorio en parte nostálgico y hasta cierto punto enfermizo y de mal rollo. Es algo que fascina a mucha gente, las ruinas o los paisajes degradados tienen un carácter inquietante y misterioso. Hay polígonos industriales y zonas de extrarradio que tienen música, se pueden percibir sonoridades. Los cinturones industriales de las ciudades suenan a música ambient, esa decadencia de la sociedad industrial en este último siglo es algo que nos ha influido a todos los que hacemos este tipo de música.

Vuestra música tiene un cierto componente onírico, visual, casi cinematográfico. ¿Hay algún cineasta que haya influido en vuestro trabajo?
Está claro que el cine es algo que influye a cualquier persona dedicada al arte, lo vemos como algo natural. David Lynch es maravilloso, el cine italiano (Fellini, Antonioni), David Cronenberg y muchos otros han sido una influencia directa en nuestra música. Hay películas que nos marcaron en su momento, como “El corazón del ángel” de Alan Parker o “Hellraiser” de Clive Barker.

¿El ruido es arte?
Por supuesto, sin discusión alguna. Cuando empezamos a tocar hace muchos años nos quedamos extasiados ante lo que se podía hacer con una guitarra eléctrica y sus sonidos, con el sonido en sí, con la electricidad sonora, es algo maravilloso. Para nosotros el ruido es la base: antes de la melodía hay ruido, el ruido es algo que nos rodea constantemente, es algo hiper-real, es la realidad misma. El concepto de ruido es algo indefinido, ambiguo, tiene muchas connotaciones, es algo no claro, no definido, y la ambigüedad y falta de claridad es algo que nos excita muchísimo.

¿La belleza es nazi?
La belleza en sí misma es nazi. La belleza no te permite elegir, es algo que te subyuga, algo que en cierto modo busca todo el mundo, es una imposición que en cierta manera te puede privar de la libertad. El que recibe su dosis de belleza puede quedar anonadado, puede cometer locuras, la belleza que uno siente estéticamente y también en su propio cuerpo es algo que te podría lanzar a hacer cualquier cosa sin pensártelo dos veces.

¿Qué historia se esconde detrás de vuestra canción “En la rambla matadero”?
La rambla vora riu es un lugar en las afueras de Castellón donde a veces iba a jugar de pequeño. Hace un tiempo volví por allí y ese lugar me trajo sensaciones de mi niñez, tuve una extraña sensación de nostalgia y de encontrarme con algo que hacía tiempo no encontraba. Por otro lado está la historia de un asesino de Castellón llamado Joaquín Ferrándiz, que dejó algunas de sus víctimas en aquella zona. Todo eso se nos tradujo en la cabeza y nos dio un chispazo, un relámpago interior, y de ahí salió la letra, que podía ser una historia basada en los restos de los pensamientos de un asesino en el trasfondo de un sitio de juegos infantiles. Además es un paraje bastante degradado en las afueras de la ciudad, rebosante de suciedad, con unas torres de luz eléctricas donde se oyen ruidos maravillosos y sonoridades que intentamos reproducir en la canción.

¿Y qué hay detrás de otra de vuestras piezas como es “Al mar de ruido”?
“Al mar de ruido” sería como una declaración de intenciones para expresar que la belleza es lo que nos mueve a todos. Es también la declaración de nuestras intenciones vitales, de intentar encontrar la belleza de la manera que nos parece más correcta, de expresar nuestra visión de la vida, el caos que es la existencia en sí, la belleza que es la vida más alocada, con todo lo horrible y lo bello que contiene a la vez, con ese punto de inquietud emocional que siempre baña un poco todo lo experimental y lo que se aparta un poco de los cánones más habituales del arte, aunque nosotros no somos artistas, si acaso somos ruidistas.

Durante estos años que lleváis con El Cielo Número 20 no habéis hecho conciertos, así que la gente sólo puede contactar con vosotros a través de la red. ¿Qué tipo de relaciones virtuales habéis establecido en este tiempo?
No nos interesan las redes sociales en sí, pero empezamos con el myspace hace unos 4 o 5 años ya que una gente de México, como Edgar Torres (del grupo Visor) o Jacobo Antártida (con su sello discográfico Antártida Records) en cierta manera nos animaron a hacerlo y ha sido una manera de ofrecer nuestra música de manera sencilla a las personas interesadas en ella. A través de la red también hemos contactado con otras personas como por ejemplo tu fanzine La Fam y con un proyecto de Valencia llamado Alozeau, cuya propuesta en el género del ambient es sencillamente magistral.

¿Qué encontraremos cuando lleguemos a ese cielo número 20?
El nombre del grupo está influido por la numerología: el número 20 significa cambio, algo que queríamos expresar al iniciar un nuevo proyecto distinto al de Ebria Danza. ¿Y qué encontraremos cuando lleguemos allí? Ruido, obsesión, transexualidad, la nada...

¿Algo más que quieras añadir?
Tu labor crítica es excepcional, y La Fam es un fanzine muy recomendable para mentes inquietas y no tan inquietas. Esperemos que continúes con tu fanzine ya que hay que seguir haciendo lo que a uno le gusta.

Podéis escuchar este maravilloso estruendo aquí


viernes, 29 de junio de 2012

Mariolina Zitta & Alio Die: "La sala dei cristalli" (2010)



Mariolina Zitta es una investigadora sonora que lleva años estudiando lo que ella llama “música de los orígenes”, es decir, objetos y sonidos relacionados con la naturaleza y con la pre-historia del ser humano. Su interés por la espeleología la llevó a interesarse también por las riquísimas sonoridades que se pueden generar en cuevas (en discos como “Perle di grotta – La musica delle stalattiti” de 1999) así como los sonidos de los murciélagos (que grabó en el disco “Concert for Bats, voices and natural sounds” de 2007).

Cuando surgió la posibilidad de grabar un disco con Alio Die (uno de los músicos más fascinantes de la escena ambient-drone) estaba claro que el resultado iba a ser un trabajo digno de escuchar, y así resultó con esta colaboración que ambos grabaron bajo el título de “La sala dei cristalli” en 2010.

