domingo, 23 de diciembre de 2012

WALERIAN BOROWCZYK: "La Bestia" (1975)



Según la Iglesia, la zoofilia es el peor pecado que puede cometerse. Según ellos, representa la peor perversión posible ya que atenta contra la perfección del ser humano, que fue creado a imagen y semejanza de dios. “La Bestia” es una película que trata este tema polémico y tabú de una forma absolutamente surrealista y provocadora.

Walerian Borowczyk dirigió su obra maestra, “La Bestia”, en 1975, y gracias a ella se convirtió en un director de culto a la altura de Jesús Franco, Jean Rollin o Tinto Brass, maestros del eurotrash, la fantasía kitsch y surrealista, el esperpento, el softcore cutre y casposo y las aberraciones mentales y cinematográficas más desquiciadas. Borowczyk fue evolucionando hacia terrenos del softcore más tradicional e inofensivo a lo largo de su irregular trayectoria, pero con esta película dejó huella en el panorama del cine bizarro y marginal.

Desde luego que esta obra no dejará indiferente a nadie: es más, la primera vez que la vi no daba crédito a lo que veía, no podía asimilar que algo tan demencial estuviese pasando delante de mis ojos y a medida que la cosa iba in crescendo me quedaba con la boca más y más abierta. Es esa sensación tan especial de que estás viendo algo muy grande, algo importante en la historia del cine, algo que obviamente no es del gusto de todos los públicos pero que realmente tiene una serie de elementos que lo hacen diferente: una obra de culto, en definitiva.

El inicio de la película ya es ciertamente impactante y nos avisa de que lo que vamos a ver no será de fácil digestión: vemos con todo lujo de detalle a un caballo y una yegua apareándose mientras que Maturin, el heredero tarado de la familia L'Esperance, los observa fascinado en las caballerizas de su mansión. La brutalidad y fuerza del sexo animal ya queda patente desde los primeros minutos de la película, aunque no nos puede hacer imaginar lo que veremos al final de la obra, en pleno delirio pornográfico-surrealista.

El clima decadente, perverso y depravado de la película queda claro desde el inicio y se acentúa conforme pasan los minutos: los personajes, aislados en su mansión, casi arruinados (de hecho quieren casar a Maturin con la bellísima y millonaria Lucy), viven atrapados por un pasado oscuro y ahogados en sus propios vicios. Y esto es uno de los factores que hacen que “La Bestia” sea una obra tan especial: lo que podría haber sido un intragable bodrio pseudo-erótico, es elevado a la altura de arte por el buen hacer de la cámara de Borowczyk, quien trabajó a conciencia en la fotografía y la atmósfera (entre amateur y sofisticada) de la película para transgredir las convenciones de un genero tan proclive a los sub-productos intragables. Y al mismo tiempo la película no está exenta de crítica social ya que la imagen proyectada tanto de las clases altas como la de los miembros de la Iglesia que también acuden a la mansión de los Esperance les deja en bastante mala posición: ellos tampoco escapan del vicio, la corrupción, la hipocresía, la doble moral y la degeneración.

En “La Bestia”, los sueños y alucinaciones de la ingenua e inocente Lucy (interpretada por Lisbeth Hummel), influidos por su sexualidad reprimida y su lujuria latente, combinada con su obsesión por Romilda (alrededor de la cual gira la leyenda de que fue violada por una monstuosa bestia en la profundidad de los bosques de la casa que Lucy está visitando para casarse con Maturin, el hijo de Romilda), dan lugar a una orgía cinematográfica de dimensiones demenciales. La parte final de la película, donde Borowczyk se recrea en el encuentro sexual entre la bestia y Romilda (espectacular Sirpa Lane, menudo papelón le endosaron, supongo que cuando leyó el guión no era consciente de dónde se estaba metiendo), es uno de los momentos más impactantes y escandalosos de la historia del cine underground. Esa combinación de sexo desaforado, zoofilia (la preciosa Romilda violada por esa repugnante bestia mitad oso y mitad lobo y disfrutando de ello), copiosas eyaculaciones intercaladas con preciosos fotogramas de bosques (enfocando el acto sexual como una experiencia panteista en la que los cuerpos y los líquidos corporales se funden con la naturaleza, con los troncos de los árboles y con las hojas muertas), elementos surrealistas (un caracol deslizándose por la superficie de un zapato) y un toque ciertamente “arty” aparta a Borowczyk del montón de películas prescindibles del softcore de la época y convierte a “La Bestia” en una experiencia cinematográfica salvaje, confrontacional y loca, muy loca, loquísima.

Pervirtiendo una fábula mitológica como la de “La bella y la bestia” y sus dobles lecturas en clave sexual, llevando el género erótico al límite, jugando con las convenciones del género y rompiendo todo tipo de tabús con un sentido del humor absolutamente desquiciado y corrosivo, Walerian Borowczyk nos ofreció aquí su obra cumbre y, al igual que otros exploradores cinematográficos a los que tanto admiramos en La Fam, nos ofreció una serie de imágenes y sensaciones imposibles de borrar de nuestra retina.

lunes, 10 de diciembre de 2012

BRETHREN



En estos tiempos tan extremos en que vivimos es necesario que aparezcan propuestas artísticas extremas. De que estamos en guerra (provocada por distantes y ocultos intereses políticos y económicos) no hay ninguna duda. De que nuestra sociedad ha entrado en un profundo estado de decadencia y pérdida de valores tampoco hay discusión. Este zeitgeist ha sido perfectamente interpretado por Brethren, uno de los proyectos más interesantes de la escena Power Eletronics norteamericana de la última década. Con tan sólo tres cd's a su espalda (“Within Death You Will Be Free” en 2003, “Savage Inequalities” en 2005 y el más reciente “Alienated and radicalized” en 2012), el grupo liderado por David Rodgers se ha establecido como una de las propuestas más polémicas, extremas y transgresoras del momento.
Musicalmente Brethren se mueven a la perfección entre el ruidismo industrial y el Power Electronics más old-school, construyendo muros impenetrables de ruido, sonidos ultra-saturados y chirriantes, loops mecánicos y deshumanizados, atmósfera caótica e irrespirable, y con unas voces marca de la casa que transmiten una agresividad y violencia absolutamente intimidatoria. Esas voces y ese sonido tan sucio y brutal forman una unidad inseparable de terrorismo sonoro comparable al de clásicos como Whitehouse, Ramleh, Sutcliffe Jügend, Con-dom o The Grey Wolves. Una propuesta necesaria, arriesgada y valiente que no acepta compromiso alguno y que indaga hasta el fondo en cuestiones delicadas y muchas veces silenciadas por la sociedad bienpensante.
A diferencia de otros grupos de su género, que optan por temáticas más macabras y degeneradas, Brethren optaron por una postura absolutamente seria y muy comprometida políticamente en sus letras, cuya posición absolutamente extrema e intolerante ha llegado a incomodar a mucha gente, acostumbrada a letras más políticamente correctas. David Rodgers vomita sus letras con una convicción y una violencia que muy pocos vocalistas de este género han igualado, y eso es lo que hace más terrorífica su propuesta: al oir esas voces uno siente que Rodgers realmente cree palabra por palabra lo que está diciendo, por muy terrible que sea. Sus gritos, insultos y exabruptos son escupidos como si se tratase un perro rabioso, transmitiéndonos un pútrido aliento de misantropía, alienación, odio y asco absoluto hacia la sociedad en que vivimos, sus falsos valores y sus salvajes desigualdades.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

