martes, 29 de enero de 2013

AMEBIX



Mientras Margaret Thatcher mandaba y ordenaba con puño de hierro en la Inglaterra de finales de los 70 y principios de los 80, una efervescente escena de grupos anarco-punk combativos y nihilistas floreció para ejercer como revulsivo ante la asfixiante avalancha conservadora. Entre ellos destacaban Amebix, quienes con sólo dos discos (“Arise” en 1985 y “Monolith” en 1987) se convirtieron en un grupo de culto, aunque absolutamente infravalorado y pasando desapercibido para la mayoría, quizá debido a su enfoque tan poco ortodoxo en la escena en la que se movían. Tras varios años en paradero desconocido, volvieron a la carga, aunque su retorno en 2011 con "Sonic Mass" no estuvo a la altura de las expectativas que el grupo había creado.

Amebix son considerados como los pioneros de la escena crust, del sludgecore y del crossover, ya que su sonido combinaba de manera híbrida elementos del punk, del metal, crítica social, premoniciones apocalípticas, mezclando con gran acierto influencias de Motorhead, Discharge, Venom, Killing Joke y Joy Division.

La brutalidad primitiva de sus riffs y el sonido robusto y musculoso que exhibe el grupo es tan solo una parte de su encanto, ya que Amebix también tenían una asombrosa capacidad para elaborar melodías y atmósferas oscuras cercanas al rock gótico, así como un gran afán de experimentación que sin duda bebieron del post-punk. Un sonido denso y viscoso que conforme fueron pasando los años fue disminuyendo en brutalidad pero ganando en matices, reduciendo la velocidad habitual del hardcore para ralentizar sus tiempos y evolucionar hacia un sonido más metálico, oxidado, pantanoso e incluso melódico en ocasiones.

Si uno se para a pensar, las condiciones socio-políticas en las que aparecieron Amebix no son en absoluto diferentes a las que vivimos hoy en día en plena dictadura neo-liberal, así pues tenemos la excusa perfecta para revisar sus discos y poner en práctica su lema de “Use your head: no gods, no masters”.

jueves, 3 de enero de 2013

domingo, 23 de diciembre de 2012

WALERIAN BOROWCZYK: "La Bestia" (1975)



Según la Iglesia, la zoofilia es el peor pecado que puede cometerse. Según ellos, representa la peor perversión posible ya que atenta contra la perfección del ser humano, que fue creado a imagen y semejanza de dios. “La Bestia” es una película que trata este tema polémico y tabú de una forma absolutamente surrealista y provocadora.

Walerian Borowczyk dirigió su obra maestra, “La Bestia”, en 1975, y gracias a ella se convirtió en un director de culto a la altura de Jesús Franco, Jean Rollin o Tinto Brass, maestros del eurotrash, la fantasía kitsch y surrealista, el esperpento, el softcore cutre y casposo y las aberraciones mentales y cinematográficas más desquiciadas. Borowczyk fue evolucionando hacia terrenos del softcore más tradicional e inofensivo a lo largo de su irregular trayectoria, pero con esta película dejó huella en el panorama del cine bizarro y marginal.

Desde luego que esta obra no dejará indiferente a nadie: es más, la primera vez que la vi no daba crédito a lo que veía, no podía asimilar que algo tan demencial estuviese pasando delante de mis ojos y a medida que la cosa iba in crescendo me quedaba con la boca más y más abierta. Es esa sensación tan especial de que estás viendo algo muy grande, algo importante en la historia del cine, algo que obviamente no es del gusto de todos los públicos pero que realmente tiene una serie de elementos que lo hacen diferente: una obra de culto, en definitiva.

El inicio de la película ya es ciertamente impactante y nos avisa de que lo que vamos a ver no será de fácil digestión: vemos con todo lujo de detalle a un caballo y una yegua apareándose mientras que Maturin, el heredero tarado de la familia L'Esperance, los observa fascinado en las caballerizas de su mansión. La brutalidad y fuerza del sexo animal ya queda patente desde los primeros minutos de la película, aunque no nos puede hacer imaginar lo que veremos al final de la obra, en pleno delirio pornográfico-surrealista.

El clima decadente, perverso y depravado de la película queda claro desde el inicio y se acentúa conforme pasan los minutos: los personajes, aislados en su mansión, casi arruinados (de hecho quieren casar a Maturin con la bellísima y millonaria Lucy), viven atrapados por un pasado oscuro y ahogados en sus propios vicios. Y esto es uno de los factores que hacen que “La Bestia” sea una obra tan especial: lo que podría haber sido un intragable bodrio pseudo-erótico, es elevado a la altura de arte por el buen hacer de la cámara de Borowczyk, quien trabajó a conciencia en la fotografía y la atmósfera (entre amateur y sofisticada) de la película para transgredir las convenciones de un genero tan proclive a los sub-productos intragables. Y al mismo tiempo la película no está exenta de crítica social ya que la imagen proyectada tanto de las clases altas como la de los miembros de la Iglesia que también acuden a la mansión de los Esperance les deja en bastante mala posición: ellos tampoco escapan del vicio, la corrupción, la hipocresía, la doble moral y la degeneración.