Las piezas de este cd fueron grabadas en diversas cuevas en Liguria y Sardinia, recurrriendo principalmente al sonido de piedras, estalactitas, conchas y flautas, así como grabaciones de campo y cómo no, los majestuosos drones a cargo del maestro Alio Die. El sonido del disco es absolutamente orgánico, natural y vivo: se escucha perfectamente el agua cayendo, los ecos producidos por las piedras resonantes y los espacios inmensos en el interior de las cuevas. A pesar de su planteamiento tan básico, las esculturas sonoras que Alio Die y Mariolina Zitta esculpen con sus rudimentarios instrumentos son de una belleza insondable. Obviamente no estamos hablando aquí de “música” ni de “melodía” sino de sonidos, texturas, reverberaciones y atmósferas.

El disco funciona especialmente bien por la noche, en estado de somnolencia: sus sonidos naturales nos van relajando y sumiéndonos en un estado meditativo, haciéndonos descender progresivamente en un itinerario subterráneo hacia grutas y espacios más y más profundos (tanto física como psicológicamente), absorbiéndonos gradualmente hasta hacernos perder la conciencia de lo que nos rodea.

Un disco absolutamente recomendado para los viajeros del sonido.

miércoles, 14 de marzo de 2012

VRESNIT


Cuando se piensa en los orígenes de la música se suelen visualizar imágenes de hombres metidos en cuevas hace miles de años, golpeando piedras, palos y primitivos objetos de percusión, usando caracolas y conchas de mar como instrumentos de viento y profiriendo cantos guturales para espantar sus miedos y venerar a sus dioses.

Sergei Ilchuk ofrece algo así como un retorno a estas musicas primitivas, cavernícolas, ancestrales, combinando reminiscencias atávicas y viajes del subconsciente en su fascinante proyecto llamado Vresnit. Este misterioso artista ruso ha grabado desde el año 2008 algunos de los discos más trascendentales de la escena ambient / drone / ritual más reciente.

Discos como “Kalen Ven”, “Vjuga - Ljet - Duj” o “Tunvet” nos transportan al inconsciente colectivo de esas tribus primigéneas, a cuevas, bosques y montañas desconocidas por el hombre, a paisajes desolados e insondables. Un viaje arcáico y chamánico generado por los instrumentos principalmente acústicos que Ilchuk utiliza, como por ejemplo gongs que crean atmósferas densas e impenetrables, percusiones sencillas y espartanas que sugieren ritmos rituales e hipnóticos, todo tipo de objetos que Ilchuk golpea y raspa transmitiendo así el sabor áspero de la tierra, la madera y el hierro, flautas que suenan como pájaros salvajes, cantos recitados y susurros inquietantes.

Vresnit plasma esta cosmovisión en diversos rituales grabados de alrededor de 40 minutos de duración cada uno, en unos discos cuya presentación, también muy cuidada, ofrece imágenes similares a los dibujos de animales y símbolos que los hombres primitivos dibujaban en sus cuevas. Su aproximación al género del ambient / drone es mucho más primitiva, arcáica e intuitiva que la de la mayoría de grupos de su género: la música de Vresnit no ofrece melodías ni ganchos de ningún tipo a los que aferrarse, no hay sintetizadores ni tecnología. A pesar de ser un sonido muy crudo, simple y de carácter analógico, llama muchísimo la atención la riqueza en las texturas y lo sugerente de sus drones, así como el dinamismo en las estructuras de todos estos rituales. Las masas sonoras intentan transmitir la pulsación del tiempo y las imágenes de nuestros sueños, se puede percibir el aroma de la tierra y el cielo, las notas fluyen y se mueven de manera dinámica y natural, el sonido flota, vibra, avanza y crece, mutando y expandiéndose en reverberaciones y ecos que afectan a diversas partes dormidas en el subconsciente y en nuestra faceta onírica, atavismos subliminales, de forma similar al trabajo chamánico de grupos como Exotoendo, Halo Manash o los primeros Ain Soph.

Así pues el viaje está garantizado, sólo queda dejarse llevar por estos fascinantes sonidos y por todos los ciclos vitales que nos invita a visitar, vida, muerte, renacer, los animales, las personas y la naturaleza, devolviéndonos a tradiciones, leyendas y rituales olvidados por el paso del tiempo.

viernes, 16 de diciembre de 2011

AMON


Amon es uno de los múltiples proyectos del músico italiano Andrea Marutti, miembro fundamental de la interesantísima escena ambient italiana junto a Stefano Musso (Alio Die) y Gianluigi Gasparetti (Oöphoi). Amon grabó una serie de discos clave en el dark ambient de los años 90, desarrollando una obra que combinaba el interés por los sonidos cósmicos y espaciales, el estudio de civilizaciones olvidadas (especialmente la egipcia) y los sonidos ambientales más densos y misteriosos que se conocen. Una discografía reducida y prácticamente imposible de conseguir, un ejercicio de arqueología sonora en la que sumergirse y desaparecer.

En discos como “Amon” (1996) y “Mer” (1999) Amon creó un dark ambient visceral, físico, cuya poderosísima vibración hace temblar las paredes y nos retumba en el estómago y las plantas de los pies cuando se escucha al volumen apropiado. A pesar de que Marutti no utiliza gongs, el efecto es similar al que produce el sonido de un gong, en el sentido de que el impacto no es sólo emocional sino también físico. En otros discos como “El Khela” (1997) o “The Legacy” (1999) Marutti opta por un sonido más sutil y subliminal, sin abandonar la estética dark ambient pero con un enfoque minimalista, investigando en el silencio, los ecos y el reverb, intentando reproducir el sonido de las catacumbas, con sus pasadizos estrechos, húmedos y claustrofóbicos, las partículas de polvo flotando en la oscuridad durante siglos, corrientes de agua subterráneas, piedras cayendo sobre el suelo de cavernas nunca exploradas por el hombre.