VIENEN TIEMPOS TERRIBLES


Es necesario hacer algo contra esta sociedad. Hay días que sufro de un modo insoportable. Parece que todos los hechos se hubieran vuelto bestias. Dan ganas de salir a la calle y predicar el exterminio o poner una ametralladora en cada bocacalle. ¿Te das cuenta? Vienen tiempos terribles. “El hijo se levantará contra el padre y el padre contra el hijo.” Es necesario hacer algo contra esta sociedad maldita. Por eso me caso con una prostituta. Bien dicen las Escrituras: “Y tú, hijo del hombre, no juzgarás tú a la ciudad derramadora de sangre y le mostrarás todas sus abominaciones.” Ahora vienen tiempos terribles. Por eso dice el libro: “Y salvaré a a la coja y recogeré a la descarriada y la pondré por alabanza y por renombre en todo el país de confusión.” Porque hoy la ciudad está enamorada de sus rufianes y ellos hundieron a la coja y a la descarriada, pero tendrán que humillarse y besarles los pies a la coja y la descarriada. Ahora vienen tiempos de sangre, de venganza. Los hombres adentro de sus almas están llorando. Y las ciudades están como las prostitutas, enamoradas de sus rufianes y de sus bandidos. Esto no puede seguir así...

Extracto de la novela de Roberto Arlt "Los siete locos" (1929)  

jueves, 15 de noviembre de 2012

PRESENT: "Triskaidekaphobie" (1980)



Cuando Roger Trigaux decidió iniciar su proyecto Present en 1980 (mientras todavía era miembro de Univers Zero) sabía muy bien lo que estaba haciendo. Manteniendo el sonido tenebroso y amenazador de Univers Zero, Trigaux decidió prescindir de los instrumentos de cámara y del sonido barroco que les caracterizaba para ofrecer una versión más básica y directa de su música (batería, bajo, guitarra y teclados), incidiendo en los aspectos más hipnóticos y minimalistas a través de partituras ultra-complejas y cerebrales que sin duda son de lo mejor que se ha conocido en el ámbito del avant-prog y el R.I.O. Mientras que el sonido macabro de Univers Zero se relacionaba con los terrores de las edades oscuras, el apocalipsis y el infierno, Present se decanta más por los demonios interiores, la esquizofrenia y la paranoia (de hecho, el miedo al número 13, tal como indica el título del disco, hace referencia a todos esos miedos inexplicables que anidan en las cabezas humanas).

Las tres composiciones de su debut “Triskaidekaphobie” (1980) son terriblemente angustiosas e inquietantes: las repeticiones obsesivas y los cambios de ritmo imprevisibles llegan a alcanzar momentos de tensión sonora desesperante, y la complejidad laberíntica de sus estructuras enfatiza aún más la sensación de soledad y desorientación del oyente. Efectivamente, Trigaux y compañía saben cómo jugar con nuestras emociones y pensamientos para así llevarnos al terreno que más les conviene y ahí destrozar nuestras almas y nuestras neuronas sin compasión. Música increíblemente creativa, dinámica y desafiante, en constante mutación, interpretada con una precisión y claridad asombrosas.

Trigaux contó para la grabación de este su primer disco con dos miembros de Univers Zero (el bajista Christian Genet y el batería Daniel Denis) así como del teclista Alain Rochette. Trigaux despunta con sus siniestros y disonantes solos de guitarra, así como con las matemáticas estructuras circulares que van tejiendo una tela de araña alrededor de nuestros sueños, mientras la base rítmica de Denis y Genet ofrece un espectáculo de fuerza bruta y precisión ajustadísima, moviéndose con fluidez entre los ritmos sincopados y los desarrollos imposibles del avant-prog más elegante. Alain Rochette completa la escena con su inquietante piano que acrecenta la sensación de asfixia y psicosis con sus minimalistas estructuras. ¿Es sudor frío lo que me corre por la frente cuando escucho este disco? Pues coño, parece que sí.

Si Maupassant hubiese decidido componer música en pleno delirio paranóico y atrapado en su manía persecutoria, le habría salido algo parecido a este “Triskaidekaphobie”.

lunes, 29 de octubre de 2012

MOUNTAIN WITCH


Con tan sólo un disco (“Scythe and Dead Horse” en 2010) y un EP (“Mountain Witch” en 2011), el trío alemán Mountain Witch se ha convertido en un nombre del que se habla con admiración en la escena stoner / doom más underground. Su propuesta se basa en recoger la herencia retro de Black Sabbath y Electric Wizard e interpretar hasta la saciedad riffs ultra-saturados y lisérgicos rebosantes de grasa y humo. Batería cavernícola, guitarra obscenamente sucia y distorsionada y voces ocasionales llegadas de otra dimensión. Su apuesta por los instrumentos vintage y el sonido más setentero queda patente en sus dos discos, cuyo sonido analógico, pantanoso y electrificado recuerda al primer disco de Black Sabbath, al primero de Blue Cheer, a Randy Holden, a May Blitz y a los grandes grupos del hard rock más bestia de los 70. Los riffs combinan la lentitud cálida y asfixiante con algún que otro medio tiempo Sabbathiano, siempre con la aguja en el rojo, el volúmen al máximo y aderezado con algo de psicodelia aquí y allá. Lento, sucio y caliente, como tiene que ser, a la búsqueda del riff y el sonido que nos haga olvidarnos de todo lo que nos rodea, nos haga perder la conciencia momentáneamente y nos sacuda la columna vertebral como un electroshock durante unos minutos. En tiempos como los que corren, música como esta es más que necesaria.

miércoles, 17 de octubre de 2012

LA FAM NÚMERO 5


El número 5 de La Fam ya está disponible. 24 páginas en blanco y negro, artesanal, casero y old-school. Incluye artículos y reseñas sobre Moss, Ad Lux Tenebrae, Jackie O-Motherfucker, Sacher-Pelz, Happy Family, El Cielo Número 20, Andrey Iskanov, Royal Trux, Dishammer y más... Edición limitadísima de 50 copias que volarán pronto, así que si te interesa contacta con nosotros en lafamzine@gmail.com

lunes, 17 de septiembre de 2012

EL CIELO NÚMERO 20



El Cielo Número 20 son un dúo de Castellón formado por Sergio Ibáñez y Javi Sanz, ex-miembros del seminal grupo Ebria Danza, mártires del romanticismo más exaltado de principios de los 90. Bajo el nombre de El Cielo Número 20 se han auto-editado un par de cd's, “Nada sueña” en 2008 y “Amanece sin ángeles” en 2010, moviéndose en las coordenadas del ambient-noise-experimental onírico y psicodélico, navegando en el mar de ruido y esbozando paisajes sonoros de chatarra y hierro oxidado. Recientemente nos reunimos con ellos en su trastero-local de ensayo para charlar sobre la belleza, el ruido, las psicofonías, el caos, el arte carnal, el amor, el miedo y la nada. He aquí un resumen de la conversación.

