miércoles, 2 de febrero de 2011
SONS OF OTIS: "Exiled" (2009)
Desde las cavernas más profundas del universo stoner, el trío canadiense Sons Of Otis nos ofreció en 2009 su quinto álbum, titulado “Exiled”. El sonido del grupo continúa avanzando sin sorpresas en su intento de crear el stoner rock más ácido, espacial y bluesero en los confines de nuestra galaxia, algo normal teniendo en cuenta su consumo habitual de hierba y sustancias así como su admiración por los sonidos vintage y los riffs pesados y lisérgicos.
“Exiled” es seguramente su mejor disco hasta la fecha, el más conseguido y trabajado, tanto a nivel de sonido como de canciones, y con un grupo que suena engrasado y entendiéndose a la perfección. Sonido denso pero con guitarras cálidas y acogedoras, atmósfera con mucho espacio y reverb donde los riffs fluyen y el grupo se suelta con elegancia y clase, el caso más claro es el de la jam instrumental “Oxazejam” donde el grupo llega a unos niveles de guarrería sonora pantanosa y orgásmica entre oleadas de ácido, wah y feedback por doquier.
Sons of Otis siguen con su particular acercamiento al stoner cósmico y siguen con su preferencia por la repetición obsesiva: los temas contienen uno o como mucho dos riffs mastodónticos que se repiten incesantemente, algo que a buena parte del público stoner se le puede hacer pesado, pero ahí reside uno de sus grandes aciertos, en la hipnosis creada por sus riffs, repetitivos, sí, pero absolutamente hipnóticos y cautivadores.
Además del gusto por los riffs monolíticos, el trío da rienda suelta a su pasión por las jam sessions, la psicodelia y el blues, géneros que empapan con sus colores y sonidos cada segundo de este disco, en un cruce bastardo entre Black Sabbath, Robin Trower y Sleep, con permiso del Hendrix en su etapa final con la Band of Gipsys.
A destacar esa versión del “Iron horse / Born to lose” que Motörhead grabaron para su primer disco en 1976 y que ya sonaba muy stoner para su época, aunque por supuesto Sons of Otis lo traen a su propio terreno y lo transforman en una canción completamente nueva y marca de la casa.
Sons Of Otis siguen en su viaje alucinógeno y sin retorno hacia el centro del cosmos. No dudes en subirte a su nave cuando pasen cerca de tu casa.
jueves, 20 de enero de 2011
POPOL VUH "Hosianna Mantra" (1972)
Una reseña de Blackdecker.
¿Qué pensar de un disco como este? Después de tantas escuchas... incontables... después de haberme dejado envolver por esas brumas. Hoy, una vez más, tratando de desentrañar de qué va el disco, tratando de fijarlo en un tiempo determinado, de explorarlo de arriba abajo. ¿Fue rompedor? ¿Un punto de encuentro para hippies folclóricos? ¿El inicio de la música macrobiótica? ¿El fin de todo lo demás? Se trenzan muchos significados. O quizás no debiera darle tantas vueltas y sacar el látigo. O dejar que trabaje la sensibilidad y ahogarme. Se vislumbran muchas influencias posteriores. Se presume a otros artistas que, después de empaparse con sus notas, dieron forma a nuevos trabajos, en otros tiempos, a otras horas. ¿Qué se supone, pues? La mezcla de místicas diferentes, un tipo de rito diferente, o esa intención. Los loops, las voces, la instrumentación, los crescendos, ese mantra al que se condena el grupo para alcanzar una suerte de mágica iluminación, el camino de las baldosas amarillas comidas por el musgo y el vapor. Magia. Intemporalidad. Medianoche. Rusticidad. Un viejo aliento de mandrágoras, de remedios caseros, de cuerpos revueltos a la luz de una débil candela. ¿Es eso? El paso del tiempo deja a su paso túmulos de ceniza. El tiempo de la espiritualidad ha muerto definitivamente. Quedan estos restos flotando en el fondo de un pozo, en un charco. En aquel estanque que una vez lució imperial y ahora no pasa de charca. Puede ser, no sé. Quizás sea eso.