La propuesta de Amon está dominada por extensas composiciones que abundan en drones esféricos que se repiten y dilatan buscando estados hipnóticos, formando masas sonoras en expansión que oscilan lentamente como satélites olvidados orbitando alrededor de planetas muertos. Las notas se mantienen flotando durante minutos en una especie de mantra electrónico creando así una atmósfera sagrada y ritual propicia para alterar la conciencia y emprender la búsqueda del trance nocturno. Estos sonidos están vivos mientras fluyen de los altavoces y se extienden por la habitación envolviéndolo todo, inundando el espacio con sonidos ultra-graves, frecuencias subterráneas, reverberaciones metálicas y resonancias espectrales. Una música sugerente, que nos hace visualizar formas horribles y bellas simultáneamente, como una fotografía en negativo de un paisaje inerte, haciéndonos sentir la fascinación y el miedo ante el vacío que intuimos en los confines del universo, ante los abismos inexplorados en el fondo de los océanos o ante el espectáculo de una supernova en formación.

viernes, 30 de septiembre de 2011

INGRAM MARSHALL: "Gradual Requiem"

Sentirse perdido, rodeado de espesa niebla, en la costa de un país desconocido. De vez en cuando la niebla se disipa durante unos segundos y nos deja entrever paisajes oníricos e irreales para después envolvernos una vez más. Me siento confuso pero sin miedo, los sonidos que oigo son inquietantes pero también reconfortantes. Esa es la sensación que producen las composiciones de Ingram Marshall incluídas en este cd editado por el sello New Albion.
Estas tres piezas, compuestas a lo largo de los años 70 y 80, nos ofrecen un ejemplo de la visión creadora de Marshall quien, a pesar de venir del mundo más académico de la música contemporánea, en este disco se mueve en ámbitos más intuitivos cercanos al ambient y a las atmósferas etéreas y misteriosas.
Utilizando piano, sintetizador, gambuh (un tipo de flauta de Bali), instrumentos de viento, mandolina, voces y sonidos pre-grabados, Marshall elabora unos paisajes sonoros melancólicos y de gran belleza, en los que luces y sombras se alternan y metamorfosean de manera fluída en medio de atmósferas rebosantes de eco y delay. El hecho de combinar instrumentos acústicos con otros de origen electrónico le permitió ofrecer una paleta de sonidos mucho más rica y variada para así poder satisfacer sus necesidades creativas. El uso del gambuh le añade a su propuesta estética un sabor todavía más exótico y seductor.
Su música no ofrece melodías, ni ganchos, ni clímax, simplemente está ahí, en pleno equilibrio en el espacio, instalada sobre pulsaciones misteriosas, avanzando en lentas mutaciones a través de texturas sonoras que se van solapando y evolucionando, como un océano en movimiento o un satélite gravitando. De hecho, Marshall definió algunas de sus composiciones como “música contínua”, es decir, que no tiene inicio ni final, sino que existe durante un período de tiempo que podía ser minutos, horas e incluso días. Composiciones aparentemente básicas y sencillas pero que van creciendo con sucesivas escuchas, revelando matices, destellos y sensaciones nuevas así como una riqueza y complejidad interna que las hace únicas.
A nivel visual su música es riquísima: los sonidos y los ecos nos transportan a paisajes desolados y misteriosos envueltos en la niebla, sus texturas tan bien estructuradas nos conmueven profundamente a nivel emocional mientras su pulsación arcáica nos hipnotiza y nos mece, llevándonos al umbral del sueño para después soltarnos la mano y dejarnos proseguir nuestro viaje en solitario.

lunes, 5 de septiembre de 2011

AD LUX TENEBRAE

Hay ocasiones en las que te encuentras con ciertos discos que trascenden los límites de lo puramente musical para adentrarse en terrenos trascendentales y cercanos a las revelaciones místicas. Discos que están fuera del circuito comercial y cuyo objetivo no es el entretenimiento ni el usar y tirar habitual en el mercado discográfico. Es el caso de Ad Lux Tenebrae, un grupo siberiano que lleva unos años participando en rituales secretos que después plasman en sus grabaciones sonoras. El grupo está rodeado de un aura de oscuridad y misterio que hace todavía más hermética su propuesta. Sus discos, disponibles en ediciones limitadas, son prácticamente imposibles de conseguir. Sus miembros se ocultan en el anonimato más absoluto. No hay prácticamente información sobre ellos en internet. No hay fotografías. No hay entrevistas. Y todo esto es debido a que el grupo no quiere entrar en el juego de la industria discográfica ni en las convenciones de la música popular ni seguir los valores de la civilización moderna sino que su trabajo está más cerca de los chamanes y exorcistas de diversas culturas, cuyo objetivo es hacernos alcanzar estados de conciencia superiores y ayudarnos a conseguir un mayor conocimiento de nuestra vida interior.


Ad Lux Tenebrae vienen de la ciudad de Ekaterimburgo, en Siberia, y forman parte de una pequeña pero fascinante escena local de grupos dedicados al dark ambient, al drone ambient y a la música ritual, trabajando con grupos hermanos de su misma ciudad como Velehentor y Closing The Eternity, de los que también hablaremos en este artículo.


El disco más antiguo de Ad Lux Tenebrae que tengo en mi poder fue grabado en el año 2002 junto a otro de los grupos legendarios de la escena siberiana: Velehentor. Se titulaba “Dyatlov´s Pass”, obra maestra del ambient ritual-chamánico que incluía 2 extensas composiciones: primero, un tema de más de una hora de duración a cargo de Velehentor y después otro tema de 46 minutos interpretado por Velehentor y Ad Lux Tenebrae, un verdadero agujero negro en el que los drones ultra-profundos elaborados por las dos formaciones nos llevan en un viaje interior hacia lo más oscuro y recóndito de nuestra alma. Velehentor elabora sus drones subyugantes y expansivos con notas que se mantienen en el aire indefinidamente, mientras que Ad Lux Tenebrae utiliza todo tipo de percusiones (hierros, campanas, gongs) y voces que deben tanto a los cantantes guturales de Mongolia como a los monjes Tibetanos. Atmósfera sobrenatural, fría, desoladora, fiel reflejo de los gélidos paisajes siberianos. Uno de los discos más oscuros, intensos y devastadores de las últimas décadas. Insisto, escuchar este disco es una experiencia que va mucho más allá del simple proceso de escuchar música, es un proceso de hipnosis, trance, descenso a los infiernos y purificación espiritual.