En “La Bestia”, los sueños y alucinaciones de la ingenua e inocente Lucy (interpretada por Lisbeth Hummel), influidos por su sexualidad reprimida y su lujuria latente, combinada con su obsesión por Romilda (alrededor de la cual gira la leyenda de que fue violada por una monstuosa bestia en la profundidad de los bosques de la casa que Lucy está visitando para casarse con Maturin, el hijo de Romilda), dan lugar a una orgía cinematográfica de dimensiones demenciales. La parte final de la película, donde Borowczyk se recrea en el encuentro sexual entre la bestia y Romilda (espectacular Sirpa Lane, menudo papelón le endosaron, supongo que cuando leyó el guión no era consciente de dónde se estaba metiendo), es uno de los momentos más impactantes y escandalosos de la historia del cine underground. Esa combinación de sexo desaforado, zoofilia (la preciosa Romilda violada por esa repugnante bestia mitad oso y mitad lobo y disfrutando de ello), copiosas eyaculaciones intercaladas con preciosos fotogramas de bosques (enfocando el acto sexual como una experiencia panteista en la que los cuerpos y los líquidos corporales se funden con la naturaleza, con los troncos de los árboles y con las hojas muertas), elementos surrealistas (un caracol deslizándose por la superficie de un zapato) y un toque ciertamente “arty” aparta a Borowczyk del montón de películas prescindibles del softcore de la época y convierte a “La Bestia” en una experiencia cinematográfica salvaje, confrontacional y loca, muy loca, loquísima.

Pervirtiendo una fábula mitológica como la de “La bella y la bestia” y sus dobles lecturas en clave sexual, llevando el género erótico al límite, jugando con las convenciones del género y rompiendo todo tipo de tabús con un sentido del humor absolutamente desquiciado y corrosivo, Walerian Borowczyk nos ofreció aquí su obra cumbre y, al igual que otros exploradores cinematográficos a los que tanto admiramos en La Fam, nos ofreció una serie de imágenes y sensaciones imposibles de borrar de nuestra retina.

lunes, 10 de diciembre de 2012

BRETHREN



En estos tiempos tan extremos en que vivimos es necesario que aparezcan propuestas artísticas extremas. De que estamos en guerra (provocada por distantes y ocultos intereses políticos y económicos) no hay ninguna duda. De que nuestra sociedad ha entrado en un profundo estado de decadencia y pérdida de valores tampoco hay discusión. Este zeitgeist ha sido perfectamente interpretado por Brethren, uno de los proyectos más interesantes de la escena Power Eletronics norteamericana de la última década. Con tan sólo tres cd's a su espalda (“Within Death You Will Be Free” en 2003, “Savage Inequalities” en 2005 y el más reciente “Alienated and radicalized” en 2012), el grupo liderado por David Rodgers se ha establecido como una de las propuestas más polémicas, extremas y transgresoras del momento.
Musicalmente Brethren se mueven a la perfección entre el ruidismo industrial y el Power Electronics más old-school, construyendo muros impenetrables de ruido, sonidos ultra-saturados y chirriantes, loops mecánicos y deshumanizados, atmósfera caótica e irrespirable, y con unas voces marca de la casa que transmiten una agresividad y violencia absolutamente intimidatoria. Esas voces y ese sonido tan sucio y brutal forman una unidad inseparable de terrorismo sonoro comparable al de clásicos como Whitehouse, Ramleh, Sutcliffe Jügend, Con-dom o The Grey Wolves. Una propuesta necesaria, arriesgada y valiente que no acepta compromiso alguno y que indaga hasta el fondo en cuestiones delicadas y muchas veces silenciadas por la sociedad bienpensante.
A diferencia de otros grupos de su género, que optan por temáticas más macabras y degeneradas, Brethren optaron por una postura absolutamente seria y muy comprometida políticamente en sus letras, cuya posición absolutamente extrema e intolerante ha llegado a incomodar a mucha gente, acostumbrada a letras más políticamente correctas. David Rodgers vomita sus letras con una convicción y una violencia que muy pocos vocalistas de este género han igualado, y eso es lo que hace más terrorífica su propuesta: al oir esas voces uno siente que Rodgers realmente cree palabra por palabra lo que está diciendo, por muy terrible que sea. Sus gritos, insultos y exabruptos son escupidos como si se tratase un perro rabioso, transmitiéndonos un pútrido aliento de misantropía, alienación, odio y asco absoluto hacia la sociedad en que vivimos, sus falsos valores y sus salvajes desigualdades.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