¿Cómo ha evolucionado vuestro sonido desde los tiempos de Ebria Danza hasta hoy en día?
Fundamentalmente El Cielo Número 20 es más electrónico (aunque Ebria Danza ya lo era en cierta forma ya que utilizábamos caja de ritmos y programaciones). Nuestro sonido actual también es más lineal, bordea el ambient en ocasiones, incluso el Power Electronics de alguna manera (aunque las guitarras y bajos siguen estando ahí). Nuestro enfoque es ahora también mucho más consciente que con Ebria Danza. Intentamos buscar modos de no hacer lo habitual en el rock y buscamos ser personales, algo que siempre hemos pretendido.

¿Sentís algún tipo de afinidad estilística con algún grupo del presente o el pasado?
Siempre nos ha fascinado la música electrónica de los 70, con ese ambiente que creaban y esa sonoridad de los sonidos cósmicos y espaciales, los sintetizadores extremos, así como su estética en general. En ese sentido hay grupos como Cluster que nos gustan mucho, así como la escena krautrock: Can, Neu! y toda esa caterva de grupos que nos parecen maravillosos. Últimamente también nos interesa mucho el Power Electronics y grupos como Throbbing Gristle o Whitehouse. Y además, lo de siempre: la Velvet, Sonic Youth, Suicide e incluso el post-rock de grupos como Tortoise o Mogwai.

En vuestros discos y en vuestra página web se aprecia una fascinación por la basura, la chatarra, la suciedad, los polígonos industriales, parajes abandonados, etc. ¿A qué se debe esto?
En todo residuo, en toda basura, en todo destrozo humano está detrás la gente, sus ideas, sueños, ilusiones, todo eso está ahí, es un extraño ejercicio recordatorio en parte nostálgico y hasta cierto punto enfermizo y de mal rollo. Es algo que fascina a mucha gente, las ruinas o los paisajes degradados tienen un carácter inquietante y misterioso. Hay polígonos industriales y zonas de extrarradio que tienen música, se pueden percibir sonoridades. Los cinturones industriales de las ciudades suenan a música ambient, esa decadencia de la sociedad industrial en este último siglo es algo que nos ha influido a todos los que hacemos este tipo de música.

Vuestra música tiene un cierto componente onírico, visual, casi cinematográfico. ¿Hay algún cineasta que haya influido en vuestro trabajo?
Está claro que el cine es algo que influye a cualquier persona dedicada al arte, lo vemos como algo natural. David Lynch es maravilloso, el cine italiano (Fellini, Antonioni), David Cronenberg y muchos otros han sido una influencia directa en nuestra música. Hay películas que nos marcaron en su momento, como “El corazón del ángel” de Alan Parker o “Hellraiser” de Clive Barker.

¿El ruido es arte?
Por supuesto, sin discusión alguna. Cuando empezamos a tocar hace muchos años nos quedamos extasiados ante lo que se podía hacer con una guitarra eléctrica y sus sonidos, con el sonido en sí, con la electricidad sonora, es algo maravilloso. Para nosotros el ruido es la base: antes de la melodía hay ruido, el ruido es algo que nos rodea constantemente, es algo hiper-real, es la realidad misma. El concepto de ruido es algo indefinido, ambiguo, tiene muchas connotaciones, es algo no claro, no definido, y la ambigüedad y falta de claridad es algo que nos excita muchísimo.

¿La belleza es nazi?
La belleza en sí misma es nazi. La belleza no te permite elegir, es algo que te subyuga, algo que en cierto modo busca todo el mundo, es una imposición que en cierta manera te puede privar de la libertad. El que recibe su dosis de belleza puede quedar anonadado, puede cometer locuras, la belleza que uno siente estéticamente y también en su propio cuerpo es algo que te podría lanzar a hacer cualquier cosa sin pensártelo dos veces.

¿Qué historia se esconde detrás de vuestra canción “En la rambla matadero”?
La rambla vora riu es un lugar en las afueras de Castellón donde a veces iba a jugar de pequeño. Hace un tiempo volví por allí y ese lugar me trajo sensaciones de mi niñez, tuve una extraña sensación de nostalgia y de encontrarme con algo que hacía tiempo no encontraba. Por otro lado está la historia de un asesino de Castellón llamado Joaquín Ferrándiz, que dejó algunas de sus víctimas en aquella zona. Todo eso se nos tradujo en la cabeza y nos dio un chispazo, un relámpago interior, y de ahí salió la letra, que podía ser una historia basada en los restos de los pensamientos de un asesino en el trasfondo de un sitio de juegos infantiles. Además es un paraje bastante degradado en las afueras de la ciudad, rebosante de suciedad, con unas torres de luz eléctricas donde se oyen ruidos maravillosos y sonoridades que intentamos reproducir en la canción.

¿Y qué hay detrás de otra de vuestras piezas como es “Al mar de ruido”?
“Al mar de ruido” sería como una declaración de intenciones para expresar que la belleza es lo que nos mueve a todos. Es también la declaración de nuestras intenciones vitales, de intentar encontrar la belleza de la manera que nos parece más correcta, de expresar nuestra visión de la vida, el caos que es la existencia en sí, la belleza que es la vida más alocada, con todo lo horrible y lo bello que contiene a la vez, con ese punto de inquietud emocional que siempre baña un poco todo lo experimental y lo que se aparta un poco de los cánones más habituales del arte, aunque nosotros no somos artistas, si acaso somos ruidistas.

Durante estos años que lleváis con El Cielo Número 20 no habéis hecho conciertos, así que la gente sólo puede contactar con vosotros a través de la red. ¿Qué tipo de relaciones virtuales habéis establecido en este tiempo?
No nos interesan las redes sociales en sí, pero empezamos con el myspace hace unos 4 o 5 años ya que una gente de México, como Edgar Torres (del grupo Visor) o Jacobo Antártida (con su sello discográfico Antártida Records) en cierta manera nos animaron a hacerlo y ha sido una manera de ofrecer nuestra música de manera sencilla a las personas interesadas en ella. A través de la red también hemos contactado con otras personas como por ejemplo tu fanzine La Fam y con un proyecto de Valencia llamado Alozeau, cuya propuesta en el género del ambient es sencillamente magistral.

¿Qué encontraremos cuando lleguemos a ese cielo número 20?
El nombre del grupo está influido por la numerología: el número 20 significa cambio, algo que queríamos expresar al iniciar un nuevo proyecto distinto al de Ebria Danza. ¿Y qué encontraremos cuando lleguemos allí? Ruido, obsesión, transexualidad, la nada...

¿Algo más que quieras añadir?
Tu labor crítica es excepcional, y La Fam es un fanzine muy recomendable para mentes inquietas y no tan inquietas. Esperemos que continúes con tu fanzine ya que hay que seguir haciendo lo que a uno le gusta.


martes, 4 de septiembre de 2012

COMBAT SHOCK (Buddy Giovinazzo, 1986)


Combat Shock, el debut de Buddy Giovinazzo en 1986, es una de las películas más angustiosas y deprimentes de la historia del cine. Tomando como base a Taxi Driver, a Stroszek y a Eraserhead pero llevándolo al límite, a un callejón sin salida donde sólo hay lugar para el asco y la abyección.
Combat Shock es un producto de la factoría Troma, pero tiene poca relación con las producciones de esta compañía (cuya marca de la casa es el gore más low budget y descerebrado) ya que es una película con un enfoque más bien realista-documental, con una fotografía muy cruda (aunque con algunas pinceladas de atmósfera de pesadilla y delirio psicótico), sin el más mínimo espacio para el humor o las bromas macabras. Un trabajo que, a diferencia de la mayoría de productos Troma, es algo para tomarse muy en serio y que sin duda borrará la risita estúpida de la cara a más de uno y a más de dos. Una película que hace sentirse realmente mal al espectador, ya que la angustia y la desesperación que transmite es tan real que nos hace revolvernos incómodos en el asiento y sentir emociones realmente inquietantes y desagradables. El clímax de la película, absolutamente devastador en su violencia y nihilismo desesperanzador, es una de las experiencias cinematográficas más viscerales y desasosegantes que se recuerdan.