La segunda grabación de la que hablaré es del año 2004 y se titula “Nearby Being”. Se trata de una colaboración entre Ad Lux Tenebrae y su grupo hermano Closing The Eternity. En este disco los dos grupos ofrecen una lección magistral de música ritual, hipnosis, drone, con una atmósfera más etérea y caleidoscópica que el anterior “Dyatlov's Pass” y construyendo riquísimas capas de sonido y paisajes de una belleza inquietante. Todos los drones y atmósferas fueron generados con instrumentos acústicos: hierros, campanas, madera, cuencos tibetanos y diversos objetos fabricados por Ad Lux Tenebrae. Las tres extensas composiciones (cerca de 20 minutos cada una) sirven una vez más para la meditación y el viaje interior. Los sonidos, expansivos y acogedores, ascienden hacia la bóveda celestial y nos dejan al borde de un abismo en el que se sugiere que hay algo más allá. Un disco cuyos efectos a nivel emocional y espiritual se dejan notar de manera sutil pero efectiva, su escucha nos hace diferentes cada vez.


El primer disco en solitario de Ad Lux Tenebrae es del año 2006 y se titula “Sketches From That Autumn”, un trabajo no tan oscuro pero sí tan misterioso como los anteriores. Es un trabajo de carácter más explorador y variado, de naturaleza improvisada. El grupo se fue a los Montes Urales en Siberia, a diversas cabañas abandonadas, bosques, pantanos y ríos, y allí, lejos de la civilización, grabó los temas de este disco, improvisaciones de guitarra acústica, arpa, violín, instrumentos caseros, field recordings de sonidos naturales, grabaciones antiguas de música folk siberiana y cantos chamánicos. Cuando escucho este disco puedo sentir en la distancia las fuerzas primigenias de los bosques y montañas siberianas donde estos temas fueron grabados, su espíritu ascético y su vibración chamánica.


El siguiente trabajo de Ad Lux Tenebrae recopila dos rituales celebrados en 2004 y 2008, y se titula “Zov Predkov”. Es un trabajo de carácter ritual y chamánico, repleto de cantos y voces en trance, percusiones manuales y electrificadas, drones primitivos. Música en estado salvaje, indomable, fuera de la civilización, respirando la pureza de abandonados parajes siberianos. Un disco que suena vivo y orgánico, con momentos de intensidad poderosa y pasajes misteriosos y herméticos. Los aspectos mágicos de estas composiciones, así como su atmósfera ritual, lo hacen ideal para acompañar las sesiones de meditación profunda. Su escucha continuada puede provocar cambios imprevisibles en el interior del oyente.


El último trabajo hasta la fecha de Ad Lux Tenebrae es otra colaboración, de nuevo con Closing The Eternity, se trata de un doble cd grabado en 2005 pero publicado en 2010, y que tiene por título “Skywards The Infinity”, disco que profundiza en su anterior colaboración (“Nearby Being”), es decir, texturas sonoras riquísimas, drones hipnóticos, sonoridades flotantes en el horizonte, dark ambient trascendental.


Esta es hasta ahora la discografía de este fascinante proyecto, una música que obviamente no será del gusto de las audiencias mayoritarias pero sí de todas aquellas personas que estén buscando experiencias hipnóticas cercanas al misticismo y a la exploración de realidades interiores poco frecuentadas.

jueves, 17 de marzo de 2011

YEN POX


El dúo norteamericano Yen Pox son uno de esos clásicos prácticamente desconocidos de la escena dark ambient de los 90. En su época se les llegó a comparar con gente como Lustmord, Robert Rich, Thomas Köner y Lull, aunque por diversas circunstancias nunca llegaron a tener la repercusión que tuvieron los mencionados artistas. A pesar de eso, sus escasas grabaciones se convirtieron en objeto de culto.
Sus primeras grabaciones, como el cassette “Yen Pox” de 1993, combinaban los sonidos más oscuros de corte ambiental con elementos ruidistas e industriales, desde una perspectiva casi mística y ritual.
El dúo pulió y refinó su sonido para su obra maestra “Blood music” de 1995, simplificando su propuesta y dejando de lado los elementos ruidistas para centrarse en un dark ambient minimalista, denso y absorbente, creando paisajes húmedos, cavernosos, desolados y oscuros, donde las texturas fluyen libremente sin elementos ni melodías que perturben la escucha.
Sus atmosféricas composiciones se mueven lentamente a través de drones, masas y nebulosas sonoras que conectan con los albores de la humanidad y con los límites del universo, con gélidos vientos estelares, planetas en lenta rotación sobre su eje o mareas subiendo incesantemente.
A pesar del enfoque tan minimalista (una escucha superficial puede dar la impresión de que nada sucede) muchas cosas laten en el fondo de estas composiciones para el viajero experto: sonidos misteriosos de origen desconocido que evolucionan y se metamorfosean majestuosamente, formas que se mueven sinuosamente, capas de sonidos y colores que se unen, entrelazándose y separándose con gran belleza.
La música de Yen Pox tiene un carácter claramente introspectivo: sus oleadas de oscuridad y vibraciones subterráneas afectan a determinadas partes de nuestra conciencia y nuestro aparato receptor, ralentizando las pulsaciones y sumergiéndonos en una dimensión extraterrenal, guiándonos en un auténtico viaje hacia nuestro interior más oculto, hacia zonas desconocidas y prohibidas de nuestro ser.

viernes, 24 de diciembre de 2010

EL CIELO NÚMERO 20: "Amanece sin ángeles"


Me asomo a la ventana y veo un descampado con una hoguera alrededor de la cual yonquis y gitanos de todas las edades se calientan en esta fría noche de invierno. De fondo suena “Amanece sin ángeles”. El cielo número 20 expresan a la perfección la belleza de la decadencia, un romanticismo apocalíptico, de vertedero, de polígono industrial vacío en la madrugada, de fábricas abandonadas y en ruinas, de prostitutas en las afueras de la gran ciudad.

