Jacob Singer, cartero y ex-veterano del
Vietnam, no sabe si está vivo o muerto. Jacob vaga como un fantasma
por las calles de Nueva York, sucias, decrépitas, llenas de basura,
mientras el frío del invierno le atraviesa la ropa y le cala los
huesos. Se pierde en laberínticas estaciones de metro mal
iluminadas, repletas de vagabundos, de marginados, de la escoria de
la sociedad. En su estado de alucinación permanente y de paranoia
obsesiva, cree ver demonios que le persiguen y le acechan con la
intención de acabar con él. Durante unas décimas de segundo, en la
ventana de un tren que pasa, en el interior de un coche con el que se
acaba de cruzar, en un reflejo en el espejo, en un perfil de un
desconocido que se aleja, ve repentinamente rostros deformes
retorcidos por el sufrimiento, cabezas agitándose espasmódicamente,
bocas abiertas aullando de dolor. ¿Proyección de demonios
interiores, delirios conspiranóicos, o acaso alguien le persigue de
verdad? Y Jacob no sabe si está vivo o muerto. Sueña en su
cuchitril neoyorquino, acompañado de su novia, una compañera de
trabajo de la cual nunca terminó de fiarse y que le toma por loco.
Sueña con su ex-esposa y con su hijo muerto, atropellado por un
coche. Despierta, y no sabe cuál es el sueño y cuál es la
realidad, si está durmiendo con Sara y soñando sobre Jezebel o si
está durmiendo con Jezebel y soñando sobre Sara. Los recuerdos
permanentes del Vietnam le obsesionan y le vienen a la cabeza una y
otra vez: toda aquella violencia absurda y sin sentido, aquella
carnicería obscena, aquella bayoneta que se le clava en el estómago,
esa camilla y el helicóptero de rescate que se lo lleva por los
aires. Y no sabe si está vivo o está muerto. Jacob atraviesa esa
tenue linea entre razón y locura, y no sabe si la pesadilla es estar
vivo o estar muerto. Tiran a Jacob de un coche en marcha, lo llevan
al hospital y mientras va atravesando puertas tumbado en su camilla
empujada por dos enfermeros anónimos, observa restos humanos
mutilados en el suelo, sangre en las paredes, enfermos mentales en
camisa de fuerza, gimiendo, gritando, llorando, y criaturas deformes
que lo siguen con la mirada. Un cirujano, acompañado de la novia de
Jacob, y un enfermero sin ojos le inyectan droga directo al cerebro.
Jacob grita que está vivo, pero el cirujano le dice que si estuviera
vivo no estaría allí, en ese infierno. Cuando Jacob despierta en la
fría habitación de su apartamento tras un ataque de pánico e
histeria que le duró toda la noche, su novia llora, y él no sabe si
es peor la pesadilla del hospital o la de su casa. Y no sabe si está
vivo o muerto. Jacob Singer ve cosas que los demás no ven. Se siente
amenazado por unos demonios que sólo él ve. Se abren grietas
inexplicables en su mundo cotidiano a través de las que asoman seres
y formas que no reconoce. En una fiesta, abre la nevera y ve la
cabeza de un animal muerto. Destapa la tela que cubre una jaula y ve
un cuervo intentando escapar. Su novia baila con un demonio que la
encula con placer y la revienta por la boca con su falo-cuerno. Jacob
cae el suelo entre convulsiones. Al despertar, su novia le recrimina
el espectáculo que dio. Esa sensación de no poder explicarle a
nadie lo que siente por si lo toman por loco, esa soledad y
alienación, van abocándolo a la desesperación. Y ahí está la
escalera. La “escalera” es el nombre de la droga que les
suministraron en Vietnam para retrotraerles a sus instintos más
violentos y a los miedos más primitivos y así aumentar la
agresividad durante el combate. Tal fue el nivel de violencia
provocada en su pelotón que terminaron masacrándose entre ellos.
Esa escalera es también la escalera por la que Jacob desciende cada
día no a un infierno, sino a varios. Y es esa escalera por la que
sube con su hijo muerto hacia una puerta iluminada que no sabe dónde
le llevará. Mientras tanto, en una camilla de un hospital de guerra
en Vietnam, Jacob Singer yace muerto.
jueves, 30 de abril de 2015
lunes, 26 de enero de 2015
"Conozco a pocas personas
como yo, cuyos logros hayan quedado más justamente lejos de sus
aspiraciones, ni tengan en general menos motivos por los que vivir.
Carezco de todas las aptitudes que me gustaría tener. Todo lo que
puedo valorar, o lo he perdido o probablemente lo voy a perder.
