domingo, 10 de enero de 2010

EXOTOENDO



Exotoendo fue un proyecto liderado por el músico francés Cyril Herry a finales de los 90. Su música combinaba elementos del ambient más oscuro, sonoridades industriales y elementos de la música sacra y ritual.
Sólo sacaron un par de cd's: “Endorcism process” en 1998 y “Push Kara” en 1999, además de un cassette en edición limitada titulado “Transept”.
Sus discos fueron grabados en fábricas abandonadas y contenedores metálicos, lo que le confiere a sus trabajos esa atmósfera tan especial, rebosante de ecos, reverberaciones y resonancias misteriosas.
Su instrumentación era muy variada, pero casi siempre de naturaleza acústica: primitivos instrumentos de viento (flautas, piedras y huesos), violín, todo tipo de percusión (desde campanas y gongs hasta maderas, hierros, metales y tuberías), voces que recitan sus plegarias y rezos mientras desde algún lugar remoto se desarrollan con parsimonia inquietantes atmósferas electro-acústicas, ruidos y drones.
Las composiciones son de carácter ritual y chamanístico, los sonidos beben del dark ambient más profundo (Lustmord, Lull, Rapoon, Thomas Köner), de las repeticiones hipnóticas de los chamanes así como del afán de trascendencia y espiritualidad de la música sacra, las prácticas tántricas y los rituales Tibetanos.
Su música buscaba la hipnosis, la sugestión y la curación a través de sonidos primitivos y arcáicos, intentando provocar en nosotros una serie de estados trascendentales de éxtasis y explorando paisajes espirituales yermos y desolados en busca de una regeneración anímica.
Exotoendo están relacionados con culturas milenarias que desde siempre han practicado la magia ritual, la meditación, el trance, los exorcismos chamánicos, los estados de conciencia alterados y las revelaciones místicas, pero lo hacen desde una perspectiva moderna, post-industrial, recurriendo a los sonidos de la decadente civilización occidental y sus fábricas, edificios y máquinas.
Sus raíces eran tanto musicales como espirituales y terapéuticas, pero optando por la versión dura y difícil, nada de new age ni chorradas de relajación, no pretendían ahuyentar nuestros demonios interiores sino convocarlos (“endorcismo”), hacernos atravesar por un proceso ritual de vida-muerte-renacimiento que transformase nuestro ser y nos condujese a un estado de conciencia superior.
Cyril Herry también ha formado parte de otros proyectos como Ashes To Ashes, Lecanora, Ninth Desert, etc, además de encargarse del diseño de los discos del sello Kokeshidisk.

sábado, 2 de enero de 2010

JOHN ZORN: "Astronome" (2006)




Vistan sus mejores galas, ya saben: el capirucho, la bata de estrellas, barba de chivo y demás. Ah, y el catalejo. O un potente telescopio que para el caso, da lo mismo.

Se cogen a Juanito con Mike Patton, Trevor Dunn y Joey Baron. Tres canciones, nomás. 14, 17 y 12 minutos. Las pajas mentales las ponen ustedes.

Noise, bondage, free, hard core. Pero siempre hilado por la mente enferma de Zorn. Tres instrumentos usados al límite, comenzando por la voz de Patton. Increíbles gárgaras y burbujas que harían empalidecer a Pavarotti y demás grandes del bel canto. El bajo de Dunn ofreciendo una gama de sonidos increíbles, sonando de guitarra a cello pasando por máquina de las torturas. La batería de Baron en diferentes afinados pone los clavos de esta locura de ataúd.
Navegando de la placidez al descosido, del remanso al martirio. Ultra visible, disfrutable si uno se deja arrastrar al epicentro de la locura. No hay tiempo de descanso, el cambio asalta a cada vuelta. La inventiva del sonido en cada uno de los matices que trufan la partitura.

A partir de aquí, una mirada más o menos académica ofrece las posibilidades de la interpretación: Que si Antonin Artaud que si Aleister Crowley, que si Edgar Varese. Lo que quieran con tal de darle un valor y un significado. O simplemente una orgía. La manera como atormentar a los vecinos un domingo de mañana, como romper con su pareja y expresarlo sin palabras. Un simpático mensaje navideño en su contestador automático (de 17 minutos).