“Amanece sin ángeles” es el segundo disco de este dúo castellonense en donde continúan con su particular universo estético y ahondan en la propuesta de su debut: deconstruyen el sonido Suicide/Spacemen 3, se apropian del krautrock y la psicodelia enfermiza, se adentran en los terrenos del ambient/drone primitivo y sucio, recurren a los samples hipnóticos y el collage desconcertante, profundizando en el ruido y la disonancia, siempre con clase e intención, sin excesos, manejándose a la perfección en ese caos controlado que ya nos ofrecieron en su anterior grupo Ebria Danza. Temas de carácter instrumental en su mayoría, aunque en ocasiones escuchamos inquietantes textos recitados por voces lejanas, difuminadas entre las sombras de la noche.

Es un disco que no es fácil de escuchar, hace falta un estado anímico especial y una predisposición firme, ya que su horizonte sonoro es amplio y heterodoxo. Eso sí, una vez entramos en su mundo, nos seduce completamente y nos regala un viaje nocturno, onírico y surrealista a través de diversos decorados en los que vemos y sentimos múltiples imágenes y sensaciones, en un viaje cerebral y emocional simultáneamente. Un viaje que nos eleva hasta ese cielo número 20 del que llegan estas canciones, un cielo destinado a todos aquellos que somos devotos de la nueva religión cuántica de la chatarra estridente, donde vive nuestra diosa, esa puta sifilítica a la que adoramos.

elcielonumero20@hotmail.com
https://elcielonumero20.bandcamp.com/

lunes, 13 de diciembre de 2010

THE NORTH SEA: "Bloodlines" (2010)



Con el Bloodlines de fondo en mi viaje en tren, observaba el paisaje agreste a través de las ventanas. Poco a poco aparecían las torretas de la luz que se abrazaban unas con otras de forma siniestra con sus cables colgantes. Estas gigantes figuras grises aumentaban su número al llegar a la primera zona poblada, se empezaban a acompañar de los depósitos de agua; esas torres también grises con forma de virus. Continuaba el viaje y la sensación del disco se hacia más evidente; viejos almacenes industriales abandonados con sus cristales rotos. Iba desapareciendo cualquier rastro verde sustituido por el cemento y el gris alquitranado de las carreteras. Finalmente llegamos a la ciudad, el mensaje de The North Sea se estaba aclarando, o más bien oscureciendo: Bienvenido a la Zona Negativa.

jueves, 11 de marzo de 2010

Plotkin / Gutzeit: "Mosquito Dream" (1999)




MÚSICA PARA ASTRONAUTAS MUERTOS Y SATÉLITES ABANDONADOS

Hay veces que los astronautas salen de su nave al espacio exterior y sólo les une un cable. No sé lo que sentiría esta persona si se rompiese el cable y se perdiera en el espacio, gravitando sin rumbo hasta morir debido a la falta de oxígeno, pero estoy seguro que los sonidos que acompañarían esa muerte serían bastante parecidos a los que se escuchan en este disco.

“Mosquito Dream” nació fruto del trabajo que entre 1994 y 1998 realizaron James Plotkin y Brent Gutzeit. El primero grabó una serie de experimentos ambientales con su guitarra (“Guitar Deconstructions” tal y como reza el subtítulo del disco) y le envió sus temas al segundo, quien los manipulaba y deformaba a su gusto con su grabadora de cuatro pistas y su colección de instrumentos electrónicos artesanos hechos a mano para después devolvérselos a Plotkin, que les daba otra vuelta de tuerca y se los volvía a enviar a Gutzeit, que remataba el asunto. Así pues las piezas del disco se iban alejando cada vez más de su punto de partida en este proceso de construir y destruir, tomando caminos imprevisibles y rompiendo guiones pre-establecidos, dando como resultado una música en la que, al igual que ocurre con Main, es difícil identificar los sonidos de guitarra a pesar de que éste fue el instrumento principal. Este trabajo de deconstrucción fue transformando paulatinamente las diversas composiciones que conforman este “Mosquito Dream”, una pequeña joya desconocida del género ambient/drone aislacionista, comparable a Main, Lull, Thomas Köner y similares artistas.

Inquietantes sonidos que oscilan en el horizonte y aumentan y disminuyen de intensidad casi sin que nos demos cuenta, como una nana destinada a provocarnos pesadillas. Sonoridades subterráneas y ecos sepultados bajo sutiles andanadas electrónicas que suenan como estaciones de tren abandonadas. Olas de feedback de baja frecuencia en las que parece que no ocurra nada pero si escuchas con atención ves que hay vida. Las oníricas composiciones nos sumergen en abismos oceánicos (se recomienda traje de buzo preparado para sobrevivir a bajas presiones) y a veces nos transportan a paisajes espaciales muertos y vacíos (con traje hermético de astronauta si es posible). En ocasiones escucho el disco y me da la impresión que los sonidos me alcanzan el inconsciente, como si además de lo que escucho por mis oídos hubiese algo más, una especie de sub-sonidos o frecuencias ocultas que no percibo de manera consciente pero que me afectan a los sentidos de manera subliminal. O igual es que se me va mucho la cabeza.