Combat Shock nos muestra un día en la vida de Frankie Dunlan, ciudadano americano de clase baja. Un día en el que observamos su proceso de deterioro físico y mental, su descenso al escalón más bajo en la condición humana. Un día en el que verá cómo se le cierran, una detrás de otra, todas las puertas, todas las opciones, todo atisbo de esperanza. Uno a uno van desmoronándose todos los posibles puntos de apoyo: familia, amigos, esposa, oficina del paro. A su alrededor, la indiferencia más absoluta. Ante sus narices, el futuro escupiéndole en su puta cara. Un día en el que la desesperación le invade hasta el más recóndito de sus nervios, cuando notará esa soledad y ese asco aplastante que oprime las tripas, esa angustia que es como una mano alrededor del cuello esperando a estrangularle. Un día, el último día de su vida, cosa que él no sabe, aunque intuye. Ex-veterano de la guerra de Vietnam, ha regresado a Nueva York con una carga insoportable de secuelas físicas, morales y psicológicas tras haber conocido la brutalidad, las atrocidades y las torturas tanto en su propio bando como en el bando enemigo. Perseguido por pesadillas, recuerdos y obsesiones que le torturan hasta la extenuación (“Vuelvo allí cada noche”, nos dice Frankie). Sin empleo, endeudado, viviendo en un piso miserable que no puede pagar y del que lo van a echar, con su mujer desbordada por la situación y su hijo deforme (debido al efecto de las armas químicas), Frankie vaga por los suburbios de Nueva York en busca de ayuda, atravesando calles vacías repletas de basura, estaciones de tren decrépitas, casas abandonadas donde agonizan yonkis, delincuentes, prostitutas, proxenetas, camellos y mafiosos, conformando un apocalíptico escenario de pesadilla urbana y nihilismo ultra-salvaje. Un paisaje urbano degradado y sucio, reflejo del infierno interior y el caos mental de Frankie. La cara oculta de la civilización, todo aquello que los ciudadanos bienpensantes no quieren creer que exista, el horror cotidiano e inevitable en el que viven sumidas millones de personas. Como un perro apaleado y después abandonado, como ese perro que Frankie ve en la calle comiéndose un pedazo de carne, cuando el hambre domina todos sus pensamientos y sólo le queda rebuscar en los contenedores de basura en busca de comida. El campo de batalla simplemente ha cambiado de escenario: la experiencia de volver a Nueva York y empezar una nueva vida es incluso más complicada y desagradable que la de estar preso en una jaula llena de insectos en Vietnam. En la guerra de Frankie sólo hay lugar para la derrota: las medallas y condecoraciones han sido para los otros, para la gente que triunfa en la vida. Esos que son siempre tan optimistas y que confían en el futuro. La guerra de Frankie continúa en su interior, agitándose con violencia entre las paredes de su craneo. Y no terminará nunca.


martes, 31 de julio de 2012

SÓLO PARA ADULTOS

Una lista muy personal de discos peligrosos y corrosivos, exploraciones de temas tabú y obscenidades diversas. Abstenerse mentes escapistas e infantiles. Se admiten propuestas.


THROBBING GRISTLE: “First Annual report”
Mezclando musique concrete, krautrock, punk, ruido y performances subversivas, Throbbing Gristle crearon la música industrial tal y como la conocemos hoy. Sus temáticas levantaron ampollas en su época y continúan siendo fascinantes hoy en día.

WHITEHOUSE: “Total Sex”
Clásicos absolutos en la escena industrial ruidista. Música para ambientar snuff movies. Una de las bandas más provocadoras y controvertidas de la historia.

KLUSTER: “Klopfzeichen”
Conrad Schnitzler fue una figura crucial en la escena de la música electrónica contemporánea. Sus tres enigmáticos discos con Kluster son lo mejor que surgió de la escena alemana en los 70 y sentaron las bases para la creación de la estética ruidista-industrial.

NURSE WITH WOUND: “Merzbild Schwet”
Dadá + Russolo + free jazz + Dalí + Raymond Roussel + noise + improvisación...

MAURIZIO BIANCHI (M. B.): “Symphony for a Genocide”
Ruido industrial opresivo, asfixiante y enfermizo a cargo de uno de los maestros del género. Música suicida y terminal.

SUTCLIFFE JÜGEND: “We Spit on Their Graves”
Pioneros en los 80 de la fascinante escena Power Electronics inglesa junto a Whitehouse, Ramleh y Consumer Electronics. Degeneración pura y dura. Ruido inmisericorde.

MERZBOW: “Venereology”
Lo que en un principio aparenta ser una mole informe de ruido nos revela, en sucesivas escuchas, diferentes capas sonoras, imágenes y grados de intensidad.

SCHLOSS TEGAL: “Grand Guignol”
Paisajes electrónico-industriales extremadamente oscuros, peligrosos y perturbadores, recurriendo a frecuencias subliminales y sub-sonics. Un viaje hacia los aspectos más oscuros y perversos de la psique humana.

DIAMANDA GALAS: “The Litanies of Satan”
El poder de los locos, los parias, los abandonados y los que sufren. La glosolalia como medio de exorcizar demonios interiores. La histeria como modo de expresión.

PREMATURE EJACULATION: “Assertive Discipline”
La banda sonora para tus peores pesadillas. Esta música te habla sobre todas esas cosas en las que realmente prefieres no pensar. Pero desgraciadamente están ahí, en algún recóndito lugar de tu mente.

SWANS: “Public Castration is a Good Idea”
Swans fueron el grupo más brutal, agresivo, abyecto e intimidatorio de los años 80. Sus canciones eran puro odio. Sus letras nos hablan de las verdades sucias de nuestra vida cotidiana.

FOETUS: “Rife”
Para este explosivo doble en directo, Jim Thirlwell reclutó a diversos miembros de los Swans: Ted Parsons, Norman Westberg y Algis Kizys. ¿El resultado? Uno de los discos más intensos y violentos de la discografía del feto.

PAINKILLER: “Buried Secrets”
John Zorn + Mick Harris + Bill Laswell: ¿qué otra cosa podíamos esperar? Grindcore, free jazz, dub, ruido, silencio, paranoia, improvisación, caos... Un material excitante y todo un desafío para el oyente.

SCORN: “Colossus”
Sonidos industriales fríos y duros, ambientes tenebrosos y estructuras cercanas al dub, con letras amenazadoras y sugerentes medio ocultas entre la niebla. Sus primeros trabajos son auténticos clásicos en la escena industrial de los 90.

BRIGHTER DEATH NOW: “Innerwar”
Uno de los mejores ejemplos de la escena necro-industrial / power electronics escandinava. Áspero, ruidoso, sucio y degenerado.