Dentro de diez años, a no ser que encuentre un empleo que me reporte
al menos 10 dólares por semana, tendré que tomar la decisión del
cianuro, por incapacidad para conservar junto a mí los libros,
cuadros, muebles y demás objetos familiares que constituyen la única
razón que me queda para seguir viviendo. Y por lo que se refiere a
la soledad, probablemente me llevaré todas las medallas. En
Providence no he conocido un espíritu afín al mío con el que haya
podido intercambiar ideas; y aun entre mis corresponsales, son cada
vez menos los que coinciden conmigo en cuestiones suficientes como
para hacer deleitable la conversación, aparte de algunos puntos
especializados. La generación más reciente se ha alejado aún más
de mí, mientras que la vieja está tan fosilizada que constituye un
flaco material para discutir o conversar. En todo (filosofía,
política, estética e interpretación de las ciencias) me encuentro
solo en una isla. Con la juventud se han perdido todas las
posibilidades de encanto de esperanza de aventuras... dejándome
encallado en un bajío sin nada a lo que recurrir..."
Fragmento de una carta escrita por H. P. Lovecraft en 1935.
viernes, 19 de diciembre de 2014
Entrevista a ATAVISMO
Surgidos
de las cenizas de un grupo fundamental de la escena española como
fueron Viaje 800, y también de los poco conocidos pero no
menos interesantes Mind!, Atavismo acaban de publicar su primer
disco, titulado "Desintegración". Empapados del progresivo
más evocador, de la psicodelia más fumeta y con un afán de
exploración incansable, este trío andaluz ha grabado uno de los
discos más interesantes del panorama nacional. Poti, encargado de la
guitarra y las voces, contestó amablemente a nuestras preguntas.
¿Cuáles
son los puntos de conexión estilísticos y las diferencias de
Atavismo con vuestros anteriores proyectos?
La
verdad es que hay bastante diferencia entre nuestras anteriores
bandas con Atavismo, sobre todo en lo musical. Viaje A 800 estaba más
cerca del Heavy, y Mind! era una banda de space rock/kraut...
Pensamos que Atavismo es más psicodelia/progresivo, por supuesto
pasado por nuestra particular batidora de sonidos.
El
nombre de vuestro álbum de debut es “Desintegración”, una
palabra con connotaciones de algo que termina, que desaparece, cosa
paradójica ya que por el contrario este disco marca el inicio de
vuestra andadura, y no el final. ¿A qué se debe la elección de
este título?
Pues
es un nombre que en principio queríamos ponerle al disco de Mind! y
que al final no cuajó ya que en inglés no sonaba lo bien que
queríamos, así que decidimos que era el momento perfecto para
ponérselo a este disco.
La
sensación que me provoca vuestra música es la de un viaje lisérgico
en la que se visualizan multitud de paisajes que transmiten
sensaciones de placidez, exuberancia, sensualidad y belleza. Parece
que quedó atrás la angustia y la tensión que a veces dominaban en
Viaje a 800. ¿Ha sido esto fruto de una evolución espontánea o hay
otros factores que han influido?
Totalmente
ha sido una evolución espontánea, la música cambia al igual que la
vida y no se puede estar siempre haciendo lo mismo. Aunque creemos
que en nuestra lírica no hay mucha diferencia con la de Viaje A 800
ya que el que las compone es la misma persona, más bien es una
evolución como hemos dicho antes.
¿Me
podríais decir algo más sobre la ilustración de la portada? ¿Por
qué la elegísteis?
La
portada es de nuestro gran amigo y grandísimo artista Antonio
Ramírez, líder de la ya desaparecida web Mentes de Acido y uno de
los mejores pintores psicodélicos de nuestro país. Simplemente le
hicimos el encargo y nos hizo esa maravilla, es uno de sus cuadros
llamado "La noche de San Juan".
Vuestros
temas suenan fluidos y engrasados, con grooves muy trabajados pero
también con cierta tendencia hacia buscar momentos más libres.
¿Cuánto hay de improvisación y de jam en vuestra música? ¿O, por
el contrario, está todo calculado al milímetro?
Hay
ambas cosas en nuestra música, se podría decir que un 50% de cada
una. Hay partes donde podemos improvisar y lo hacemos y otras en las
que todo está calculado y pensado.