Lo que quieran.

Un lujo de disco. Mentes incansables que no fallan, no se agotan ni dan un paso en falso. Ni tan siquiera uno atrás. Adelante y a lo que venga. Tal que así es una de sus audiciones. Como salir a la calle, en uno de estos días de luces y buenas navidades. Ya nadie se las da, las sueltan como si te piden la hora, sin esperar que el otro responda. Ni unas malditas gracias.

lunes, 21 de diciembre de 2009

AKAUZAZTE DANOK



El centro neurálgico de actividad de Akauzazte Danok se encuentra en el antiguo matadero de Azkoitia (Gipuzkoa), donde el grupo tiene su local de ensayo así como el estudio de grabación del que han salido sus discos. Desde 1992, siempre trabajando en la oscuridad de las entrañas del matadero, Akauzazte Danok han ido dando forma a sus visiones y pesadillas en forma de música y liberando sus obsesiones más profundas.

“Akauzazte Danok” fue grabado entre 2002 y 2008, años en los que el trío ha estado afilando sus armas en silencio, grabando, re-grabando, elaborando y transformando las piezas de este disco, un trabajo en permanente progreso y metamorfosis que nos ofrece una cara de las muchas que podía haber ofrecido.

Akauzazte Danok continúan avanzando en la propuesta planteada en sus anteriores discos, una música que combina lo primitivo y lo vanguardista, sonoridades industriales, elementos propios del folklore euskaldún así como de las músicas tradicionales asiáticas y africanas, distorsión ensordecedora, inquietantes pasajes acústicos, loops obsesivos y técnicas de manipulación electrónica.

A lo largo de los 59 minutos de duración de “Akauzazte Danok” las distintas capas de guitarras eléctricas y acústicas, los múltiples loops y las diversas estructuras melódicas van evolucionando poco a poco, pero intensamente, y tejen una densa tela de araña que nos atrapa sigilosamente y nos asfixia a cámara lenta. Las texturas que crea el grupo son abrasivas, ásperas, rasposas y duras. Los bloques de sonido se repiten con insistencia y provocan un efecto hipnótico mientras la percusión, de carácter tribal, apuntala el armazón con ritmos contundentes y fuerza salvaje. Un espectáculo de deslumbrante belleza y al mismo tiempo de gran brutalidad; unas composiciones herméticas y difíciles pero al mismo tiempo liberadoras y catárticas.

“Hau beste batek abesteko egiña izan zen” abre el disco con los sonidos de la txalaparta, pájaros y campanas: es la calma antes de la tormenta, un remanso de paz que nos prepara para lo que vendrá después... Poco a poco la canción va progresando y acumulando tensión a través de murallas sónicas y laberintos de ruido mientras las voces recitan el texto, una fórmula para convertirse en brujo o bruja. En el corazón de todas estas composiciones hallamos una enorme fuerza y energía contenida, como un volcán a punto de entrar en erupción, que a veces estallan en explosiones de ruidismo incendiario y pulso primigenio, es el caso de “Gure etxean gaude” o “Bat (2)”. En otras ocasiones, como en“Ezari emanak” o “Badaude”, las atmósferas inhóspitas y misteriosas se desarrollan con paciencia, creando un mantra sónico de melodías disonantes y electricidad estática así como una tensión sostenida que nos sume en el trance más profundo. “Armagedon” concluye el disco en un tono atmosférico-ambiental impregnado de belleza mórbida y amenaza sutil, supurando texturas electrónicas anestesiadas e insondables, dando paso al sonido de la txalaparta una vez más, cerrando así el círculo que se abrió al inicio del álbum.

