Curioso su caso. Outsiders del mundo outsider. Si alguien apretaba las tuercas, ellos vuelta y media. Arrastrando en su estela al fantasma del Captain Beefheart por aquello de ser el más macho de todos. Su propuesta del 78 iba más allá de lo propiamente provocativo, envolviéndose en multicapas de art-rock, del punk de los sesenta, de la resistencia activa a cualquier flojera estilística que pudieran presentar sus vecinos. Si con The Modern Dance presentaron credenciales de campeón de wrestling musical, con este segundo decidieron que el cinturón del peso pesado no se lo quitaba nada. Si acaso, ellos mismos, después de una noche de lo que fuera. Después de un mal concierto o una fiera discusión interna por aquello de haber flojeado alguno de ellos. No hay rendición que valga, cada corte presupone más tormentos y pesadillas, aunque de vez en cuando nos suelten alguna melodía para que nos relajemos. Para, al siguiente, volver a lanzarse a su particular cama de púas. Así son, o los tomas o los dejas. O encuentras su momento o mejor no lo intentes.
Los viejos chacales nazis eran expertos en sadismo y sufrimiento. Un ejemplo lo encontramos en una de las humillantes prácticas que llevaron a cabo en el campo de concentración de Mauthausen. Antes de ejecutar a algunos de los prisioneros, se les paseaba subidos a un carromato mientras un grupo de presos tocaba alegres canciones de carácter popular con estribillos como “Esperaré tu regreso...” A este grupo de presos/músicos se les conoció como “La Orquesta de Mauthausen”, y es de ahí de donde el italiano Pierpaolo Zoppo tomó el nombre para el proyecto que creó a principios de los 80: Mauthausen Orchestra.
Uno de los puntales más destacados de la escena extrema italiana ochentera junto a Maurizio Bianchi y LXSS, Pierpaolo Zoppo encajaba en la ortodoxia del género Power Electronics que en aquellos años circulaba casi cladestinamente a través de los circuitos de cassettes y fanzines en Europa, especialmente en Inglaterra con gente como Whitehouse, Ramleh y Sutcliffe Jugend.
Mauthausen Orchestra grabó entre 1982 y 1986 una serie de cassettes hoy en día considerados de culto en la escena ruidista: títulos como “Necrofellatio”, “Dedicated to Josef Goebbels”, “Murderfuck”, “Anal Perversions” o “Host Sodomy”, acompañadas de explícitas portadas a base de fotocopias en blanco y negro incluyendo fotos de cadáveres destrozados, líderes nazis y porno duro. Alrededor de estos tres ejes (muerte, violencia, sexo) Zoppo vierte todas sus obsesiones, miedos y fetiches de manera increíblemente virulenta, vomitando sus sencillos textos sobre un manto de ruido, distorsión y saturación electrónica en plan locomotora descarrilando, recurriendo a estridentes sintetizadores lo-fi, paranoicos collages sonoros elaborados a base de cintas, grabaciones manipuladas de todo tipo de sonidos y voces rebosantes de bilis y rabia. La temática es absolutamente nihilista e intolerante, abordando todo tipo de tabús y sin ningún tipo de compromiso. Auténticas aberraciones sonoras, depravación, ruido, aullidos, mal gusto a conciencia para mentes cerriles y cabezas descerebradas como la mía. Ah, y un sentido del humor absolutamente negro y macabro.
Estos trabajos fueron una gran influencia para los cientos de grupos similares que surgieron por doquier en las posteriores décadas, como se puede observar al ver la reedición a cargo del sello italiano Slaughter Productions donde se recopilaban en una caja 12 de los cassettes que Zoppo grabó en los 80. Además de esto Mauthausen Orchestra ha continuado grabando esporádicamente hasta el presente y manteniéndose en activo como uno de los iconos de la escena.
Esta última semana es la tercera que llevo con este disco, desde luego me parece que desconocen el significado de contención: dos horas cuarenta minutos. Las canciones de mayor duración (veinte minutos) siguen en la misma linea de sus dos últimos trabajos, los temas cortos se desgranan en la onda de su The Dance of the Moon and the Sun. ¿Resultado?, quizá el trabajo que mejor representa ambas facetas . Después uno ya puede elegir hacia dónde decantarse para escuchar los anteriores.
Lo que yo me pregunto es lo siguiente; ¿han conseguido un jodido programa de ordenador que siga un excelente algoritmo psicodélico para fabricar estos vuelos de tanta duración en tan poco tiempo? A este ritmo uno podrá elegir escuchar solamente a Natural Snow Buildings a lo largo del año.
MÚSICA PARA ASTRONAUTAS MUERTOS Y SATÉLITES ABANDONADOS
Hay veces que los astronautas salen de su nave al espacio exterior y sólo les une un cable. No sé lo que sentiría esta persona si se rompiese el cable y se perdiera en el espacio, gravitando sin rumbo hasta morir debido a la falta de oxígeno, pero estoy seguro que los sonidos que acompañarían esa muerte serían bastante parecidos a los que se escuchan en este disco.