miércoles, 5 de enero de 2011
SALÓN KITTY (Tinto Brass, 1975)

Recuerdo que descubrí a Tinto Brass hace muchos años, cuando era un adolescente y en la televisión autonómica valenciana daban películas eróticas los sábados por la noche. Solían emitir películas eróticas del montón, material de calidad ínfima de los 70 y 80, rollo “Emmanuelle negra” y similar bazofia, pero también recuerdo que vi películas de algunos directores como Jesús Franco, Jean Rollin o Tinto Brass que me desconcertaron bastante pues no encajaban en los cánones del erotismo standard que era lo que yo buscaba en aquella época (básicamente una paja y a dormir) sino que ofrecían productos más trabajados y con imágenes perturbadoras que se me grabaron en el subconsciente. Una de aquellas noches emitieron “Salón Kitty” (1975) de Tinto Brass, que en su momento no entendí, pero que años después, al igual que los trabajos de los mencionados Jesús Franco y Jean Rollin, visito una y otra vez con mayor placer.
“Salón Kitty” forma parte del movimiento que en los 70 se dedicó a unir dos elementos de gran disfrute a nivel estético como son el sexo y el nazismo, lo que se vino a llamar “Porno-nazi” o “Sexploitation” o “Nazisploitation”, en fin, todo tipo de excesos sexuales bajo la sombra del régimen nazi, cuya simbología e imágenes encaja perfectamente con la estética de sado-masoquismo y perversiones sexuales que dominan estas obras. Hubo directores que optaron por la vertiente más brutal y salvaje, temática centrada en campos de concentración con un enfoque de “serie z” y con títulos clave como “Ilsa, la loba de las SS” y todas sus secuelas e imitadores, material muy chungo y depravado pero con encanto, auténticas delicatessen para los paladares más selectos. Otros directores, en cambio, trataron la misma temática pero desde una perspectiva más “artística” por así decirlo, es el caso de “Portero de medianoche” de Liliana Cavani o este “Salón Kitty” de Tinto Brass.
Kitty Kellermann es la propietaria de un burdel de lujo en Berlín a principio de los años 40, durante la segunda guerra mundial. Su local es frecuentado por diversos dirigentes nazis y miembros de las clases altas alemanas. Las autoridades nazis deciden implementar de manera radical su política de pureza aria así que obligan a Kitty a despedir a todas sus chicas polacas para acoger sólo a prostitutas de pura cepa alemana y absolutamente inmersas en el nacional-socialismo: auténticas mujeres de las SS. Para obtener a esta élite de profesionales nazis hay que pasar un duro proceso de selección consistente en, primero, copular en masa con un grupo de fornidos miembros de la raza aria bajo los compases de una orquesta militar, en plan maratón de sexo, y en una segunda selección, realizar diversas prácticas sexuales con judíos, gitanos, viejos, lesbianas, enanos y monstruos, para así poder seleccionar a las más viciosas y con menos escrúpulos.
Una vez hecha la selección nos sumergimos en el fascinante mundo del Salón Kitty, un universo de decadencia, degeneración, corrupción y oscuridad moral en la que sus clientes se entregan sin freno al alcohol y a todo tipo de prácticas sexuales, desde el sado-masoquismo al fetichismo, destacando, por ejemplo, uno de los clientes que sólo se pone cachondo si sobre la cabecera de la cama donde está su puta se proyectan imágenes del “Triunfo de la voluntad” con Hitler en pleno discurso incendiario. Eso es tener clase. Así pues los clientes del Salón Kitty están en las antípodas de lo que pretendía el nacional-socialismo, estos hombres, cansados y descreídos, cobardes y traidores, no se preocupan de si Alemania ganará o perderá la guerra, les da igual si mañana su futuro será la gloria, el pelotón de fusilamiento, la cárcel o el exilio, todo da lo mismo si pueden despertar en el lecho de una puta. Tinto Brass es un maestro para plasmar en imágenes toda la decadencia de estos personajes, putas y clientes que se mueven en la penumbra del burdel mientras la música de cabaret de perdición y desarraigo suena al compás en el que se consumen sus vidas.