En
mi opinión, Poti es uno de los mejores letristas e incluso una de
las mejores voces de las últimas décadas del rock español, al
nivel de gente como Carlos Desastre, Javier Almendral o Corcobado. Es
un lujo ver que a pesar de los sinsabores de la industria musical, de
las decepciones y de la lucha que supone moverse entre ambientes tan
minoritarios, sigues ahí después de todo. ¿Cómo se hace para no
perder las ganas y la motivación, para no arrojar la toalla?
Ante
todo muchas gracias por las comparaciones, ya me gustaría a mí
poder llegar a esos niveles de composición, para mí son referentes
en la música y alguno de ellos amigo, como es el caso de Carlos. No
te puedo explicar cómo uno no se cansa de hacer música, he llegado
a la conclusión y creo que es parte de mí, o como se suele decir,
un estilo de vida.
¿Qué
es la música para vosotros?
Para
nosotros es lo más importante, incluso más que nuestros trabajos,
pero sabemos que de esto no podemos vivir en este país, y menos con
la cantidad de incultura que hay y encima cada vez peor con la de
sinvergüenzas que tenemos gobernándonos ahora mismo. Es decir que
estamos totalmente vendidos y con el culo al aire.
¿Me
podríais nombrar tres grupos actuales a los que seguís con interés?
Actuales
nos gustan mucho Retribution Gospel Choir, Wand y Wolf People, entre
otros... Ahora por suerte hay muchas bandas interesantes y haciendo
buena música como hacía años que no se escuchaba.
Voy
a nombraros unos grupos y me gustaría que me comentáseis lo que os
hacen sentir, o pensar, o lo que signifiquen en vuestras vidas.
-
Pink Floyd: Sencillamente la mejor y más completa banda de
la historia del rock, son capaces de todo, sólo hay que ver Live At
Pompeii para darse cuenta de ello.
-
Black Sabbath: Uno de nuestros grupos de cabecera, la banda
con más cojones que hemos oído nunca, una válvula de escape cuando
quieres mandar a la mierda tus problemas y olvidarte de todo.
-
713avo Amor: Ruido y Poesía, un referente del underground
nacional desde hace mas de 20 años. Por desgracia, como todo lo
bueno se acabó, dejando 2 obras maestras para el deleite del
personal.
-
Motorpsycho: ¿La mejor banda del siglo XXI? Pues
posiblemente sí, después de haberlos visto un montón de veces en
directo creo que no hay ninguna duda... Eclecticismo musical y buen
hacer, ojalá nos duren muchos mas años de los que ya llevan,
porque creo que sin ellos estaríamos perdidos.
Ya
para terminar, ¿cuales son vuestros proyectos de cara al
futuro?
¿Próximos conciertos, grabaciones, sueños?
¿Próximos conciertos, grabaciones, sueños?
Pues
tocar, sacar canciones y grabar muchos discos... Toda la información
sobre conciertos y demás la podéis encontrar en nuestro facebook.
Muchísimas
gracias por contestar a mis preguntas. Es un verdadero
honor que hayáis compartido este tiempo con La Fam. ¿Algo más que
querráis añadir?
honor que hayáis compartido este tiempo con La Fam. ¿Algo más que
querráis añadir?
Muchas
gracias por la entrevista y os esperamos en nuestros conciertos... No
nos falléis!!!!
domingo, 30 de noviembre de 2014
LAMP OF THE UNIVERSE
Me imagino a Craig Williamson, el
creador y único integrante de Lamp Of The Universe, en una remota
comuna hippy de su Nueva Zelanda natal, rodeado de animales y
naturaleza salvaje, con el olor del incienso ardiendo mientras él,
en su pequeño estudio de grabación, trabaja grabando y regrabando
esta maravillosa música con la que nos viene deleitando desde 2001.
Escuchar la música de Lamp Of The Universe es como hacer un viaje en
el tiempo hacia finales de los años 60, en plena eclosión del
hippismo, la psicodelia ácida, el folk lisérgico, los sonidos del
hard rock primigenio y la espiritualidad oriental. Su combinación de
elementos acústicos (guitarras y sitar), teclados, percusiones
varias y la dosis adecuada de fuzz y wah en plan stoner/heavy psych,
así como ese ambiente tan exótico, relajante y narcotizado es un
auténtico trip sensorial. Música para viajar, para cerrar los ojos
y explorar nuestro interior.