“Akauzazte Danok”, el renacer de Akauzazte en 2009, nos muestra a un grupo en constante tránsito hacia nuevos y desconocidos caminos, incesantemente creando y destruyendo. Una obra que nos sacude con una vibración monolítica, pura, magnética, hermosa, con unas canciones enraizadas en la tierra de la que absorben su energía, conectadas a los ritmos ocultos de la naturaleza y en sintonía con las fuerzas telúricas que alumbran y exterminan al mismo tiempo.

lunes, 14 de diciembre de 2009

John Lee Hooker: "That's my story" (1960)




La ventana está cerrada y a través del cristal el crepúsculo da lugar a la noche. Las estrellas brillan, pero no sólo en el cielo. Esta es mi historia.
La madera cruje ligeramente con cada uno de mis pasos, la escasa iluminación de la vela de aceite llena la habitación de sombras alargadas y claros que hacen brillar estrellas en el metal de mi guitarra.
La recojo con mis manos y mis dedos tocan sus cuerdas como si de una teoría del universo se tratara. La práctica ya la sé, lo he hecho tantas noches, cantar soledad y tocar blues.


lunes, 30 de noviembre de 2009

Black Flag: "My War"




Cuando un grupo encuentra una fórmula con la que se siente cómodo y la gente responde, la mayoría deciden seguir esa misma onda, intentando sacar el máximo provecho al asunto. Básicamente estos grupos se acomodan, volviéndose mediocres y cobardes al cabo de poco tiempo. No hay problema, es una opción respetable. En cambio, hay grupos valientes que deciden tomar nuevos caminos, a pesar de que saben que su público antiguo seguramente les acusará de vendidos y traidores y de que tendrán que pasarse mucho tiempo justificando su decisión y aguantando críticas negativas. El caso de Black Flag es uno de esos ejemplos de un grupo que decide no adherirse a ninguna norma y darle un giro estilístico radical a su obra, algo que causó una tremenda polémica e hizo que muchos de sus fans le diesen la espalda el grupo, unos por no entender su propuesta y otros porque consideraban que habían traicionado la base de su sonido al abandonar las raíces del hardcore más auténtico.

Tal polémica se inició en 1984, cuando Black Flag editaron su segundo álbum, “My war”. En aquella época eran uno de los puntales del hardcore americano, un grupo admirado y respetado, con una creciente base de seguidores. La mayoría de ellos esperaban la continuación de su clásico debut, “Damaged”, pero la sorpresa que se llevaron fue tremenda. En vez de seguir las coordenadas de su primer disco, Black Flag optaron por darle un giro considerable a su música, ya que pensaban que se estaban volviendo predecibles y no querían acomodarse en su éxito.
“My war” es un disco que combina la violencia y mala hostia de “Damaged” pero le añade ecos de Black Sabbath y los Stooges, mezclando el hardcore con el punk y el metal (algo inaudito en aquellos años) con predominio de frecuencias graves, rimos lentos y letras muy cargadas emocionalmente, girando alrededor de conceptos como odio, frustración, ansiedad, paranoia, alienación, fracaso, rechazo y relaciones personales nocivas. En una época en la que la mayoría de grupos hardcore querían tocar canciones rápidas con letras comprometidas a nivel socio-político, Black Flag optaron por componer temas lentos y escribir letras mucho más crudas y personales, canalizando toda la rabia y depresión post-adolescente a través de un sonido feroz y salvaje.

El disco se abre con el tema que le da título: “My war”, mi guerra, una guerra del “yo” contra el mundo, un “yo” que ha sido herido, traicionado y humillado y que ahora hace su camino en solitario como el águila Nietzscheana, sin confiar en nadie y rechazando cualquier ayuda. La interpretación vocal de Henry Rollins ya impone sus condiciones desde el primer minuto: rabia, violencia, frustración, una voz desgarradora, gritos inhumanos, un hombre vaciándose, sacándolo todo, consciente de que ha tocado fondo en su vida, rugiendo con una voz que le viene del estómago, una auténtica fuerza de la naturaleza, sólo hay que ver videos de aquella época para darse cuenta. Una interpretación cercana al psico-drama que lo emparenta con lo que por aquellos años también estaban haciendo gente como Michael Gira con los Swans o Nick Cave con The Birthday Party.