“Mosquito Dream” nació fruto del trabajo que entre 1994 y 1998 realizaron James Plotkin y Brent Gutzeit. El primero grabó una serie de experimentos ambientales con su guitarra (“Guitar Deconstructions” tal y como reza el subtítulo del disco) y le envió sus temas al segundo, quien los manipulaba y deformaba a su gusto con su grabadora de cuatro pistas y su colección de instrumentos electrónicos artesanos hechos a mano para después devolvérselos a Plotkin, que les daba otra vuelta de tuerca y se los volvía a enviar a Gutzeit, que remataba el asunto. Así pues las piezas del disco se iban alejando cada vez más de su punto de partida en este proceso de construir y destruir, tomando caminos imprevisibles y rompiendo guiones pre-establecidos, dando como resultado una música en la que, al igual que ocurre con Main, es difícil identificar los sonidos de guitarra a pesar de que éste fue el instrumento principal. Este trabajo de deconstrucción fue transformando paulatinamente las diversas composiciones que conforman este “Mosquito Dream”, una pequeña joya desconocida del género ambient/drone aislacionista, comparable a Main, Lull, Thomas Köner y similares artistas.
Inquietantes sonidos que oscilan en el horizonte y aumentan y disminuyen de intensidad casi sin que nos demos cuenta, como una nana destinada a provocarnos pesadillas. Sonoridades subterráneas y ecos sepultados bajo sutiles andanadas electrónicas que suenan como estaciones de tren abandonadas. Olas de feedback de baja frecuencia en las que parece que no ocurra nada pero si escuchas con atención ves que hay vida. Las oníricas composiciones nos sumergen en abismos oceánicos (se recomienda traje de buzo preparado para sobrevivir a bajas presiones) y a veces nos transportan a paisajes espaciales muertos y vacíos (con traje hermético de astronauta si es posible). En ocasiones escucho el disco y me da la impresión que los sonidos me alcanzan el inconsciente, como si además de lo que escucho por mis oídos hubiese algo más, una especie de sub-sonidos o frecuencias ocultas que no percibo de manera consciente pero que me afectan a los sentidos de manera subliminal. O igual es que se me va mucho la cabeza.
Su música es oscura pero en absoluto apocalíptica ni asfixiante, al contrario, hay mucho espacio para respirar e incluso llega a alcanzar momentos de belleza considerables, ideal para contemplar el cielo en las calurosas noches de verano.
Con American Recordings el bueno de Johnny empieza una saga donde se centrará mayoritariamente en versiones y colaboraciones con otros músicos. En este disco aparecen canciones de Kris Kristofferson, Leonard Cohen o Tom Waits entre otros, en los siguientes de la saga lo hará sobre autores tan diversos como Depeche Mode, Nine Inch Nails o Alice in Chains. Lo importante es el resurgir de Cash con este trabajo a mediados de los noventa y el darse a conocer a un nuevo público ávido de artistas alejados de la zona más comercial. Dentro, sólo espera su voz y la guitarra. Algo tiene ya de especial desde esa inquietante portada, hipnotizado por el retrato gótico de J.Cash no puedo apartar la mirada, y él me la devuelve, un ángel negro con su cancerbero que espera pacientemente mi muerte... un escalofrío me estremece la columna que se repite cuando suenan los primeros ecos de su guitarra y junto con su vocalización cavernosa altera mis puntos sensoriales menos susceptibles de ser enervados. Toda una vida parecen recrear estos trece temas, trágicos en su mayor parte pero afrontados con madurez. Nos canta los secretos oscuros que no nos atrevemos a reconocer sobre nosotros mismos, el dolor que podemos provocar en los demás, el suyo propio... Ahora ya no es tan oscura la portada, es Johnny Cash soportando nuestros pecados, el guardián entre el centeno con el cielo detrás. Bienvenido al purgatorio.
Vivimos una época de saturación a nivel musical en la que nuestros sentidos se encuentran desbordados por tantos discos que aparecen y desaparecen ante nosotros. Muchos de estos discos se nos escurren como agua entre los dedos, sin más. La mayoría de personas los consumen ávidamente como un producto de entretenimiento perecedero, olvidando el orígen mágico y sagrado de la música. Para muchos es un simple proceso consistente en apretar el “play” y después el “eject”, el lapso de tiempo que transcurre en el medio simplemente una excusa para pasar el rato o no aburrirse. Ya casi nadie usa la música con fines mágicos, terapéuticos, como hacían los chamanes, como algo que puede afectar profundamente al oyente y transformarlo, como una herramienta al servicio de nuestro viaje interior y nuestro desarrollo espiritual. Por eso es tan de agradecer el trabajo de un grupo como Arktau Eos, un dúo finlandés de música ritual que desde 2005 viene fraguando una obra que va mucho más allá de lo estrictamente musical para adentrarse en terrenos poco frecuentados en Occidente, explorando frecuencias mágico-sonoras en busca de nuevas y elevadas cotas espirituales.