Sus dos primeros discos, “The Cosmic
Union” (2001) y “Echo in Light” (2002) sientan las bases de su
sonido. En ellos encontramos los dos polos entre los que se mueve
Lamp Of The Universe: por un lado canciones de corte acústico que
mezclan el folk ácido con los ecos de la música hindú (sítar y
tablas por doquier), percusión minimalista, teclados y el sonido
pre-grabado de agua fluyendo, mientras que por otro lado Williamson
se sumerge en terrenos más cercanos al heavy psych setentero,
enfrascándose en jams super-triposas repletas de fuzz, wah y riffs
absolutamente fumetas que alteran nuestra percepción. Todo ello en
un ambiente hipnótico y narcotizante al máximo, sin olvidar la
delicada y frágil voz de Williamson que gravita alreredor de todos
estos sonidos recitando sus himnos al amor, a la luz, a la libertad,
a la naturaleza y al cosmos, en un festival hippy como pocas veces se
ha visto en estos últimos tiempos.
Para su tercer álbum (“Earth, Spirit
and Sky”, de 2005), Williamson decidió despojarse de sus ropajes
eléctricos y su arsenal de pedales para grabar un disco enteramente
acústico y que, en mi opinión, es de sus mejores trabajos. Este
disco tiene un enfoque muy cercano al que Popol Vuh practicaron en su
época mística (en trabajos como “Hosianna Mantra”,
“Seligpreisung” o “Die Nacht der Seele”). Un disco mucho más
folkie que los dos anteriores, en al cual siguió profundizando en su
amor por los ragas Hindúes, el misticismo oriental y la psicodelia
más ácida. El sonido, de una belleza y exotismo subyugante, parte
de las guitarras acústicas y el sítar, para añadir algo de
percusión sencilla y rudimentaria, field recordings de ambientes
naturales y, como siempre, esa voz tan especial que nos hace soñar
con paisajes lejanos e inexplorados. La atmósfera que irradian las
canciones es tremendamente hipnótica, sumiéndonos en un estado
semi-letárgico y purificando nuestras almas a base de una belleza
simple y primitiva, emocionándonos como si ya hubiésemos escuchado
estas canciones en otro sitio, en otro tiempo, en otra vida, quién
sabe.
Lamp Of The Universe publicó otro
disco también en 2005, titulado “Heru”, pero de un perfil
bastante diferente a los anteriores. Para este trabajo, Williamson
decidió profundizar en el drone y los ambientes más hipnóticos,
grabando un disco enteramente instrumental, donde, además de su
faceta acústica, vuelve a incorporar su arsenal eléctrico de wah y
fuzz y además le añade varias capas de teclados cósmicos (que por
momentos le acercan al krautrock) para sí aumentar la sensación de
vuelo libre. Un solo tema de una hora de duración, dividido en 7
partes, que utiliza como base el drone creado por el sítar para ir
avanzando en diferentes pasajes que van combinando diversas capas de
sonido, guitarras acústicas, eléctricas, percusión y teclados, con
partes relajadas y otras más intensas, haciéndonos subir y bajar en
un viaje absolutamente cautivador.
Sensaciones similares provocan sus
siguientes discos: “From the Mystic Rays of Astrological Light”
(2006), que continua en la onda de “Heru”, y “Arc of Ascent”
(2007), siendo este último el disco más experimental de Lamp Of The
Universe, un trabajo bastante alejado de su sonido habitual y que en
cambio se decanta por los drones más intensos que nunca haya grabado
Williamson, con tan sólo dos extensos temas de improvisación, drone
ácido y espiritualidad tántrica, dando rienda suelta a su parte más
free y ruidosa, cercana en ocasiones a Natural Snow Buildings,
ofreciéndonos un nuevo viaje alucinante sin billete de vuelta
posible.
En 2009, tras este período algo más
experimental, Craig Williamson decidió volver a sus orígenes y
grabar un nuevo trabajo (“Acid Mantra”) que nos devuelve a los
sonidos de sus dos primeros discos. El título del disco ya deja
claro por dónde van los tiros: atmósfera cósmica en la que fluyen
los mantras creados a base de guitarras acústicas y sítar,
psicodelia raga y stoner tranquilo y fumeta. Williamson vuelve a
cantar en este disco, lo cual es una buena noticia, se echaba de
menos en los anteriores trabajos. A destacar la inclusión del banjo
y el melotrón, dos instrumentos que ampliaron el espectro sonoro y
añadieron variedad a su sonido. Todo esto, junto a los ya habituales
pasajes en plan space rock y las gloriosas jams ácidas repletas de
teclados setenteros, percusión minimal, wah y fuzz convierten a
“Acid Mantra” en uno de sus trabajos más completos y variados.
Sus drones, tan exóticos y elegantes, nos vuelven a hacer volar
hacia los cielos y planear sobre paisajes en la India más profunda.