La cara A del disco ofrece una serie de temas que todavía recogen el eco de “Damaged”, medios tiempos brutales, de esos que echan chispas, con un grupo perfectamente engrasado y en forma, pero con un sonido más grave, sucio y espeso que en su debut. Pero es en la cara B donde el grupo se suelta y ofrece tres temas de seis minutos (duración impensable para el oyente hardcore medio de aquella época), con un sonido gravísimo, pantanoso, lento y extremadamente tenso, adelantándose en años al doom y al sludge, e influyendo seriamente en grupos como los Melvins, Saint Vitus e incluso Unsane y Nirvana. Es aquí donde el grupo ofrece su versión más radical y extrema, algo curioso porque muchos de sus fans les acusaron de haberse vuelto comerciales, cuando lo que ocurrió fue justo lo contrario. “Nothing left inside”, “Three nights” y “Scream” son un auténtico infierno sonoro de temas lentos y arrastrados, guitarras graves y disonantes cortesía de Greg Ginn, y la desgarradora voz de Rollins. Su particular descenso al infierno nos va sumiendo en profundidades de depresión y colapso nervioso, delimitando un paisaje de alienación y desolación emocional a través de unas torturadas, opresivas y durísimas letras que Rollins vomita con una virulencia pocas veces vista en la historia del rock and roll. Un ejercicio catártico que realmente intimida: es el espectáculo de un hombre abriendo su corazón y sus entrañas, en carne viva, sin efectos especiales y sin esconderse tras ninguna parafernalia estética, caminando hacia un abismo existencial, exponiendo sus miedos, neurosis y frustraciones. Sonido deprimente pero terapéutico y liberador. Mejor quedarse en casa escuchando esto que salir a la calle a pegar tiros y a ajustar cuentas.

“My war”: una auténtica biblia de la misantropía, un disco para esos “días especiales”, una experiencia sonora peligrosa, difícil y agotadora, pero necesaria para purificar nuestra mente y nuestro cuerpo. Entre la lucidez y la locura, caminar por la cuerda floja de estas canciones sigue siendo un ejercicio fascinante.

A continuación hagan el favor de darse el gustazo con esta interpretación absolutamente gloriosa de “Three nights”.

martes, 17 de noviembre de 2009

Miles Davis "In a silent way" (1969)


Reseña por Blackdecker

Si hay una capilla sixtina de esto del jazz, "In a silent way" puede significar algo muy cercano. Como siempre vampírico, Davis se lleva consigo a lo mejor de la nueva escena, desde John McLaughing a Wayne Shorter (para hacer las funciones de Coltrane) pasando por Corea, Hancock, Tony Williams, Joe Zawinul y Dave Holland. Como siempre rompedor, Davis electrifica y rompe con lo acústico en su particular viaje astral a otros mundos que le eviten la agonía. La lectura sigue siendo la misma, diálogos entre instrumentos e interpretes, una base que camina hacia terrenos desconocidos, sólo el jefe de la tribu tiene el mapa, o conoce el sendero. El resto del personal, tras sus pasos, confiados de llegar a buen término. No es un territorio tangible, es una nube la que atraviesan con sus sustancias y temores envolviéndolos. Belleza, intriga, incertidumbre. A lo lejos se oyen las sirenas, llamándolos. En el mascarón de de esa nave, el capitán hace sonar su cuerno, apartando telas invisibles a su paso. Como un emperador regresando a casa. Con corona de laurel y cetro. Al centro del universo, de una historia que es ya para toda la vida.


martes, 3 de noviembre de 2009

Jackie-O Motherfucker: "Valley of fire" (2007)


Unos verdaderos maestros que saben que en la música sugerir puede valer más que enseñar y evocar que ver. Estimulan la imaginación del oyente en el periodo de gestación del “Sing Your Own Song”, y van tomando forma humana en las siguientes “Valley of Fire” y “The Tree”. El resultado es tremendamente orgánico y cálido, como radiado desde el útero materno. Finalizamos con We Are / Chanel Zero, donde el cambio a un nuevo medio desconocido resulta tan desconcertante y doloroso como el del neonato en un parto.

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