SHUB-NIGGURATH: “Les morts vont vite”
Música extremadamente oscura y desagradable que toma la escuela Magma / Univers Zero al límite absoluto. Destreza musical increíble combinada con la brutalidad más apabullante. Intensidad llevada hasta límites insospechados.

713avo AMOR: “Horrores Varios de la Estupidez Actual”
Indagando en los aspectos más sórdidos y desagradables de la sociedad contemporánea a través de una música y unos textos desbordantes de electricidad, rabia, pasión, ruido y belleza retorcida.

CURRENT 93: “Imperium”
Todo el mundo mundo muere. Tarde o temprano. No importa lo que digan o hagan. Medita sobre tu último día con esta preciosa y triste música.

martes, 17 de julio de 2012

JEFRE CANTU-LEDESMA: "Visiting This World" (2012)



Una reseña escrita por Kawalero.


Dentro de ese género que es el ambient existen unos trabajos que me resultan especialmente embriagadores; aquellos con los que se genera un mundo imaginario propio. Su belleza no radica tanto en dejar la mente en blanco vagando en nubes opiáceas como en provocar imágenes y sensaciones desconocidas para uno hasta el momento, bien sean piscodélicas, místicas, bellas parábolas o pesadillas psicóticas. En este "Visiting This World" me subyugan avispas rabiosas con recorridos de vértigo, recuerdos inconexos por insolaciones radioactivas o trabajos desde la exosfera fotografiando la tierra.

viernes, 29 de junio de 2012

Mariolina Zitta & Alio Die: "La sala dei cristalli" (2010)



Mariolina Zitta es una investigadora sonora que lleva años estudiando lo que ella llama “música de los orígenes”, es decir, objetos y sonidos relacionados con la naturaleza y con la pre-historia del ser humano. Su interés por la espeleología la llevó a interesarse también por las riquísimas sonoridades que se pueden generar en cuevas (en discos como “Perle di grotta – La musica delle stalattiti” de 1999) así como los sonidos de los murciélagos (que grabó en el disco “Concert for Bats, voices and natural sounds de 2007).

Cuando surgió la posibilidad de grabar un disco con Alio Die (uno de los músicos más fascinantes de la escena ambient-drone) estaba claro que el resultado iba a ser un trabajo digno de escuchar, y así resultó con esta colaboración que ambos grabaron bajo el título de “La sala dei cristalli” en 2010.

Las piezas de este cd fueron grabadas en diversas cuevas en Liguria y Sardinia, recurrriendo principalmente al sonido de piedras, estalactitas, conchas y flautas, así como grabaciones de campo y cómo no, los majestuosos drones a cargo del maestro Alio Die. El sonido del disco es absolutamente orgánico, natural y vivo: se escucha perfectamente el agua cayendo, los ecos producidos por las piedras resonantes y los espacios inmensos en el interior de las cuevas. A pesar de su planteamiento tan básico, las esculturas sonoras que Alio Die y Mariolina Zitta esculpen con sus rudimentarios instrumentos son de una belleza insondable. Obviamente no estamos hablando aquí de “música” ni de “melodía” sino de sonidos, texturas, reverberaciones y atmósferas.

El disco funciona especialmente bien por la noche, en estado de somnolencia: sus sonidos naturales nos van relajando y sumiéndonos en un estado meditativo, haciéndonos descender progresivamente en un itinerario subterráneo hacia grutas y espacios más y más profundos (tanto física como psicológicamente), absorbiéndonos gradualmente hasta hacernos perder la conciencia de lo que nos rodea.

Un disco absolutamente recomendado para los viajeros del sonido.

domingo, 10 de junio de 2012

Franck Vestiel: "EDEN LOG" (2007)


Hay obras que nos muestran un descenso al infierno. Eden Log comienza directamente en el infierno, varios niveles bajo tierra, en plena plantación subterránea, con el protagonista emergiendo de un charco de barro y realizando su viaje hacia arriba, remontando niveles a través de cavernas, túneles y laberintos apocalípticos donde se ha desatado el caos, hasta llegar a la superficie. Los minutos iniciales de Eden Log sumen al espectador en un profundo desconcierto y en un estado mental más bien incómodo. Intentamos ver en la oscuridad, con nuestros ojos cegados por fogonazos intermitentes de luz, una temblorosa figura humana que sale de un charco de barro y se arrastra por el suelo en lo que parece ser una cueva. Una especie de parto doloroso, un despertar en un mundo hostil en la soledad más absoluta. A partir de ahí empieza su fascinante viaje. El espectador se ve arrojado a ese charco de barro y a ese mundo subterráneo, oscuro y húmedo, sin saber qué ocurre ni qué va a suceder. Esta sensación de desconcierto y confusión es algo meticulosamente preparado e intencionado por parte del director Franck Vestiel con la intención de que nos identifiquemos con el protagonista en primera persona, así pues, sólo sabemos lo que él sabe, y al mismo tiempo desconocemos lo que él desconoce. Esta perspectiva añade muchísima más intensidad a la historia, que se desenvuelve ante nuestros ojos de la misma manera que lo hace para el personaje. La desorientación, el miedo y ansiedad que sentimos es la misma que siente el personaje. Al mismo tiempo, la confusión y el caos que dominan la obra no son fruto de la casualidad sino algo intencionado, para que el espectador valiente vaya resolviendo con paciencia los enigmas que se le van planteando.

Esta es una obra difícil, rica y sugerente que requiere varios visionados para asimilar todas las ideas que contiene su argumento, una especie de rompecabezas que el personaje (y nosotros al mismo tiempo) va reconstruyendo en su viaje. La compleja trama argumental, emparentada con el género distópico, presenta una sociedad futura en la que los árboles producen la suficiente energía como para abastecer a las ciudades, contribuyendo así a la creación de un nuevo paraíso, un nuevo Edén. Pero estos árboles necesitan alimento, y lo extraen de seres humanos que son encerrados en cajas de las que las raíces de los árboles irán consumiendo la energía humana en diversas plantaciones subterráneas. Estas personas, en su mayoría inmigrantes y enfermos, han sido engañados y transportados allí con la promesa de una nueva vida, pero en realidad se les ha esclavizado y explotado hasta la muerte. Su “sacrificio” es necesario para la supervivencia de esta nueva sociedad. Los ciudadanos libres de la superficie obviamente no saben nada al respecto, las autoridades por supuesto se encargan de guardar el “secreto”. Esa sociedad que se presume “libre” y “perfecta” en realidad se basa en la mentira, la explotación, la esclavitud y el dolor. Así pues vemos como Eden Log se aparta de la ortodoxia del género para introducir diversas capas de lectura, a nivel social, medioambiental, simbólico e incluso religioso: la explotación y esclavitud de inmigrantes, el alto precio que la sociedad civilizada paga para seguir subsistiendo, las diferencias entre ciudadanos de primera y de segunda categoría, el abuso de los recursos naturales y sus posibles consecuencias, el secretismo malintencionado y la ocultación de información por parte de las autoridades para no alarmar a la población, etc.