La mayoría de figurantes que hacen de prostitutas y clientes en la película no eran actores reales, lo cual aumenta el aire de naturalidad del film, nos movemos entre ellos como si fuéramos un cliente más, nadie sobreactúa, nadie está pendiente de la cámara, sus rostros dominados por una palidez cadavérica (ellos) y por maquillajes recargados y esperpénticos (ellas) dirigen sus miradas vacías hacia no se sabe dónde. El elenco de meretrices seleccionado para la película es espectacular: auténticas bellezas con expresión ausente, fría, hierática, verdaderas “femme fatale” en el más puro estilo setentero, con sus felpudos bien poblados, sus pechos naturales y sus curvas interminables, destacando la increíble Teresa Ann Savoy, un auténtico bellezón ario que me cautivó cuando era un adolescente y sigue extasiándome hoy en día.
El final de la película es glorioso, llegando a la cima de la decadencia y la auto-destrucción: Kitty y su preferida, Margherita, beben champagne mientras caen las bombas y las balas atraviesan los cristales del Salón Kitty que poco a poco se va llenando de humo, polvo y cristales rotos mientras una puta y su madam brindan a la salud de un mundo destruído.
sábado, 1 de enero de 2011
viernes, 24 de diciembre de 2010
EL CIELO NÚMERO 20: "Amanece sin ángeles"
Me asomo a la ventana y veo un descampado con una hoguera alrededor de la cual yonquis y gitanos de todas las edades se calientan en esta fría noche de invierno. De fondo suena “Amanece sin ángeles”. El cielo número 20 expresan a la perfección la belleza de la decadencia, un romanticismo apocalíptico, de vertedero, de polígono industrial vacío en la madrugada, de fábricas abandonadas y en ruinas, de prostitutas en las afueras de la gran ciudad.
“Amanece sin ángeles” es el segundo disco de este dúo castellonense en donde continúan con su particular universo estético y ahondan en la propuesta de su debut: deconstruyen el sonido Suicide/Spacemen 3, se apropian del krautrock y la psicodelia enfermiza, se adentran en los terrenos del ambient/drone primitivo y sucio, recurren a los samples hipnóticos y el collage desconcertante, profundizando en el ruido y la disonancia, siempre con clase e intención, sin excesos, manejándose a la perfección en ese caos controlado que ya nos ofrecieron en su anterior grupo Ebria Danza. Temas de carácter instrumental en su mayoría, aunque en ocasiones escuchamos inquietantes textos recitados por voces lejanas, difuminadas entre las sombras de la noche.
Es un disco que no es fácil de escuchar, hace falta un estado anímico especial y una predisposición firme, ya que su horizonte sonoro es amplio y heterodoxo. Eso sí, una vez entramos en su mundo, nos seduce completamente y nos regala un viaje nocturno, onírico y surrealista a través de diversos decorados en los que vemos y sentimos múltiples imágenes y sensaciones, en un viaje cerebral y emocional simultáneamente. Un viaje que nos eleva hasta ese cielo número 20 del que llegan estas canciones, un cielo destinado a todos aquellos que somos devotos de la nueva religión cuántica de la chatarra estridente, donde vive nuestra diosa, esa puta sifilítica a la que adoramos.