Tras este disco tuvimos que esperar 4
años para poder escuchar un nuevo trabajo de Lamp Of The Universe,
ya que durante ese tiempo Craig Williamson se dedicó a su otro
proyecto, Arc of Ascent, con los que grabó un par de álbumes más
que interesantes. Y quizás el hecho de haber trabajado con este
grupo influyó en cierta manera el resultado de su nuevo disco,
“Transcendence” (2013), ya que es sin duda el más cercano al
rock que nunca haya grabado, y el que más se acerca al formato de
“canción” (dentro del espectro del stoner y el heavy psych,
claro). Por supuesto que sigue ahí el espíritu
raga-psicodelia-folk-ácido, por supuesto que el aroma de la India
sigue ahí, eso siempre, pero esta vez hay más pasajes con
distorsión, wah super-sucio y fuzz acompañados de batería y bajo,
con riffs de corte stoner trippy, y algunos fragmentos que son sin
duda los más directos y agresivos que haya grabado Williamson. Sí,
ciertamente el disco suena a folk y suena a raga, pero tiene muchos
más elementos cercanos al rock que en anteriores trabajos. Sólo hay
que ver cómo se cierra el disco, con ese glorioso tema titulado
“Beyond the material world”, un auténtico viaje ácido, una joya
del space rock que nos envuelve con sus lisérgicos solos de
guitarra, las diversas capas de melotrón y teclados vintage y la voz
de Williamson recitando sus mantras que nos hacen despegar una vez
más del suelo y nos llevan hacia otros mundos y paisajes distintos a
los que podemos ver con los ojos.
domingo, 5 de octubre de 2014
ELECTRIC WIZARD: "Time to Die" (2014)
Electric Wizard son sin duda uno de los
grupos más excitantes del momento. Un grupo que capta a la
perfección el espíritu de nuestro tiempo, esta época de
desilusión, crisis y decadencia, ofreciendo refugio y olvido a miles
y miles de almas desencantadas a través de sus hipnóticos riffs y
su embriagadora atmósfera, repleta de referencias al ocultismo, las
drogas, el desenfreno sexual y demás paraísos artificiales.
Hace unos meses Justin Oborn decía en
una entrevista que, en nuestra sociedad, se nos hace creer que todo
irá a mejor en el futuro, que tenemos que luchar y esforzarnos
porque así el día de mañana la situación cambiará y tendremos
todo lo que necesitamos para ser felices. Pero llega un momento en la
vida, añadía el líder de Electric Wizard, en que te das cuenta de
que no es así, de que todo ha sido una puta mentira, y de que, a
pesar de todas esas promesas, estás absolutamente jodido.
Es en este espacio mental en el que
Electric Wizard se mueven a la perfección desde hace más de dos
décadas: han sabido captar la desilusión y el hastío de jóvenes
(y no tan jóvenes) que se ven aislados en el mundo, sin encontrar su
sitio y sin perspectivas para el futuro. Sólo hay que echar un
vistazo a nuestro alrededor para ver que el mundo está más jodido
que nunca y que hay alguna cosa que no funciona. Podemos engañarnos
a nosotros mismos mirando hacia otro lado y haciendo ver que la cosa
no va con nosotros, pero el caso es que estamos metidos hasta el
cuello. Y, al igual que ocurrió a finales de los 60 y principios de
los 70 con el nacimiento del hard rock y el heavy metal, y gente como
Black Sabbath, Blue Cheer, MC5 o Hendrix, cuyos discos (ayudados del
consumo de todo tipo de sustancias) hacían olvidar la realidad que
rodeaba a millones de jóvenes, hoy Electric Wizard se han convertido
en el mejor antídoto para escapar de toda la mierda que nos rodea.
Su nihilismo, su actitud tan irreverente y provocadora, sus letras
sencillas pero convincentes, su desprecio hacia la sociedad y su
entrega absoluta y demente al poder del riff les convierte en
referente para todos aquellos que, por un motivo u otro, se sienten
marginados y alienados.