La escenografía e iluminación son parte fundamental del impacto que produce Eden Log: los 90 minutos de la obra nos envuelven en una atmósfera monocromática en la que predominan el blanco, el negro y el gris (aunque en realidad no fue grabada en blanco y negro, todo es fruto del excelente trabajo de iluminación), una ambientación oscura y apocalíptica que nos recuerda a otras obras como Tetsuo, Cube, Alien o a los pasajes más sombríos de Stalker. Los personajes se mueven en opresivos y claustrofóbicos paisajes subterráneos, alcantarillas, centrales hidroeléctricas, naves industriales abandonadas, con una presencia constante de suciedad, humedad, charcos de agua sucia, amasijos de hierro y maquinaria abandonada, rota y en desuso. Visualmente es una obra fascinante, y ese es uno de sus puntos fuertes. Este enfoque de la fotografía y escenografía, con su acabado oxidado y sucio, le da un toque artístico y estilizado a la película que no es habitual en las obras de ciencia ficción, más proclives al entretenimiento banal y a los efectos especiales llamativos, explosiones y naves espaciales. En Eden Log no se busca la espectacularidad sino la creación de tensión y angustia a través de los decorados, la luz y la ambientación. No podemos olvidar la importantísima contibución de la música (cortesía de Seppuku Paradigm) cuyos sonidos de corte ambient/drone/industrial contribuyen a acrecentar la sensación de desasosiego reinante en la película.

Eden Log es una película poco convencional en el género de la ciencia ficción contemporánea. Su estilo narrativo, su temática, su enfoque estilizado e intelectual así como su ambientación provocaron críticas negativas por parte del espectador medio de este género, más acostumbrado a argumentos sencillos, acción, efectos especiales y finales cerrados donde todo queda claramente explicado. Eden Log rechaza estas convenciones y crea un universo visual muy personal, de ahí que las reacciones hayan sido bastante extremas, sin término medio entre detractores y admiradores. Imagino que la película tiene mucho más interés para seguidores de cine de autor y cine experimental que para el fanático standard de la ciencia ficción. En definitiva, Eden Log es una obra valiente y atrevida, cuyos creadores buscaron romper con los moldes y las convenciones establecidas de la ciencia ficción y la distopía, géneros en los que es complicado innovar, para crear algo nuevo y adentrarse en terrenos más estimulantes y novedosos.

lunes, 28 de mayo de 2012

HAPPY FAMILY



El Zeuhl fue un género que cuajó de manera considerable en Japón. Hace un tiempo publicamos en La Fam un artículo sobre el legendario grupo japonés Ruins (http://famzine.blogspot.com.es/2009/06/ruins-stonehenge-1990.html). Ahora le toca el turno a otros japoneses absolutamente majaras como es el caso de Happy Family. Su culto es bastante más minoritario que el de Ruins, posiblemente debido a que Happy Family tan sólo grabaron un par de discos (el self-titled “Happy Family” en 1995 y “Toscco” en 1997) y poco después desaparecieron de la escena.

Moviéndose entre el sonido Zeuhl (siguiendo, cómo no, el patrón de Magma), los ecos de Univers Zero y Present así como el jazz-fusion y el rock progresivo más radical (especialmente King Crimson en la etapa “Starless” y “Red”), Happy Family crearon una propuesta basada en ritmos ultra-complejos y matemáticos (parece como si su intención fuese que cada riff sea más difícil que el anterior), pero con líneas melódicas que a pesar de su complejidad son muy infecciosas y adictivas, en plan funky con mucho groove. Y a pesar de ser un grupo que proviene del rock progresivo, su potencia y pegada era descomunal, rozando a veces la energía desenfrenada y la descarga de adrenalina del punk (de hecho diría que es el grupo con el sonido más agresivo de la escena avant-prog).

El cuarteto funcionaba con teclados que combinan el piano con los sonidos en plan no-wave, guitarra ultra disonante, esquizofrénica y descarriada, bajo grueso y crepitante, y un batería loquísimo. Un grupo instrumental, pero con un sonido creativo y variado como pocos. Obviamente estamos hablando de unos auténticos musicazos que interpretan sus enrevesados temas con perfección milimétrica, combinando de forma impecable virtuosismo y brutalidad. Momentos de cuelgue absoluto, cambios de ritmo constantes e imprevisibles, infinidad de estilos musicales abordados con sorprendente maestría, canciones que evolucionan de forma dinámica y super-fluida, transformándose constantemente y haciendonos viajar por territorios peligrosos y excitantes.

Clásicos absolutos de la vertiente más experimental del rock progresivo, con un par de discos absolutamente fascinantes, de esos que te revelan cosas nuevas en cada escucha y que mantienen la atención del oyente sin poder descansar, ya que en cada canción ocurren tantas cosas que es imposible desconectar.

Bendita locura la de Happy Family.

martes, 8 de mayo de 2012

AND ALSO THE TREES: "Hunter not the hunted" (2012)



Una reseña escrita por Kawalero.

Un paseo nocturno por las afueras de la ciudad, una calle fantasma cortada de circulación, la naturaleza libre de sus cadenas grises. Bubas de alquitrán manchando las exiguas hierbas, su inherente naturaleza menguada por su proximidad a la urbe, un paisaje macabro bajo la iluminación de fondo del mundo de acero y hormigón. Si te alejas te pierdes, tu seguridad desaparece, es un mundo desconocido, antinatural, por una vez te sientes un hombre desprovisto de artificios que se pierde en lo instintivo. Te asusta. Te atrae. Lo necesitas.

lunes, 23 de abril de 2012

STONED JESUS


Siempre me ha fascinado esa línea genealógica que empezó con Black Sabbath en los 70, siguió con Saint Vitus en los 80 y continuó con Sleep y Electric Wizard en los 90. Por supuesto hay más nombres, y cada persona tendrá sus preferencias, y está claro que la abundancia de grupos en este estilo hace que abunde la mediocridad, pero de vez en cuando te encuentras con auténticas joyas como es el caso de este trío ucraniano llamado Stoned Jesus. El grupo no esconde sus simpatías hacia los maestros anteriormente mencionados, pero su música suena con tal naturalidad y desparpajo que les convierte en una apuesta ganadora.

Stoned Jesus se arrodillan ante la fórmula primigenia del riff y reciclan esa herencia sónica para ofrecernos un producto de la máxima pureza, sin ningún rastro de modernidad, pretensión o comercialidad. Simplemente hacen lo que les gusta y rinden homenaje a sus maestros, como ya hicieron Sleep en su día y a ver quién se lo discute. En el género del stoner rock / psychedelic doom la originalidad no es lo que prima, sino que el objetivo es dar con ese riff perfecto y con esa atmósfera lisérgica que nos provoque un cortocircuito en el cerebro, tal y como hicieron Black Sabbath o Blue Cheer en su día. Cerrar los ojos, sentir el calambrazo eléctrico en la espina dorsal y olvidar toda la mierda que nos rodea. Una sensación que yo busco incesantemente y que no me canso de repetir con infinitas variaciones. Y eso lo consiguen Stoned Jesus a la perfección.

Las canciones son de considerable minutaje (alrededor de los 10 minutos) basadas en tan sólo un par o tres de riffs como mucho. Riffs obviamente humeantes, lentos y super-guarros, saturados de distorsión y con expediciones a terrenos psicodélicos bastante peligrosos. Producción setentera, cálida y agradable, de esa que te hace dudar si el disco es de hace un par de años o si bien fue grabado en 1971, con un sonido de guitarra gloriosamente sucio y una voz a lo Ozzy sin ningún tipo de rubor. Mucho groove sencillo pero contagioso, pasajes de puro jamming y de desparrame absoluto así como cierto trasfondo blues pero del espesito. En fin, una mezcla entre el “Holy Mountain” de Sleep y el “Master of Reality” de Black Sabbath que te engancha de lo lindo. Naturalmente el uso de sustancias puede ofrecer una perspectiva más profunda de estas canciones, pero aun así su sonido a secas ya es suficiente para el viaje alucinógeno puro y duro.