Su música es oscura pero en absoluto apocalíptica ni asfixiante, al contrario, hay mucho espacio para respirar e incluso llega a alcanzar momentos de belleza considerables, ideal para contemplar el cielo en las calurosas noches de verano.

jueves, 18 de febrero de 2010

ARKTAU EOS




Vivimos una época de saturación a nivel musical en la que nuestros sentidos se encuentran desbordados por tantos discos que aparecen y desaparecen ante nosotros. Muchos de estos discos se nos escurren como agua entre los dedos, sin más. La mayoría de personas los consumen ávidamente como un producto de entretenimiento perecedero, olvidando el orígen mágico y sagrado de la música. Para muchos es un simple proceso consistente en apretar el “play” y después el “eject”, el lapso de tiempo que transcurre en el medio simplemente una excusa para pasar el rato o no aburrirse. Ya casi nadie usa la música con fines mágicos, terapéuticos, como hacían los chamanes, como algo que puede afectar profundamente al oyente y transformarlo, como una herramienta al servicio de nuestro viaje interior y nuestro desarrollo espiritual. Por eso es tan de agradecer el trabajo de un grupo como Arktau Eos, un dúo finlandés de música ritual que desde 2005 viene fraguando una obra que va mucho más allá de lo estrictamente musical para adentrarse en terrenos poco frecuentados en Occidente, explorando frecuencias mágico-sonoras en busca de nuevas y elevadas cotas espirituales.

Grabando en parajes perdidos e inhóspitos de su Finlandia natal, el dúo, siempre rodeado de un aura de misterio y secretismo, recoge sus documentos sonoros para después moldearlos en su estudio-laboratorio, utilizando siempre tecnología analógica para así obtener un sonido más orgánico, cálido y vivo, muy lejos de la frialdad digital que domina gran parte de la música actual. Los sonidos fluyen con naturalidad de una composición a otra, navegando en atmósferas resonantes de eco y reverb, acolchados con drones profundos y frecuencias hipnóticas, acompañados de cantos y plegarias en éxtasis. Sonidos arcanos que estimulan la mente y nos sumergen en paisajes oníricos e irreales, muy lejos en nuestro interior.

Una música que, en las condiciones adecuadas, puede llegar a afectar profundamente al oyente debido a su naturaleza místico-mágica y a la calidad psico-acústica de sus sonidos y vibraciones, intentando alcanzar zonas ocultas de nuestro ser no sólo a través del oído sino también buscando otros canales de comunicación más misteriosos. Para ello, su música requiere atención, soledad, devoción inquebrantable y capacidad de sacrificio, un esfuerzo que, después de numerosas escuchas, trae siempre consigo una recompensa a nivel espiritual. Y es que cada nueva escucha de sus discos siempre es diferente, las composiciones se van transformando y ofrecen nuevas visiones, vibraciones, esencias y aromas, creciendo en nuestro interior. Obviamente, el papel de la intuición y el subconsciente de cada oyente es también fundamental, ya que Arktau Eos canaliza su energía a través de elementos que no son los habituales en el mundo de la música, y esto ya depende de hasta dónde quiera llegar cada oyente y de la predisposición de cada persona.

El dúo cuida hasta el mínimo detalle cada uno de sus discos (ediciones limitadas a cargo del sello Aural Hypnox), tanto la música como la presentación, tomando parte en diferentes rituales antes, durante y después de cada grabación, reflejando en su música las diversas experiencias y viajes que sus miembros han vivido en los últimos años, sumergiendo así su obra en un halo místico que trasciende las fronteras de la música en sí.

Arktau Eos utiliza una variada instrumentación de carácter acústico en su mayoría: madera, huesos animales y humanos, metales, agua, flautas, gongs, diversos instrumentos de cuerda y otros instrumentos llegados tanto de Oriente como de Occidente, ya sea auténticos o fabricados por ellos mismos, todo ello complementado por el harmonium y órganos vintage, lo cual no deja de ser sorprendente porque al escuchar sus discos la variedad de sonidos que crean es riquísima: drones, pasajes ambientales, espirales sonoras, mantras, repeticiones hipnóticas, exploraciones electro-acústicas, cantos rituales, atmósferas contemplativas y serenas, pero espectrales y perturbadoras al mismo tiempo.

Música ideal para ejercicios de meditación trascendental, para el viaje interior y la exploración de zonas desconocidas en nuestro ser. Música tremendamente oscura, pero nunca opresiva sino todo lo contrario, hermosa y catártica, todo depende de la predisposición del oyente, cada persona encontrará en esta música aquello que lleve dentro, ya sea en la superficie o escondido en las profundidades del subconsciente y el olvido. Mucha gente puede rechazar esta música por ser excesivamente hermética y oscura, pero el grupo atribuye estas reacciones a la ignorancia y el miedo, a no tener la capacidad y el valor de cerrar los ojos, mirar hacia dentro de uno mismo y ver todo aquello que no siempre es agradable de ver, nuestra realidad interior.

Discografía:
“Mirrorion” (2006)
“Scorpion Milk” (2006)
“Ai Ma Ra” (2009)