“Time to Die” (2014) ha tardado
cuatro largos años en ser gestado. Ya lejos queda aquel “Black
Masses” de 2010 que recibió críticas de todo tipo, desde algunas
diciendo que era lo mejor que habían grabado hasta otras que
acusaban al grupo de haber perdido sus señas de identidad. En estos
cuatro años han sucedido muchas cosas en el seno del grupo:
abandonaron de mala manera su sello discográfico de toda la vida
(Rise Above) entre todo tipo de acusaciones mutuas; hubo diversos
cambios de formación, todos ellos siempre acompañados de bronca y
malos rollos (caso del retorno y posterior salida de su ex-batería
Mark Greening); y también hubo voces aquí y allá que empezaban a
profetizar que Electric Wizard estaban acabados, sin ideas y que
musicalmente ya no tenían nada más que aportar. Me imagino lo que
les puede haber pasado por la cabeza a Jus Oborn y a Liz Buckingham
durante todo este período de tiempo, y, por lo que comentaban en
diversas entrevistas, se sintieron acosados por todo tipo de
mentiras, traiciones, acusaciones y desprecio, algo que sirvió como
catalizador para crear estas nuevas canciones, rodeadas de un halo de
odio, terror, locura y violencia que han convertido este disco en
toda una bomba de relojería.
Tan sólo el título del disco (“Time
to Die”) ya es una declaración de intenciones. Tiempo de morir,
tiempo de acabar con todo, de destruirlo todo para así crear algo
nuevo, diferente a lo que conocemos. Esos ojos derramando lágrimas
en la portada, y al mismo tiempo esa mariposa con alas de plomo que
alza el vuelo pesadamente. La vertiente apocalíptica y destructiva
de Electric Wizard es algo que nos han venido demostrando en cada uno
de sus discos, y quizá sea en este último (así como en su clásico
“Dopethrone”) en el que encuentra su expresión más depurada y
explícita. Jus Oborn se ha pasado los últimos cuatro años
prometiéndonos un disco malsano y mórbido que iba a girar
obsesivamente en torno a la muerte y el odio, y joder si lo ha
conseguido.
Tras una breve intro en la que se oyen
fragmentos de un documental hablando del crimen ritual protagonizado
por Ricky Kasso (crimen marcado por las drogas, el satanismo y el
heavy metal, tres conceptos que en los 80 eran realmente chungos) el
disco se abre con “Incense for the Damned”, que nos muestra a
unos Wizard rejuvenecidos y en un estado de forma asombroso, con esa
habilidad que tienen para escribir riffs densos, graves, pesados e
hipnóticos pero al mismo tiempo pegadizos y memorables (me atrevería
a decir que después de Black Sabbath son el grupo que mejor ha
sabido hacer esto). Oborn entona con auténtico desprecio líneas
como “I don't give a fuck about anyone or your society”, me
importa una mierda la gente y tu sociedad, un himno para todos
aquellos que le han dado la espalda a la sociedad, todos aquellos que
se sienten abandonados y cuyo único refugio es ese “incienso”
humeante que les hace olvidar el asco que sienten por este mundo. Sin
tiempo para dejarnos respirar, suena el tema que da título al álbum,
“Time to Die”, con otro alucinante riff de aire setentero, que en
manos del dúo Oborn-Buckingham suena grasiento, fluido, guarro,
absolutamente glorioso. Parece mentira que lo hagan tan fácil y tan
efectivo, disipando cualquier atisbo de duda y volviendo a demostrar
que son los indiscutibles maestros del riff y los herederos de Tony
Iommi. Una vez más, es tiempo de morir, o quizás ya estamos muertos
y no lo sabemos... El tercer tema es el durísimo “I Am Nothing”,
con otro riff super-básico, primitivo, surgido del origen de los
tiempos y ante cuya magnitud y poder lo único que podemos hacer es
arrodillarnos y sentir cómo nos aplasta con su peso. De nuevo otra
dosis de nihilismo y apología de la violencia, otro himno para esas
personas que ya saben que no son nada, que no le importan a nadie, y
que enarbolan la bandera del odio hacia la humanidad expandiendo el
caos y la destrucción a través del asesinato y el terrorismo
arbitrario. El interludio “Destroy Those Who Love God” nos da un
breve respiro mientras suena una jam ácida y sedante sobre la que
vuelven a escucharse voces que insisten en el crimen de Ricky Kasso
(que es uno de los ejes fundamentales de este disco). El siguiente
tema, “Funeral of Your Mind” nos ofrece un cambio de táctica ya
que el riff principal es un medio tiempo mezcla de Loop y Monster
Magnet y en el que también hay ecos del sonido Detroit que tanto ama
Jus Oborn. Una base hipnótica espoleada por voces macabras que nos