Su debut, “First Communion” (publicado en 2010) es de obligada escucha para los seguidores del stoner doom psicodélico más puro, y su nuevo álbum “Seven Thunders Roar” (2012) ofrece un sonido más cercano al rock progresivo aunque sin perder sus raices sabbathianas. Les seguiremos la pista.

martes, 3 de abril de 2012

UNSANE: "Wreck" (2012)

Una reseña escrita por Kawalero.

Toda una tropelía desde el contenido noise-rock hasta esa portada tan particularmente desagradable (en su onda, vamos). Se genera un vicio insano con esa suciedad de guitarras y la percusión a veces medio tribal, un reflejo de un hogar perdido en alguna montaña nevada donde encontramos confort del tremendo frío exterior dentro de una destartalada cabaña, llena de suciedad por todas partes, recibiéndonos nuestro chucho piojoso entre un hedor que hemos hecho nuestro. Nos recostamos y sonreímos con nuestros cuatro dientes sucios, al fin y al cabo mejor aquí que fuera, un hogar es un hogar.

miércoles, 14 de marzo de 2012

VRESNIT


Cuando se piensa en los orígenes de la música se suelen visualizar imágenes de hombres metidos en cuevas hace miles de años, golpeando piedras, palos y primitivos objetos de percusión, usando caracolas y conchas de mar como instrumentos de viento y profiriendo cantos guturales para espantar sus miedos y venerar a sus dioses.

Sergei Ilchuk ofrece algo así como un retorno a estas musicas primitivas, cavernícolas, ancestrales, combinando reminiscencias atávicas y viajes del subconsciente en su fascinante proyecto llamado Vresnit. Este misterioso artista ruso ha grabado desde el año 2008 algunos de los discos más trascendentales de la escena ambient / drone / ritual más reciente.

Discos como “Kalen Ven”, “Vjuga - Ljet - Duj” o “Tunvet” nos transportan al inconsciente colectivo de esas tribus primigéneas, a cuevas, bosques y montañas desconocidas por el hombre, a paisajes desolados e insondables. Un viaje arcáico y chamánico generado por los instrumentos principalmente acústicos que Ilchuk utiliza, como por ejemplo gongs que crean atmósferas densas e impenetrables, percusiones sencillas y espartanas que sugieren ritmos rituales e hipnóticos, todo tipo de objetos que Ilchuk golpea y raspa transmitiendo así el sabor áspero de la tierra, la madera y el hierro, flautas que suenan como pájaros salvajes, cantos recitados y susurros inquietantes.

Vresnit plasma esta cosmovisión en diversos rituales grabados de alrededor de 40 minutos de duración cada uno, en unos discos cuya presentación, también muy cuidada, ofrece imágenes similares a los dibujos de animales y símbolos que los hombres primitivos dibujaban en sus cuevas. Su aproximación al género del ambient / drone es mucho más primitiva, arcáica e intuitiva que la de la mayoría de grupos de su género: la música de Vresnit no ofrece melodías ni ganchos de ningún tipo a los que aferrarse, no hay sintetizadores ni tecnología. A pesar de ser un sonido muy crudo, simple y de carácter analógico, llama muchísimo la atención la riqueza en las texturas y lo sugerente de sus drones, así como el dinamismo en las estructuras de todos estos rituales. Las masas sonoras intentan transmitir la pulsación del tiempo y las imágenes de nuestros sueños, se puede percibir el aroma de la tierra y el cielo, las notas fluyen y se mueven de manera dinámica y natural, el sonido flota, vibra, avanza y crece, mutando y expandiéndose en reverberaciones y ecos que afectan a diversas partes dormidas en el subconsciente y en nuestra faceta onírica, atavismos subliminales, de forma similar al trabajo chamánico de grupos como Exotoendo, Halo Manash o los primeros Ain Soph.

Así pues el viaje está garantizado, sólo queda dejarse llevar por estos fascinantes sonidos y por todos los ciclos vitales que nos invita a visitar, vida, muerte, renacer, los animales, las personas y la naturaleza, devolviéndonos a tradiciones, leyendas y rituales olvidados por el paso del tiempo.

viernes, 17 de febrero de 2012

SCORN "Vae Solis" (1992)


“Vae Solis” (1992) fue el primer trabajo de Scorn, un disco fundamental en la música industrial de los 90 y que a pesar de contar con sus ya 20 años de existencia ha pasado la prueba del tiempo de manera excepcional, ya que sigue siendo un álbum intenso y desasosegante después de tantos años y tantas escuchas.

Scorn nació como dúo, formado por dos ilustres miembros de la escena ruidista inglesa como eran Mick Harris (batería, samplers, secuenciadores y demás maquinaria) y Nik Bullen (bajo y voz), ambos ex-miembros de los legendarios Napalm Death. Harris y Bullen decidieron abandonar la escena del grindcore en busca de sonidos todavía más extremos e impactantes, pero en vez de recurrir a la velocidad y a la saturación como en Napalm Death, optaron por un sonido más lento y asfixiante, construyendo piezas disonantes de chatarra industrial y residuos sonoros tóxicos.

Scorn funcionó como dúo hasta 1994, editando obras maestras como “Colossus” (1993) y “Evanescence” (1994), demostrando una pasión por la experimentación y un ansia de explorar terrenos pantanosos realmente excitante, combinando elementos de la música industrial, ambient, noise, dub y atmósferas hipnóticas. En 1994 Nik Bullen abandonó el grupo así que Mick Harris siguió como Scorn en solitario, decantándose hacia un sonido instrumental más parco y profundizando en el dub y el isolationism, grabando discos muy interesantes aunque en un registro bastante distinto del de su primera época.

Pero volviendo al disco del que estamos hablando, la mayoría de canciones de “Vae Solis” se basan en lentas estructuras repetitivas de batería y bajo, atmósferas densas y opresivas, moviéndose sin problemas entre el sonido industrial clásico y los ecos de P.I.L., Killing Joke y Swans. Las composiciones tienen un sonido brutal, sucio, caótico e imprevisible, que igual suenan en plan cadena de montaje ultra-machacante que igual optan por los sonidos más ambient o incluso tribales. Ritmos tortuosos, mecánicos, maquinales (a veces batería, a veces caja de ritmos y a veces las dos cosas), y sobre esa estructura sonora se van añadiendo samplers y atmósferas claustrofóbicas de distinto origen así como distorsionadas texturas de guitarra eléctrica que oscurecen todavía más la sonoridad del grupo. “Vae Solis” contó con la participación de Justin Broadrick (de los todopoderosos Godflesh) en las guitarras, lo que le añade al disco una dimensión sonora extra ya que el trabajo de Broadrick es espectacular, no está tan centrado en los riffs brutales como es el caso de Godflesh sino que aparece más en un segundo plano, con un sonido disonante y psicodélico que aporta profundidad y densidad a los temas.