Grabando en parajes perdidos e inhóspitos de su Finlandia natal, el dúo, siempre rodeado de un aura de misterio y secretismo, recoge sus documentos sonoros para después moldearlos en su estudio-laboratorio, utilizando siempre tecnología analógica para así obtener un sonido más orgánico, cálido y vivo, muy lejos de la frialdad digital que domina gran parte de la música actual. Los sonidos fluyen con naturalidad de una composición a otra, navegando en atmósferas resonantes de eco y reverb, acolchados con drones profundos y frecuencias hipnóticas, acompañados de cantos y plegarias en éxtasis. Sonidos arcanos que estimulan la mente y nos sumergen en paisajes oníricos e irreales, muy lejos en nuestro interior.
Una música que, en las condiciones adecuadas, puede llegar a afectar profundamente al oyente debido a su naturaleza místico-mágica y a la calidad psico-acústica de sus sonidos y vibraciones, intentando alcanzar zonas ocultas de nuestro ser no sólo a través del oído sino también buscando otros canales de comunicación más misteriosos. Para ello, su música requiere atención, soledad, devoción inquebrantable y capacidad de sacrificio, un esfuerzo que, después de numerosas escuchas, trae siempre consigo una recompensa a nivel espiritual. Y es que cada nueva escucha de sus discos siempre es diferente, las composiciones se van transformando y ofrecen nuevas visiones, vibraciones, esencias y aromas, creciendo en nuestro interior. Obviamente, el papel de la intuición y el subconsciente de cada oyente es también fundamental, ya que Arktau Eos canaliza su energía a través de elementos que no son los habituales en el mundo de la música, y esto ya depende de hasta dónde quiera llegar cada oyente y de la predisposición de cada persona.
El dúo cuida hasta el mínimo detalle cada uno de sus discos (ediciones limitadas a cargo del sello Aural Hypnox), tanto la música como la presentación, tomando parte en diferentes rituales antes, durante y después de cada grabación, reflejando en su música las diversas experiencias y viajes que sus miembros han vivido en los últimos años, sumergiendo así su obra en un halo místico que trasciende las fronteras de la música en sí.
Arktau Eos utiliza una variada instrumentación de carácter acústico en su mayoría: madera, huesos animales y humanos, metales, agua, flautas, gongs, diversos instrumentos de cuerda y otros instrumentos llegados tanto de Oriente como de Occidente, ya sea auténticos o fabricados por ellos mismos, todo ello complementado por el harmonium y órganos vintage, lo cual no deja de ser sorprendente porque al escuchar sus discos la variedad de sonidos que crean es riquísima: drones, pasajes ambientales, espirales sonoras, mantras, repeticiones hipnóticas, exploraciones electro-acústicas, cantos rituales, atmósferas contemplativas y serenas, pero espectrales y perturbadoras al mismo tiempo.
Música ideal para ejercicios de meditación trascendental, para el viaje interior y la exploración de zonas desconocidas en nuestro ser. Música tremendamente oscura, pero nunca opresiva sino todo lo contrario, hermosa y catártica, todo depende de la predisposición del oyente, cada persona encontrará en esta música aquello que lleve dentro, ya sea en la superficie o escondido en las profundidades del subconsciente y el olvido. Mucha gente puede rechazar esta música por ser excesivamente hermética y oscura, pero el grupo atribuye estas reacciones a la ignorancia y el miedo, a no tener la capacidad y el valor de cerrar los ojos, mirar hacia dentro de uno mismo y ver todo aquello que no siempre es agradable de ver, nuestra realidad interior.
Discografía:
“Mirrorion” (2006)
“Scorpion Milk” (2006)
“Ai Ma Ra” (2009)
Otra demostración de poder de los alemanes. Una fuerza de la naturaleza liberada del folk y el kraut hermanados, exprimiendo belleza a cada canción. Narración pura y dura al estilo de los 70's. Qué lejos quedan, pero que hermosamente cercanos. Les pierde la extensión de las canciones, en ese intento por rizar el rizo, pero cortadas a trozos respiran ligeras casi como retratos pop. Sí, suenan añejos a la que pones la oreja. Canosos, pero nunca respiran con dificultad asmática como en otros casos. La fantasía añadida a sus composiciones puede envejecerles de un plumazo o mantener tersa su piel. Mi gusto apunta al segundo caso. Saltan danzarines, juegan con las orejas, con las pocas neuronas supervivientes. Te abren a aquel mundo en ocre tecnicolor de hace unas décadas, sin dejar de tocarse con las nueva generaciones tecnológicas. Demandando para ellos reconocimiento y para los nuevos menos copy paste y más condumio acústico. Recomendeibol.