hablan del funeral de la mente, de ese momento de la madrugada en el
que uno ve que ha llegado al límite de sus fuerzas, en el que estás
completamente solo y ya no sabes qué hacer ni a dónde huir, para
así sumergirte en la locura y la desesperación, o quizás en el
suicidio. “We Love The Dead” vuelve a los riffs lentos, oscuros,
marca de la casa, esos sonidos graves que hacen temblar los altavoces
y las paredes, esos solos empapados en wah-wah ácidos y guarros que
ponen los pelos de punta y esa letra a lo Alice Cooper en la que se
nos dice que es mejor amar a los muertos que a los vivos, ya que los
muertos no nos pueden mentir ni traicionar. “Sadio Witch” tiene
un riff que recuerda (y mucho) al del tema “Black Masses” (de su
anterior lp) pero es algo así como una nueva vuelta de tuerca,
haciendo un guiño al riff original pero transformándolo en algo más
oscuro y macabro. Este es sin duda uno de los temas más pegadizos
del disco, donde de nuevo Electric Wizard nos vuelven a dar una
lección de cómo combinar violencia, riffs lentos y oscuros con
melodías memorables. Este tema recupera las obsesiones sexuales tan
habituales en la discografía de Electric Wizard y nos muestra su
faceta más viciosa así como su fascinación por las sectas
satánico-sexuales, el sado-masoquismo y las películas de Jess
Franco o Jean Rollin, con esas imágenes de perversiones nocturnas y
mujeres vestidas de cuero negro que esclavizan a hombre a través del
látigo y las cadenas pero también de la droga negra que le
suministran. Nos acercamos al final de este fascinante bad trip con
“Lucifer's Slaves”, uno de los mejores temas de la discografía
del grupo, que alcanza aquí un nivel difícil de superar con ese
riff oscilante y poderoso que combina a la perfección el sonido de
Blue Cheer y de Black Sabbath, sonidos agresivos y ácidos, solos de
guitarra expansivos, atmósfera espacial y psicodélica y unas letras
que vuelven a hacer referencia a esa legión de freaks, perdedores y
fracasados asqueados de la vida y la sociedad, esos esclavos de
Lucifer cuya sangre es LSD y hierba, muertos en vida cuyo único
objetivo es el olvido, salir de este infierno que les rodea, mientras
gritan “Fuck your world, fuck everything...” A la mierda el
mundo, a la mierda todo... Tras este estremecedor viaje suenan las
notas de “Saturn Dethroned”, otra jam misteriosa que poco a poco
nos devuelve a la miserable realidad. Sólo queda otra opción: darle
al “play” otra vez y sumergirnos en el fascinante universo de
Electric Wizard, cerrar los ojos y olvidar.
miércoles, 10 de septiembre de 2014
CUTTHROATS 9
Mientras Unsane se tomaban un descanso
entre los años 2000 y 2005, su guitarrista y cantante Chris Spencer
decidió mudarse una temporada de Nueva York a San Francisco, donde
formó un proyecto llamado Cutthroats 9. Por el motivo que sea siguen
siendo criminalmente desconocidos, a pesar de que sus tres únicos
trabajos (el disco “Cutthroats 9” en 2000, el e.p. “Anger
Management” en 2001 y el más reciente “Dissent” de 2014) son
toda una joya para los amantes del rock and roll más violento y
brutal. Spencer podía haber planteado una propuesta más suave o
asequible para intentar acceder a un mayor público, o quizás podía
haber sacado a relucir otra faceta a nivel creativo y ofrecer un
producto diferente al que nos tenía acostumbrados con Unsane, pero
qué va, nada de eso. En vez de ir a por la pasta, decidió hacer un
proyecto todavía mas underground y anticomercial. Con una convicción
incontestable creó un nuevo grupo todavía más salvaje, ruidoso y
abrasivo que Unsane (si es que eso era posible). Así pues no hay
sorpresas con Cutthroats 9: el sonido Unsane sigue ahí, pero
radicalizado, con mayor influencia del hardcore, con riffs más
acelerados y adrenalínicos, con esa voz que sigue rugiendo y
escupiendo bilis, sacando a la luz sus miedos y frustraciones con la
sinceridad y rabia habituales. De vez en cuando nos regalan algún
riff más lento, de cierto regusto a blues enfermizo, siempre
acompañados de esos chirridos de feedback ensordecedor en la onda
del sludge noise que tan bien dominan Unsane, pero en general abundan
los medios tiempos dominados por una urgencia y un nervio frenéticos.
El bajo suena grueso y crepitante (cortesía de Dave Curran, el
bajista de Unsane), con un batería hiperactivo que ofrece un
despliegue de variedad rítmica, ferocidad y precisión técnica
(Will Carroll) y por supuesto esas guitarras crujientes y esos riffs
sencillos, directos, sucios y rebosantes de odio a cargo de Spencer.