Obviamente este tipo de industrial no es del estilo fácil y asequible como el que practican otros grupos más cercanos al metal, sino que Scorn seguía una estética sombría y apocalíptica, girando alrededor de pesadillas, miedos y obsesiones, tanto en las letras como en las ilustraciones de los discos, algo que acompaña perfectamente al sonido tan oscuro, tenso e inquietante que va penetrando en nuestro subconsciente con cada sucesiva escucha.

martes, 10 de enero de 2012

Konstantin Lopushansky: "Visitor Of A Museum" (1989)



Konstantin Lopushansky empezó en el mundo del cine como ayudante de Andrei Tarkovski en su obra maestra “Stalker”, en 1979. Esta experiencia le marcó sin ninguna duda, y a partir de ese momento el discípulo Lopushansky empezó a desarrollar su propia obra, con claras influencias de Tarkovsky (coinciden en su gusto por los temas apocalípticos, escenarios desoladores repletos de basura y desperdicios, personajes solitarios, secuencias lentas y oscuras, preocupaciones morales de carácter existencial y cierta tendencia al misticismo) aunque con su propias señas de identidad. Curiosamente, mientras Tarkovsky cimentó una reputación a nivel internacional, Lopushansky es prácticamente desconocido hoy en día fuera de Rusia. Si las comparamos, las obras de Luposhansky son más oscuras, pesimistas e incluso desagradables, quizás esto haya sido uno de los factores que hayan influído en su escasa divulgación, pero aun así lo encuentro incomprensible porque estamos ante uno de los grandes directores de las últimas décadas.

Tras debutar con la fascinante “Cartas de un hombre muerto” (Dead man's letters, 1986), Lopushansky continuó con “El visitante del museo” (Visitor of a museum, 1989), su segunda película, en la que profundiza en el género de la distopía y crea una de las obras más fascinantes del cine de temática post-apocalíptica conocidas hasta ahora. Si en “Cartas de un hombre muerto” planteó el tema de la catástrofe nuclear y la búsqueda de la salvación en un mundo destruído, en “El visitante del museo” trabajó con la idea del fin del mundo provocado por las catástrofes ecológicas y la posibilidad de redención a través del sacrificio y la renuncia a la razón.

La singular belleza de esta película es una de sus claves. Belleza, claro, vista desde una perspectiva diferente: la belleza de los vertederos de basura, de las estaciones de tren abandonadas, de los vagones rotos, de las iglesias a medio derruir, la chatarra, los charcos de agua sucia, el desierto árido y seco, océanos muertos, vehículos olvidados y oxidados en playas contaminadas, las ruinas, los locos y los parias. Quizás esto no entra en el canon de belleza que normalmente se enseña en las sociedades bienpensantes, pero su encanto es indudable, hay que aceptar las reglas que impone el director ruso y dejarse llevar por esas imágenes y disfrutar de una experiencia cinematográfica única.

Predomina el color rojo (el color del infierno en el que viven los personajes), así como las ambientaciones lóbregas y las secuencias oníricas e hipnóticas. La banda sonora, parte indispensable en el efecto de la película, corre a cargo del compositor Alfred Schnittke, cuyas sonoridades cortantes y sus drones inquietantes actúan de contrapunto para acentuar la belleza desolada de las imágenes. “El visitante del museo” es una obra que me deja sin respiración durante sus más de dos horas de duración, hay veces que no puedo creerme lo que estoy viendo, no puedo asimilar la intensidad y la belleza apocalíptica de las imágenes, su lirismo y su poesía terminal, la cautivadora atmósfera. Su impacto emocional y su intensidad a nivel visual y temático la convierten en una auténtica joya, aunque prácticamente desconocida, del cine soviético de los años 80.

En la película vemos como el mundo está en plena decadencia y camino de la autodestrucción debido a los excesos tecnológicos y el abuso medioambiental, esto ha provocado inundaciones en todo el mundo y una degeneración genética de la raza humana que provoca el nacimiento de niños con todo tipo de retrasos mentales. A estas personas calificadas de “degeneradas” (locos, enfermos, pobres, desgraciados) se las aparta de la sociedad y se las confina en “reservas” (eufemismo para campos de concentración), aislados del mundo racional y “normal” (pero que es al fin y al cabo más degenerado y sucio que el otro). El protagonista no se siente cómodo en la sociedad normal en la que vive sino que empatiza con los locos y los abandonados, así que, perseguido por sus propios fantasmas y visiones, decide viajar desde el mundo de los sanos hasta el de los degenerados, abandonando la sociedad convencional para adentrarse en la reserva, tomando parte en un viaje iniciático que le llevará a convertirse en el mesías de los degenerados, que lo ven como su única posibilidad de salvación. Luposhansky utilizó a verdaderos enfermos mentales sacados de diversos hospitales psiquiátricos para la grabación de muchas escenas de la película, confiriéndole así un dramatismo y una intensidad inusitada a las escenas en las que los degenerados celebran su particular misa, llegando a extremos de histeria colectiva absolutamente espeluznantes, algo que no habría podido hacerse con actores reales quienes al fin y al cabo están actuando. En la película, los locos, los pobres y los desgraciados lo son de verdad, así que el miedo, la soledad y la alienación que transmiten sus expresiones es auténtico. Algo parecido buscó Alejandro Jodorowsky en su magnífica película “El Topo”, donde su protagonista también toma parte en un viaje iniciático que le lleva a una caverna poblada por personas con todo tipo de deformidades físicas y retrasos mentales, para convertirse en su dios y salvarlos.

La interpretación del protagonista Victor Mijailov es encomiable, su capacidad para expresar deseperación gracias a sus duras facciones, y especialmente su transformación de persona sana a loco, llega a poner los pelos de punta en muchos momentos, así como la visceralidad que transmite durante su viaje iniciático que le llevará a expiar los pecados de la humanidad cargando en sus espaldas toda la pena, la vergüenza, la humillación y el dolor de los abandonados. En este viaje místico atraviesa paisajes desolados donde la naturaleza muestra toda su crueldad, desiertos, pantanos, mares enfurecidos, templos abandonados y culminando en lo alto de una montaña donde gritará su plegaria y renunciará a su razón para salvar a los más desgraciados. La única manera de salvar a la humanidad es el sacrificio (Tarkovsky también abordó este tema en su última obra, “Sacrificio”) así pues el protagonista pierde la razón y el lenguaje, se vuelve loco y en la escena final de la película lo vemos arrastrarse y gritar en medio de un vertedero de basuras interminable, iluminado por la luz rojiza de una puesta de sol aterradora, una escena de intensidad sostenida durante minutos, acompañada certeramente de la música de Schnittke. Uno de los finales más espeluznantes que recuerdo.

Desde luego que “El visitante del museo” es una obra que puede llegar a agotar al espectador medio, que incluso puede llegar a horrorizarle, pero es que hay ocasiones en las que el arte exige un esfuerzo y una entrega por nuestra parte, nos exige ir más allá del puro entretenimiento inofensivo para adentrarnos en terrenos más oscuros e inhóspitos, pero esenciales para vislumbrar las zonas más oscuras del alma. Un crítico alemán lo expuso claramente al referirse al estreno de esta película en 1989, diciendo que “tras dos horas viendo la película, el público llega a entender que todo no está en la comodidad, y eso es el arte, tan necesario como el pan.”

domingo, 1 de enero de 2012

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