domingo, 10 de enero de 2010

EXOTOENDO



Exotoendo fue un proyecto liderado por el músico francés Cyril Herry a finales de los 90. Su música combinaba elementos del ambient más oscuro, sonoridades industriales y elementos de la música sacra y ritual.
Sólo sacaron un par de cd's: “Endorcism process” en 1998 y “Push Kara” en 1999, además de un cassette en edición limitada titulado “Transept”.
Sus discos fueron grabados en fábricas abandonadas y contenedores metálicos, lo que le confiere a sus trabajos esa atmósfera tan especial, rebosante de ecos, reverberaciones y resonancias misteriosas.
Su instrumentación era muy variada, pero casi siempre de naturaleza acústica: primitivos instrumentos de viento (flautas, piedras y huesos), violín, todo tipo de percusión (desde campanas y gongs hasta maderas, hierros, metales y tuberías), voces que recitan sus plegarias y rezos mientras desde algún lugar remoto se desarrollan con parsimonia inquietantes atmósferas electro-acústicas, ruidos y drones.
Las composiciones son de carácter ritual y chamanístico, los sonidos beben del dark ambient más profundo (Lustmord, Lull, Rapoon, Thomas Köner), de las repeticiones hipnóticas de los chamanes así como del afán de trascendencia y espiritualidad de la música sacra, las prácticas tántricas y los rituales Tibetanos.
Su música buscaba la hipnosis, la sugestión y la curación a través de sonidos primitivos y arcáicos, intentando provocar en nosotros una serie de estados trascendentales de éxtasis y explorando paisajes espirituales yermos y desolados en busca de una regeneración anímica.
Exotoendo están relacionados con culturas milenarias que desde siempre han practicado la magia ritual, la meditación, el trance, los exorcismos chamánicos, los estados de conciencia alterados y las revelaciones místicas, pero lo hacen desde una perspectiva moderna, post-industrial, recurriendo a los sonidos de la decadente civilización occidental y sus fábricas, edificios y máquinas.
Sus raíces eran tanto musicales como espirituales y terapéuticas, pero optando por la versión dura y difícil, nada de new age ni chorradas de relajación, no pretendían ahuyentar nuestros demonios interiores sino convocarlos (“endorcismo”), hacernos atravesar por un proceso ritual de vida-muerte-renacimiento que transformase nuestro ser y nos condujese a un estado de conciencia superior.
Cyril Herry también ha formado parte de otros proyectos como Ashes To Ashes, Lecanora, Ninth Desert, etc, además de encargarse del diseño de los discos del sello Kokeshidisk.

martes, 1 de septiembre de 2009

Natural Snow Buildings "Daughter of darkness" (2009)


Los alquimistas pretendían obtener la piedra filosofal, el oro espiritual, a través de un largo y difícil proceso de destilación y sublimación (martirio) de los siete metales elementales. Un proceso de descomposición y transmutación, acompañado del suplicio del fuego, conduce a la resurrección y perfección de la piedra. La escucha atenta de este trabajo “Daughter of darkness” supone un proceso similar al de los alquimistas, pero esta vez a nivel anímico, emocional y espiritual. Un viaje lejano, muy lejano, hacia nuestro interior (a rincones ocultos de nuestro inconsciente, a sensaciones aletargadas en nuestra alma) y hacia el exterior (excursiones hacia abismos sonoros y vuelo libre por el espacio). Una extenuante travesía en el desierto que nos hace atravesar diversos paisajes así como distintos estados mentales y espirituales. Una obra de dimensiones descomunales: más de 6 horas de música repartidas en 5 cassettes (sólo se editó en este formato, y en edición limitada). Obviamente no todo el mundo está dispuesto a ocupar su tiempo libre en escuchar semejante tipo de artefacto, ya sea por falta de ganas, tiempo o disciplina. Ciertamente impone e intimida enfrentarse a tal propuesta, pero aquellos que lo han hecho y han podido vislumbrar lo que se esconde en los recovecos de esta obra ya saben que la recompensa a tal esfuerzo es increiblemente satisfactoria.


Natural Snow Buildings son un dúo de la Bretaña francesa formado en 1997, y “Daughter of darkness” (2009) es el más reciente trabajo de su prolífica carrera. El dúo combina las sonoridades del folk más heterodoxo (Comus, Third Ear Band, Current 93, Hala Strana, Thuja), el misticismo y el poder seductor de los drones inmensos de los “correos cósmicos” alemanes como Popol Vuh o los primeros Tangerine Dream, los pasajes más espaciales y psicodélicos de Magnog y Flying Saucer Attack así como el aliento épico y los océanos embravecidos de feedback de Glenn Branca o de Godspeed You Black Emperor. Su música suena fluída, natural, espontánea, orgánica, los sonidos de guitarras acústicas y eléctricas crean densos e hipnóticos mantras sonoros, ricos en texturas y meticulosamente elaborados, acompañados por sonidos de sabor oriental, ecos y reverb, percusiones sencillas y primitivas. Las voces y coros lisérgicos transmiten un afán de trascendencia y espiritualidad que impregna cada nota de estas extensas composiciones (entre 20 y 40 minutos la mayoría) donde los crescendos vertiginosos y los clímax de alto voltaje son mantenidos durante minutos y minutos hasta el éxtasis.


Folk ancestral, sexo tántrico, ritos arcanos, lenguajes herméticos, alquimia prohibida, celebración pagana de las diversas etapas materiales y astrales de la vida y la naturaleza, la luz y las tinieblas, el ascenso a los cielos y el descenso a los infiernos de la vida y del amor. Atmósferas misteriosas y absorbentes cuyos caminos se abren para la meditación y el trance, ofreciéndonos múltiples visiones y revelaciones místicas. Canciones que suenan como si hubieran sido grabadas en una cueva hace millones de años, atrapándonos en sus laberínticas estructuras y transformándonos poco a poco, para devolvernos a la tierra seis horas después, cambiados, diferentes. Como ya dijo un antiguo alquimista: “Después de un largo martirio y no menos sufrimientos, heme aquí resucitado, puro e intachable.”




martes, 7 de julio de 2009

Thomas Köner: Teimo / Permafrost (1992-1993)

El “drone” hecho arte.
La repetición como único camino al trance.
Sonidos que se nos escapan.
Silencios que aplastan.
Belleza que hace daño.
Un túnel sin fin.
Ecos en un tanque de aislamiento.
El agua se convierte en hielo.
Las placas tectónicas avanzando milímetro a milímetro durante siglos.
Vestigios de un sueño pre-cámbrico.
La inmensidad del cielo ártico.
El frío que encoge el alma.
El vértigo de los abismos interestelares.
El paisaje inerte de un planeta muerto.
Un cáncer que crece lenta y pacientemente en mi interior.
Retorno al útero de la madre muerta.