Por supuesto, el mal rollo y la depresión permanente siguen ahí, es
algo que llevan en el ADN, tanto un grupo como el otro. Una
espectacular guinda para una trayectoria admirable como es (y
esperemos que siga siendo durante muchos años) la de Chris Spencer.
jueves, 24 de julio de 2014
CURRENT 93: "IMPERIUM" (1987)
1987 fue un año difícil para David
Tibet. Sufrió graves problemas de salud y los médicos barajaron la
posibilidad de que sufriese de un tumor cerebral. Aquejado de ataques
de pánico, pérdida de coordinación y agorafobia, Tibet fue
ingresado en varios hospitales para tratar de curarle. Mientras
atravesaba una de las etapas más complicadas de su vida, Tibet
utilizó el arte como terapia y transformó su angustia en una de las
obras más personales e intensas de Current 93. La creación
artística como tabla de salvación y como exorcismo de nuestros
miedos, una vez más. “Imperium” es un disco que habla de manera
obsesiva sobre la muerte, sobre la decadencia de la civilización y
del ser humano. Afligido por sus circunstancias personales y su estado
de salud, Tibet sentía cerca tanto su final como el de la raza
humana, y nos mostró sin piedad y sin tapujos todas sus obsesiones
empapadas en la poesía y el romanticismo más oscuro y exacerbado.
Grabado en 1987, “Imperium” es uno de los discos más destacados
en la extensa discografía de Current 93. Esta obra ejerce de puente
entre sus anteriores trabajos (ambient-industrial de corte ocultista
y esotérico) y sus posteriores trabajos (más cercanos al folk ácido
y apocalíptico). “Imperium” se encuentra en la mitad de esta
encrucijada creativa, recurriendo a elementos de una y otra fuente
para crear así una obra de atmósfera irreal, onírica, entre el
ensueño y la pesadilla, y con esa frágil voz de David Tibet que se
dedica a susurrar sus textos en los que combina cristianismo,
budismo, misticismo y letanías apocalípticas.
La cara A del disco
contiene una fascinante suite dividida en cuatro partes y titulada
“Imperium”. Pocas veces he oído una música tan terrorífica y
tan hermosa al mismo tiempo. Los sonidos (algunos interpretados a
tiempo real y otros tomados de diversas fuentes sonoras y después
manipulados) crean una atmósfera onírica, melancólica,
sub-acuática, rica en sonoridades y en ecos medievales y místicos.
La combinación de esta música con los textos que Tibet recita
(todos ellos orbitando alrededor de la muerte, la extinción, el
final de nuestro ciclo, la vanidad y futilidad de nuestros sueños y
los bienes materiales), es una experiencia estremecedora pero de una
belleza escalofriante, de un calado poético y espiritual
arrebatador. Las cuatro piezas que conforman esta suite fluyen de
manera natural y se van metamorfoseando y transformado sin que nos
demos cuenta, mientras las distintas atmósferas, ecos y
reverberaciones sonoras nos guían en un viaje sombrío, majestuoso,
y alucinante.
La cara B de este precioso vinilo ofrecía cuatro temas
que siguen con la misma temática pero abordándola desde otras
perspectivas. “Be” es una breve incursión en el folk que en
posteriores discos de Current 93 irá tomando su forma definitiva.
“Locust” es una angustiosa canción de sonoridades disonantes
donde las guitarras, bajo y percusión van in crescendo acompañadas
de la voz de Tibet que en este momento deja de susurrar para pasar al
grito más salvaje. El enfoque contemplativo y meditativo de la cara
A se convierte por momentos en una pesadilla claustrofóbica y
violenta de la que no hay salida excepto en la muerte. El siguiente
tema, titulado “Or”, es otra fascinante pieza donde la
combinación de canto gregoriano, canciones nazis de la segunda
guerra mundial y sombrías e inquietantes grabaciones de diversos
sonidos manipulados en estudio sirven de fondo para que Tibet vuelva
otra vez a entonar sus letanías agónicas y apocalípticas. El álbum
se cierra con “Alone”, una desgarradora canción donde una
espartana línea de bajo y otra de sintetizador acompañan a la voz
de Tibet, quien reflexiona sobre la soledad, la desilusión, la
enfermedad, el sufrimiento humano y la inutilidad de la vida. Un
final de corte más íntimo y personal y que sirve como conclusión a
un disco que nos deja exhaustos y sin palabras, tocados en nuestro
interior pero en cierta manera purificados.
Y la pregunta es: ¿sirve
de algo tanto sufrimiento? Sin ninguna duda. Así pues, sólo me
queda volver a reflexionar otra vez sobre mi último día con esta
hermosa música.
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