VIENEN TIEMPOS TERRIBLES


Es necesario hacer algo contra esta sociedad. Hay días que sufro de un modo insoportable. Parece que todos los hechos se hubieran vuelto bestias. Dan ganas de salir a la calle y predicar el exterminio o poner una ametralladora en cada bocacalle. ¿Te das cuenta? Vienen tiempos terribles. “El hijo se levantará contra el padre y el padre contra el hijo.” Es necesario hacer algo contra esta sociedad maldita. Por eso me caso con una prostituta. Bien dicen las Escrituras: “Y tú, hijo del hombre, no juzgarás tú a la ciudad derramadora de sangre y le mostrarás todas sus abominaciones.” Ahora vienen tiempos terribles. Por eso dice el libro: “Y salvaré a a la coja y recogeré a la descarriada y la pondré por alabanza y por renombre en todo el país de confusión.” Porque hoy la ciudad está enamorada de sus rufianes y ellos hundieron a la coja y a la descarriada, pero tendrán que humillarse y besarles los pies a la coja y la descarriada. Ahora vienen tiempos de sangre, de venganza. Los hombres adentro de sus almas están llorando. Y las ciudades están como las prostitutas, enamoradas de sus rufianes y de sus bandidos. Esto no puede seguir así...

Extracto de la novela de Roberto Arlt "Los siete locos" (1929)  

jueves, 15 de noviembre de 2012

PRESENT: "Triskaidekaphobie" (1980)



Cuando Roger Trigaux decidió iniciar su proyecto Present en 1980 (mientras todavía era miembro de Univers Zero) sabía muy bien lo que estaba haciendo. Manteniendo el sonido tenebroso y amenazador de Univers Zero, Trigaux decidió prescindir de los instrumentos de cámara y del sonido barroco que les caracterizaba para ofrecer una versión más básica y directa de su música (batería, bajo, guitarra y teclados), incidiendo en los aspectos más hipnóticos y minimalistas a través de partituras ultra-complejas y cerebrales que sin duda son de lo mejor que se ha conocido en el ámbito del avant-prog y el R.I.O. Mientras que el sonido macabro de Univers Zero se relacionaba con los terrores de las edades oscuras, el apocalipsis y el infierno, Present se decanta más por los demonios interiores, la esquizofrenia y la paranoia (de hecho, el miedo al número 13, tal como indica el título del disco, hace referencia a todos esos miedos inexplicables que anidan en las cabezas humanas).

Las tres composiciones de su debut “Triskaidekaphobie” (1980) son terriblemente angustiosas e inquietantes: las repeticiones obsesivas y los cambios de ritmo imprevisibles llegan a alcanzar momentos de tensión sonora desesperante, y la complejidad laberíntica de sus estructuras enfatiza aún más la sensación de soledad y desorientación del oyente. Efectivamente, Trigaux y compañía saben cómo jugar con nuestras emociones y pensamientos para así llevarnos al terreno que más les conviene y ahí destrozar nuestras almas y nuestras neuronas sin compasión. Música increíblemente creativa, dinámica y desafiante, en constante mutación, interpretada con una precisión y claridad asombrosas.

Trigaux contó para la grabación de este su primer disco con dos miembros de Univers Zero (el bajista Christian Genet y el batería Daniel Denis) así como del teclista Alain Rochette. Trigaux despunta con sus siniestros y disonantes solos de guitarra, así como con las matemáticas estructuras circulares que van tejiendo una tela de araña alrededor de nuestros sueños, mientras la base rítmica de Denis y Genet ofrece un espectáculo de fuerza bruta y precisión ajustadísima, moviéndose con fluidez entre los ritmos sincopados y los desarrollos imposibles del avant-prog más elegante. Alain Rochette completa la escena con su inquietante piano que acrecenta la sensación de asfixia y psicosis con sus minimalistas estructuras. ¿Es sudor frío lo que me corre por la frente cuando escucho este disco? Pues coño, parece que sí.

Si Maupassant hubiese decidido componer música en pleno delirio paranóico y atrapado en su manía persecutoria, le habría salido algo parecido a este “Triskaidekaphobie”.

lunes, 29 de octubre de 2012

MOUNTAIN WITCH


Con tan sólo un disco (“Scythe and Dead Horse” en 2010) y un EP (“Mountain Witch” en 2011), el trío alemán Mountain Witch se ha convertido en un nombre del que se habla con admiración en la escena stoner / doom más underground. Su propuesta se basa en recoger la herencia retro de Black Sabbath y Electric Wizard e interpretar hasta la saciedad riffs ultra-saturados y lisérgicos rebosantes de grasa y humo. Batería cavernícola, guitarra obscenamente sucia y distorsionada y voces ocasionales llegadas de otra dimensión. Su apuesta por los instrumentos vintage y el sonido más setentero queda patente en sus dos discos, cuyo sonido analógico, pantanoso y electrificado recuerda al primer disco de Black Sabbath, al primero de Blue Cheer, a Randy Holden, a May Blitz y a los grandes grupos del hard rock más bestia de los 70. Los riffs combinan la lentitud cálida y asfixiante con algún que otro medio tiempo Sabbathiano, siempre con la aguja en el rojo, el volúmen al máximo y aderezado con algo de psicodelia aquí y allá. Lento, sucio y caliente, como tiene que ser, a la búsqueda del riff y el sonido que nos haga olvidarnos de todo lo que nos rodea, nos haga perder la conciencia momentáneamente y nos sacuda la columna vertebral como un electroshock durante unos minutos. En tiempos como los que corren, música como esta es más que necesaria.
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