elcielonumero20@hotmail.com
https://elcielonumero20.bandcamp.com/
Etiquetas:
ambient,
drone,
el cielo número 20,
experimental
lunes, 13 de diciembre de 2010
THE NORTH SEA: "Bloodlines" (2010)
Con el Bloodlines de fondo en mi viaje en tren, observaba el paisaje agreste a través de las ventanas. Poco a poco aparecían las torretas de la luz que se abrazaban unas con otras de forma siniestra con sus cables colgantes. Estas gigantes figuras grises aumentaban su número al llegar a la primera zona poblada, se empezaban a acompañar de los depósitos de agua; esas torres también grises con forma de virus. Continuaba el viaje y la sensación del disco se hacia más evidente; viejos almacenes industriales abandonados con sus cristales rotos. Iba desapareciendo cualquier rastro verde sustituido por el cemento y el gris alquitranado de las carreteras. Finalmente llegamos a la ciudad, el mensaje de The North Sea se estaba aclarando, o más bien oscureciendo: Bienvenido a la Zona Negativa.
sábado, 27 de noviembre de 2010
Normil Hawaiians

Hay grupos que fueron injustamente olvidados en su momento (bien por no ser entendidos o bien por adelantarse a su época) pero que décadas más tarde fueron recuperados y reivindicados tanto por prensa especializada como por aficionados. Todos conocemos casos de sobra. Pero también hay ejemplos de grupos que fueron marginados en su tiempo y que, años después, siguen siendo absolutamente desconocidos y se limitan a ser objeto de culto entre los connoiseurs musicales más aventureros. Normil Hawaiians sería uno de estos grupos. Activos en la primera mitad de los 80, tuvieron escasa repercusión a nivel mediático a pesar de su indudable calidad. Hoy en día, tres décadas más tarde, siguen sumidos en el más absoluto anonimato, hay muy poca información disponible sobre ellos en la red y sus discos están descatalogados esperando que algún iluminado en una discográfica independiente los re-edite como se merecen. Así pues, desde las páginas de La Fam queremos reivindicar a este grupazo en las siguientes líneas.
Normil Hawaiians fue un colectivo musical inglés liderado por el guitarrista y cantante Guy Smith, único miembro fijo del grupo, que fue reclutando a diversos músicos y colaboradores según sus necesidades, entre ellos el ex-Amon Duul Dave Anderson. Todos ellos practicaban la vida en diferentes comunas en Londres, de ahí que su música transmita ese espíritu medio hippie, medio fumeta, con cierto espíritu místico y pastoral, tal y como ya se había puesto en práctica en formaciones anteriores como Amon Duul, Hawkwind, y los primeros Gong.
Normil Hawaiians tan sólo grabaron dos álbumes: el doble “More wealth than money” en 1982 y su continuación, el más experimental “What's going on?” en 1984, además de un par de singles. En estos trabajos el grupo se mostraba cómodo moviéndose en el límite de la música de finales de los 70 y principios de los 80, es decir, que igual sonaban en plan progresivo / Krautrock (bastantes de sus temas rondan los 10 minutos de duración) que se acercaban al post-punk a lo Joy Division, Killing Joke o Magazine.
La familia Hawaii gustaba de los desarrollos largos, con ritmos repetitivos e hipnóticos a lo Can / Neu, pero combinados con la urgencia del post-punk, es decir, guitarras afiladas y disonantes, ritmos fracturados y teclados sombríos. En sus trabajos también encontramos ecos del folk más ácido (el grupo disfrutaba con las guitarras acústicas y los violines en plan viaje de LSD), además de influencias de la “world music”, con toques étnicos y tribales que se notaron sobre todo en su segundo álbum.
La improvisación también fue una de las bases del grupo, que se entregaba al juego y a la búsqueda dando rienda suelta a las atmósferas más espaciales y psicodélicas, entrando incluso en terrenos más experimentales, algo que se nota también en el segundo disco, todo esto sumergido en un ambiente con mucho espacio y ecos, y con un estilo extremadamente elegante a la hora de interpretar los temas, unas veces sencillos y directos y en otros momentos más reflexivos y complejos.
Normil Hawaiians dejaron grabado un tercer disco previsto para 1986 pero que nunca llegó a ver la luz ya que se disolvieron en 1985.
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