miércoles, 4 de marzo de 2009

Mick Harris / Martyn Bates: Murder Ballads



El género de las “Murder Ballads” (consistente en la narración poética de crímenes escabrosos) tiene su origen en países como Inglaterra o Escocia hacia el siglo 16 y tuvo gran repercusión en los siglos 18 y 19. También fue exportado a los Estados Unidos, donde arraigó rápidamente. Las truculentas y morbosas historias no tenían un origen culto y literario sino que provenían de la tradición oral, del folklore y la imaginería popular, y surgían de los estratos bajos de la sociedad, donde se escuchaban con fervor religioso. Las historias han venido cantándose y contándose a través de los siglos, afectando a su estructura pero no a su fondo. Así pues, comprobamos que la fascinación por lo peligroso, por lo ilegal, la sed de sangre, muerte y morbo no es algo que pertenezca en exclusiva a nuestra época sino que es algo que ha fascinado a los humanos durante siglos. La muerte, y en especial la muerte violenta, es algo que simultáneamente perturba y fascina a nuestra psique.
Mick Harris y Martyn Bates decidieron re-visitar este género desde una perspectiva experimental post-moderna y editaron tres discos bajo el título común de “Murder Ballads”: primero grabaron “Drift” en 1994, “Passages” en 1997 y finalmente “Incest songs” en 1998, todos ellos a través del sello italiano Música Máxima Magnética y más tarde re-editados en un triple cd por Invisible Records.
A lo largo de esta trilogía, Mick Harris crea un fondo sonoro basado en drones profundos, glaciales, hipnóticos, desoladores, auténticas oleadas amorfas de electricidad que aparecen y desaparecen orbitando alrededor de un agujero negro, dejando espacio para el silencio y el vacío metafísico. Las referencias a su otro proyecto Lull son inevitables, así como los ecos de Main, Lustmord, Steve Roach o los momentos más atmosféricos y minimalistas de Maurizio Bianchi.
Sobre esta inmensa estructura sónica, Martyn Bates entona melodías basadas en el folk tradicional británico e hipnotiza al oyente con su claro, delicado y hermoso hilo de voz mientras va desgranando sus historias: novios matando a sus prometidas (“The death of Polly” y “The murder of Maria Marten”), infanticidio (“Long Lankin” y “The cruel mother”), relaciones incestuosas que terminan en muerte (“Lucy Wan” y “Sheath and knife”) y todo tipo de pasiones desbordadas, tentaciones fatales, almas atormentadas, sangre, cuchillos, lágrimas, cuerpos enterrados, personajes perseguidos que se ven obligados a auto-exiliarse, miedos ocultos, secretos inconfesables, amargura, crueldad, la obsesión por el pecado, la expiación, el remordimiento... Toda una galería de personajes y situaciones provenientes de la tradición popular y del inconsciente colectivo.
El efecto que producen estas extensas composiciones (entre 12 y 17 minutos de duración cada una) es terrible y hermoso al mismo tiempo: la música es increíblemente oscura y las historias que se cuentan son perturbadoras, pero al mismo tiempo el dúo Harris-Bates construye con afán artesanal una bellísima y narcótica atmósfera, repleta de sugerentes imágenes, ecos, resonancias ancestrales, reminiscencias medievales y vestigios atávicos, uniendo tradiciones culturales lejanas en el tiempo (isolationism, ambient, folk) y creando un nicho que muy pocos hasta ahora se han atrevido a frecuentar.

miércoles, 1 de octubre de 2008

el cielo número 20


El compositor La Monte Young definió algunas de sus obras con el término de “dream music”, una denominación que encaja perfectamente con la propuesta de El cielo número 20: una música de carácter onírico y crepuscular, que se mueve en las coordenadas del ambient noise más experimental, cósmico y psicodélico.

Este duo está integrado por Sergio Ibáñez y Javi Sanz, ambos ex-componentes del mítico grupo castellonense Ebria Danza, quienes tan sólo grabaron un disco y un single en los primeros años 90 pero cuya intensidad, pasión y romanticismo exacerbado todavía se recuerdan por estas tierras.

El cd “Nada sueña” fue grabado entre 2007 y 2008, y sin duda sorprenderá a muchos por la evolución y el giro estilístico que este proyecto supone con respecto a los tiempos de Ebria Danza. El disco se abre con el tema “Barco sueño”, una miniatura electrónica que nos sumerge de lleno en el mundo onírico e irreal de El cielo número 20: las capas de ruido y los bucles sonoros se mueven con fluidez en el espacio, recordando a un océano en movimiento o a los vientos estelares en evolución. A partir de ahí el grupo continua esbozando paisajes y escenarios sonoros de diverso estilo, recurriendo al feedback, al ruido, a los drones, a los acoples, a las repeticiones hipnóticas, a las melodías inquietantes, a imágenes envueltas en la niebla, creando una variopinta propuesta de corte ambiental con muchas capas de sonido, ecos, reverb y texturas electro-acústicas que van evolucionando sutilmente. En otras piezas como “Seres fantásticos”, “Realidad” o “Sucias artistas”, el grupo practica incursiones en la psicodelia más hipnótica e incendiaria y da rienda suelta a los influjos del krautrock a través de ritmos persistentes, guitarras afiladas y distorsionadas.

El pilar fundamental sobre el que se sustenta el duo es el ruido, los sonidos atmosféricos y ambientales, pero sin perder nunca de vista la melodía y la belleza, dos factores fundamentales en “Nada sueña”, un disco que nunca suena frío, estridente ni desagradable sino todo lo contrario: los temas fluyen de manera orgánica, viva, cálida y acogedora. El ejemplo más claro es la canción que cierra el disco: “Al mar de ruido”, una composición de una belleza cercana al éxtasis, donde el ruido, la distorsión y el caos reproducen el fluir de las aguas del mar, un mar en el que nos vemos rodeados de olas de electricidad estática y donde nos dejamos llevar a la deriva sumidos en la atmósfera bellísima, misteriosa, narcótica y balsámica que el grupo elabora con paciencia. Morir ahogado en un mar como este es una bendición, una liberación.

El cielo número 20: navegando en un mar de ruido, creando música desde los sueños, para los sueños.
Mas información en https://elcielonumero20.bandcamp.com/
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